sábado, 27 de junio de 2009

A las urnas las carga el diablo. Por Jorge Raventos


Al ingresar en su decisivo domingo electoral, Argentina se acerca, quizás, a un umbral de sinceramiento. Es posible que desde la misma noche del domingo comiencen a registrarse realidades que durante un tiempo largo fueron barridas bajo la alfombra con distintas excusas (que terminaban confluyendo en un motivo central: eran incómodas y se consideraba contraindicada su revelación para el objetivo principal de atravesar con aire de victoria el desafío de las urnas).

¿Se conoce, por ejemplo, toda la verdad sobre la dimensión que alcanza en nuestro país la llamada gripe porcina? Es probable que sólo cuando se haya atravesado la prueba del cuarto oscuro, los argentinos nos enteraremos de que la peste ha avanzado más de lo que se reconoce oficialmente. De hecho muchos familiares de víctimas fatales de ese mal recién son informados de lo que sus seres queridos padecían en el mismo instante en que se les comunica su fallecimiento. Lo que es lo mismo: hasta ese momento no figuraban en la estadística oficial de enfermos de la insidiosa gripe. ¿Cuántos se encuentran en esas condiciones?Es probable asimismo que, con los comicios atrás y las cifras sinceradas, se declare la emergencia sanitaria. Y también que otra persona se haga cargo del ministerio de Salud en lugar de Graciela Ocaña, superada por los compromisos políticos tanto cuando debió afrontar el dengue como ante el virus A (H1N1).
El mismo domingo por la noche se podrá testear el acierto o el error de las consultoras de opinión pública, la veracidad de sus vaticinios. Se podrá tener una idea de cuántos legisladores menos integrarán el futuro bloque oficialista y qué hemorragia de votos sufrió el kirchnerismo desde aquel 45 por ciento que obtuvo 20 meses atrás, en octubre de 2007.
Habrá que ver, sin embargo, si el mismo 28 de junio o al menos el día siguiente la sociedad contará con datos ciertos e inequívocos sobre el resultado de los comicios en la provincia de Buenos Aires. No se trata de un distrito más: allí es donde decidió jugar su suerte Néstor Kirchner y son muchos los que –aliados o adversarios- se muestran convencidos de que el esposo de la presidente está dispuesto a cobrar cara su derrota (o, si se quiere, a comprar caro su victoria). Es el territorio bonaerense sobre el que más se ha especulado con sospechas de irregularidades. “Instalar la idea de fraude es una irresponsabilidad”, se encrespó el ministro de Interior Florencio Randazzo, conciente de las generalizadas prevenciones. Antes de eso, en el programa de cable que conduce Joaquín Morales Sola, el mismo Randazzo había argumentado que nadie podría culpar al gobierno, ya que “los comicios están a cargo de la Justicia Electoral”. La Cámara Nacional Electoral, como si previera problemas, salió al ruedo para responder y advertir: será el ministerio de Interior –puntualizaron los magistrados- el que tendrá a cargo "la organización, desarrollo y difusión del cómputo provisional" de la elección y la justicia electoral tampoco tendrá "ninguna participación" en "el diseño, planificación, organización, procesamiento, cómputo y difusión de los resultados". Como para que no quedaran dudas sobre el motivo de sus inquietudes, los miembros de la Cámara evocaron en su acordada " los problemas denunciados en las últimas elecciones", que aunque no llegaron a poner “en duda la legitimidad de las elecciones" constituyeron “ infracciones al Código Nacional Electoral”. Los jueces agregaron que "en reiteradas oportunidades” habían planteado “ la necesidad de que se estudiasen posibles adecuaciones normativas que fortalezcan la calidad y la transparencia de los procesos electorales y eviten la reiteración de situaciones" como las que fueron denunciadas en los comicios anteriores, pero que "lamentablemente los poderes políticos no han atendido estos requerimientos".Los párrafos de la acordada judicial inducen a suponer que los magistrados temen que los episodios revelados veinte meses atrás se repitan (o se multipliquen) esta vez, y quieren establecer sin que haya margen para la confusión de quién no es la culpa y donde se centra la responsabilidad.En rigor, en el ámbito judicial se recela de que una situación de extrema paridad como la que han registrado las encuestas en la provincia de Buenos Aires, acompañada por episodios equívocos, demoras informativas y denuncias generalizadas, termine endosando a los jueces el veredicto final sobre el resultado de los comicios, como ocurrió en Córdoba en 2007 o como sucedió en Estados Unidos, en el estado de Florida, en aquella célebre final presidencial entre George W. Bush y Al Gore. Se trataría de una situación dramática: no sólo porque revelaría que hubo maniobras inauditas en el procedimiento electoral y porque convertiría a los tribunales en árbitros de lo que debe zanjar limpiamente el sufragio, sino porque indudablemente suscitaría una atmósfera política de inquietud e insatisfacción ciudadana.
En el oficialismo algo intuyen: cuando Luis D’Elía y Carlos Kunkel -dos importantes mosqueteros de Néstor Kirchner- llamaron a los suyos a manifestar en la Plaza de Mayo el 28 al atardecer, lo que querían prevenir era que, en caso de denuncias de fraude, marchas de caceroleros rodearan la Casa Rosada. Desde Olivos tocaron a retirada después de que la amenaza movilizadora tomó estado público: una marcha convocada supone compromisos; si en definitiva acude poca gente, se cuenta como un fracaso. En cualquier caso, la advertencia ya había sido esgrimida: los grupos organizados del kirchnerismo prometen pelea a quien quiera denunciar fraudes ante la sede del gobierno.
¿Terminarán estos comicios de medio término convertidos en un escenario de tensión extrema? Podría suponerse que esa ominosa perspectiva está alentada por la paridad que se prevé que dictaminen las urnas. Una diferencia de uno a tres puntos entre el primero y el segundo es susceptible de ser sospechada o discutida; cuestionar una distancia mayor se vuelve mucho menos sostenible ante la opinión pública.Pero lo cierto es que si hay sospechas y preocupaciones no están centradas exclusiv ni principalmente en una situación de eventual paridad numérica. En la provincia de Santa Fé se vaticina una elección muy pareja entre Carlos Reutemann y el socialista Rubén Giustiniani y son pocos los que visualizan aquelarres santafesinos. La mirada está puesta en la provincia de Buenos Aires porque la paridad allí afecta personalmente a Néstor Kirchner quien, después de forzar la movilización de todas sus tropas y de convocar en su ayuda a personalidades con prestigio y capital político propio, puede ser derrotado por un diputado nacional de extracción empresarial que seis meses atrás no era detectado por la opinión pública.Ya el empate es una catástrofe para Néstor Kirchner. Una derrota sería inadmisible y se sumaría al retroceso que sus fuerzas sufrirán en el país en términos de votos y de representación legislativa. Resultado inevitable: Kirchner no sólo se encontraría ante el fin de su ciclo, también se vería incapacitado para elegir los modos de su retirada. Acostumbrado a gobernar con pocos límites, Kirchner no puede hacerse a la idea de un epílogo de impotencia como el que surgiría de una derrota. Esa es la razón que pone en el comicio bonaerense tanto dramatismo.
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El final de la campaña. Por Claudio Chávez


Al cierre Mauricio Macri pisó el palito. De Narváez un tronco y Michettti se llevó por delante una roca. La inexperiencia política. La carencia de partidos que operen como ámbitos de debate a donde se lleven temas y se promueva la discusión, los ha colocado en esta situación desagradable que, naturalmente, el gobierno ha sabido explotar inteligentemente. Es que PRO no es un partido. Cuando uno observa la línea de funcionarios en cada uno de los ministerios o secretarías encuentra poco y lo de De Narváez es una fundación.
Se metieron ingenuamente en el terreno que el gobierno nacional quería: el de un plebiscito y el debate del modelo nacional. En el mejor de los casos las opiniones apresuradas sobre privatizaciones y estatizaciones ha sido una insensatez. Estas elecciones son legislativas no se discute el modelo de país: estatización, privatizaciones, política exterior. Y, entonces ¿porque hablar de lo que el gobierno buscaba? ¿Confundidos, quizás, porque en el medio de las elecciones se colaron problemas de corte nacional como la nacionalización, por parte de Chavez, de algunas fábricas de Techint?
¿Obligados, a lo mejor, por la posición crítica de la UIA en esta circunstancia (sólo en esta circunstancia) y cometieron el error de la imprudencia, de hablar de más, de tomar posición frente al estatismo y también frente a la política exterior? Esa urgencia innecesaria los llevó a la dinámica del gobierno. A la trampa.
¡Al fin y al cabo la UIA se tomó tanto tiempo para criticar a Kirchner que nadie iba a enojarse por un tiempito más o menos que se tomara la oposición!
La cuestión central en estas elecciones es la derrota o no del kirchnerismo en cada una de las provincias, por políticas nacionales que afecten al distrito o por malas políticas de distritos administrados por aliados kirchneristas.
El objetivo del peronismo federal fue no nacionalizar la campaña. Por el contrario, encerrarse en cada provincia y dar la batalla ahí. Esta ha sido la razón, entre otras, de las dificultades del peronismo federal de encontrar unidad en la acción.
Naturalmente, arreados los candidatos bonaerenses por el gobierno nacional al debate de los grandes problemas, aparecieron las diferencias. Como tenía que ser. Y no es una casualidad que fuera Macri el que sobrepasó los límites. Total, el no juega. No era el momento. Fue un error.
Las fuerzas políticas que enfrentan a Kirchner en Buenos Aires no son un todo homogéneo y compacto. Es un acuerdo entre diferentes sectores cuya coincidencia estaba en el punto de la derrota de Kirchner y de Scioli por problemas de coparticipación, seguridad, el campo, la salud y educación. ¿A que meterse con Edesur, Edenor, YPF y Aerolíneas Argentinas?
Para cuando esos temas se debatan en el parlamento (en el caso que llegara a suceder) con los diputados elegidos el 28 de junio, muchas cosas habrán ocurrido. Faltan, aún, nueve meses. Hay tiempo para ponerse de acuerdo o no.

REVOLUCIÓN O CONSENSO

En los últimos quince días el gobierno nacional había perdido la iniciativa y, también, el rumbo. Modificó su táctica y su discurso como quien cambia de camisa. Pasó de la agresión generalizada a acariciar ancianos y niños. De la cara adusta y cargada de presagios a la sonrisa bonachona, para volver a señalar, con energía de revolucionario setentista: ¡no hemos venido al gobierno para dejar de lado nuestras ideas! Amenazar, luego, con más estatizaciones y al mismo tiempo, un ministro, negar semejante aseveración. Esta pérdida de rumbo, estos dislates, debieron ser aprovechados con mayor firmeza, pero en su refractación local. Faltó humildad. Es decir fijar con precisión el límite provincial de la pelea. Debatir los temas que corresponde a los cargos que se disputan.
La homogeneidad ideológica del gobierno que le permite dar estos debates habla de su soledad. Es un grupúsculo de políticos alejados de los factores de poder y de importantes franjas sociales del país que sólo dominan el aparato del Estado. El kirchnerismo vuelve al lugar de donde partió. Un cenáculo de aventureros que se alzaron con el poder en un momento de extrema gravedad y aturdimiento social. De a poco fue perdiendo todos sus apoyos. ¡Si hasta la UIA ya le ha dado la espalda! y Moyano habla cada vez menos.
Nunca se ha visto en la historia política argentina, en el medio de una puja electoral afirmar, como hace el gobierno, que después que ocurran las elecciones se van a unir con el sector que le disputa el poder. Y entiéndase que esto no lo dice Scioli por puro espíritu democrático. Por el contrario lo que Scioli dice es: Nosotros somos la lepra y luego de las elecciones vamos juntos con el otro peronismo. Con el solo afán de restarle votos a De Narváez. Por contagio no más.
Scioli y Kirchner juegan a la mancha venenosa. Al que tocan lo enferman. En que bajo concepto se tienen. Han perdido la autoestima. Desvalorizan y humillan a su electorado. Como si todos estuvieran en el mismo estercolero.
En tal soledad han quedado que en los últimos discursos del ex presidente se nota con luminosidad que avanzan a la defensiva. No pierde oportunidad en señalar todas las dificultades que su gobierno encuentra para gobernar como ellos quieren. Que la oligarquía, que los políticos de la derecha, que los grupos empresarios de enorme concentración económica, que las fuerzas hostiles del imperio, que la clase alta argentina, que la clase media (pequeños burgueses como despectivamente la llaman), que el campo, que los monopolios informativos, que el periodismo y que el Vicepresidente. Todos en contra. Ellos, los iluminados por la idea, poseedores absolutos de la verdad son las víctimas. La victimización siempre fue la política de las minorías. Como tales sostienen en alto las banderas de la revolución, del cambio, del progreso y la justicia social. ¡Es su epopeya!
En el cierre del acto capitalino del Luna Park Kirchner, en medio de estandartes del partido comunista y banderas con el rostro del Che afirmó: no se puede tener un millón de amigos. Esta definición explica su tragedia. Los sectarios no tienen amigos. Los políticos procuran tenerlos, a veces por demás. Los ideólogos con su higiénica pureza cavan trincheras a su alrededor. Los políticos suman para ampliar consensos. La Argentina no necesita una revolución y menos en el sentido que el kirchnerismo pretende. La Argentina necesita acuerdos y consensos. Por eso el gobierno está muy mal electoralmente. En el acto de cierre de la campaña bonaerense Scioli dijo: “por eso le pido a los peronistas que nos voten…” y nuevamente el encierro en su pequeño mundo.
Todo esto era así hasta que pisaron el palito los contrarios. ¡Una lástima! le dieron aire a un gobierno despistado.



DESPUÉS DE LAS ELECCIONES


El Gobierno ha convocado a una reunión en la Plaza de Mayo para después de los comicios. Todavía no entiende que el domingo, lo que se defina, se hará democráticamente, por las urnas y no en la calle. Viven otras épocas y otros climas. Son sapos de otro pozo. Persisten en el error, en la provocación. Siguen yendo para atrás. En estas condiciones es muy probable que el domingo sea un fiasco para el gobierno. Y finalmente la reunión no se haga. La pregunta que se hace todo el abanico político del país es como sigue la Argentina a partir del lunes. Dependerá mucho del gobierno. Todavía hay posibilidades de una transición administrada. Lo cierto es que Kirchner ya fue. Su derrota en la provincia puede acelerar los tiempos de organización interna del PJ y ponerse a tiro para las elecciones del 2011. Su triunfo puede condicionar este rumbo e incluso la derrota del justicialismo en las elecciones del 2011.
La posible derrota de Lole en Santa Fe apartaría del escenario electoral a una figura de acuerdos, de enlace, entre el Kirchnerismo y el peronismo. Es decir un pasaje ordenado y sin importantes rupturas. Sin Lole, otro debería surgir. En este caso ¿Scioli? (si triunfase) Mmm…, sería dificultoso para todo el peronismo reunificarse bajo su conducción. Puesto que estaría Kirchner por ahí. Tendría, Scioli, que hacer extraordinarios esfuerzos simbólicos de apartamiento del ex presidente. ¿Podría ser?
El peronismo tiene muchas figuras capaces de ser presidenciables. Quien llegara a ser, producto de internas que deberán realizarse, lo condicionará el ritmo que adquiera la vida política del país. Si vamos a una confrontación más aguda el candidato que emerja deberá ser la antítesis de este gobierno. Si vamos a una transición ordenada otros serán los candidatos.
Si el turno que viene no es para el peronismo, lo cual es probable, ya están en gateras Binner y Cobos. Serían candidatos opositores pero de un viraje de pocos grados, al fin y al cabo el socialismo santafecino y el radicalismo le dieron los votos para las más importantes estatizaciones realizadas por este gobierno.
En esa situación el peronismo se retiraría a lamer sus heridas y a reconstituirse luego de la derrota y en la oposición. Muchas cosas deberán debatirse a su interior. Y nuevos agrupamientos políticos necesariamente surgirán en el país.
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sábado, 20 de junio de 2009

Desesperada apuesta al abrazo del oso. Por Jorge Raventos




A siete días del 28 de junio, los pronósticos electorales comienzan a volverse cautelosos: hasta las enloquecidas brújulas de los encuestadores cautivos de la demanda oficialista parecen normalizarse, apuntan a resultados plausibles amparados, en todo caso, por el bendito “error muestral”. Ya no se escuchan vaticinios como el de Artemio López, que Horacio Verbitsky difundia el 12 de abril en su columna de Página 12: “Kirchner es imbatible en el conurbano”, ni otros que garantizaban al ex presidente,en el conjunto de la provincia, ventajas de entre 7 y 12 puntos (Zuleta Puceiro, Ibarómetro). Ahora todos coinciden en que “ha habido variaciones”, que vale la pena “observar con atención” esos cambios, porque, en fin, las chances del oficialismo y las del peronismo disidente que encarna la dupla Francisco De Narváez-Felipe Solá se han empardado, en un paisaje general de polarización.

Seguramente hoy, primer día del invierno, se difundirán varias nuevas encuestas y allí se confirmará ese diagnóstico: paridad entre el oficialismo y Unión-Pro, basada tanto en una leve caída de Kirchner como en un ascenso de De Narváez, que tiende a concentrar la mayoría del voto opositor, a expensas, en primer lugar, del panradicalismo que en territorio bonaerense encabeza Margarita Stolbizer. Artemio López anticipa los efectos de manera críptica, tal vez para no ofender más a sus amigos del oficialismo: “La clave es la evolución del Acuerdo Cívico que hoy mide 20 por ciento. Si crece o se estanca, la ventaja del FPV es consistente. Si cae, el escenario es indecidible”. ¡¿Lo qué?!
Otro analista lo expone más clarito: “Un dato relevante que sabrán interpretar en Olivos será el porcentaje que recoja la boleta de Margarita Stolbizer: si se encoge por debajo del 20 por ciento, Kirchner sabrá anticipadamente que él es la segunda víctima de ese achicamiento, porque los votos opositores que emigran de Stolbizer aterrizan en la boleta de Unión-Pro”.
Seguramente para abortar ese proceso el gobierno ensaya desde el viernes en distrito bonaerense la clásica táctica del abrazo del oso: Aníbal Fernández, Carlos Kunkel y Florencio Randazzo, los tres mosqueteros más obedientes con que cuenta Néstor Kirchner, se lanzaron a insinuar que a partir del lunes 29 el kirchnerismo y la disidencia peronista “se reunificarán” y tratarán alrededor de una mesa sus “asuntos de familia”. El Señor de Olivos y sus lenguaraces saben como nadie que ante el electorado independiente pocas cosas son más –usando un término de Juan Perón- “piantavotos” que las relaciones con el oficialismo, de modo que procuran impregnar con ese fluido a sus adversarios de la disidencia peronista para darle una mano a Stolbizer, que a esta altura se ha vuelto el irónico modo como Kirchner cree poder ayudarse a sí mismo.
En rigor, a Kirchner se le ocurrió esa maniobra cuando registró el éxito que empezó a darle ese argumento a los socialistas santafesinos de Hermes Binner. Carlos Reutemann venía punteando cómodo en las encuestas hasta que el gobernador Binner intervino en la campaña para sostener a su candidato, Rubén Giustiniani. Lo hizo atacando a Reutemann por su pasada gestión en la provincia y, sobre todo, deslizando la idea de que existe un pacto clandestino entre el Lole y el oficialismo nacional. A partir de allí, Giustiniani empezó a descontar diferencias y hoy algunas encuestas hasta lo imaginan ganador. Kirchner ya da por perdida la provincia de Santa Fé (como Córdoba, Capital y Mendoza), pero que los socialistas le ganaran a Reutemann lo haría extremadamente feliz. Reutemann está dispuesto a dedicar todo el último tramo de la campaña a remarcar inequívocamente que no hay reconciliación posible entre él y los Kirchner. Sabe que la energía que ponga en esa diferenciación es la clave de su posible triunfo.
Aún mayor satisfacción que ver derrotado a Reutemann sería para Kirchner conseguir que la Coalición Cívica alcance más del 20 por ciento de los votos el domingo próximo: eso le daría réditos directos.
Si bien se mira, Elisa Carrió y muchos de los candidatos cívicos bonaerenses se cansaron de asegurar que “Kirchner y los peronistas disidentes son lo mismo”. A diferencia de Santa Fé, donde el liderazgo socialista consiguió darle cierta credibilidad a ese argumento, en el distrito bonaerense ese razonamiento no resultó verosímil. Ahora, el kirchnerismo, con declaraciones de tres de sus funcionarios peor mirados, procura ofrecerle algunos flecos de plausibilidad: habrá que ver si consigue llegar más allá de las mentalidades conspirativas. “Con el kirchnerismo no vamos ni hasta la esquina”, se encargó de aclarar De Narváez, por si acaso.
Se espera que la consultora Poliarquía, que fue la primera de las mayores en revelar el escenario depolarización (y la primera que le concedió a De Narváez el primer puesto en Buenos Aires), revele el primer domingo del invierno su nuevo estudio: seguramente habrá menos indecisos que en su registro anterior, probablemente confirmará las tendencias que dio a conocer una quincena atrás. No es una hipótesis peregrina, cuando todas las consultoras que daban ganador a Kirchner admiten ahora que la tendencia se invirtió.
Quizás para palpitar los resultados del 28 haya que mirar un poco más hondo: las elecciones difieren de las encuestas en varios aspectos. El principal, los comicios se asientan en organizaciones políticas. Otro: para votar en la elección es necesario ir al recinto de votación, lo que requiere una voluntad y una decisión. Las mismas encuestas revelan que hay sectores signitificativos que dudan a esta altura si votarán o se quedarán en su casa. En este punto, De Narváez parece más vulnerable que el oficialismo, ya que las encuestas que estudian esos comportamientos indican que los más propensos a no votar se encuentran en las franjas de edad más jóvenes (18 a 25 años; menores de 40), que son justamente los segmentos generacionales en los que Unión-Pro consigue los mayores respaldos. De Narváez tiene que luchar tanto contra la dispersión del voto opositor, como contra el descreimiento que alimenta el escepticismo y la no participación electoral.
Luego está el fantasma de las maniobras ilegales: “La incidencia del fraude puede estar en el orden de los 4 puntos”, dicen los especialistas. De allí la necesidad de superar ese margen. “Tenemos que llegar a seis puntos de ventaja para que no nos puedan ganar ni haciendo fraude”, le confiaron al diario Clarín asesores de De Narváez que, según sus propias encuestas, se consideran –una semana antes del 28- ganando por 3,7 puntos.
El domingo 28 habrá pasado el momento de las encuestas. Será el tiempo de las urnas, la hora de la verdad. A partir de allí, empieza otro ciclo.

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lunes, 8 de junio de 2009

¿Qué te pasa Néstor? ¿Estás nervioso? Por Daniel V. González


(Especial para Peronismo en Marcha)

Néstor Kirchner parece haber tomado conciencia de que puede perder las elecciones en su bastión: el conurbano bonaerense. Su aspiración es bastante módica: quiere ganar ahí aunque sea por un solo voto. Pero ahora se está dando cuenta de que quizá ni siquiera pueda cumplir este modesto sueño. Ayer, por primera vez, una encuesta de una encuestadora de las llamadas importantes, le ha dado ganador a Francisco De Narváez en la Provincia de Buenos Aires, por una pequeña diferencia de 3,5 puntos. Seguramente Néstor ya conocía ese dato desde hace algunos días porque ha emprendido una campaña sucia para desprestigiar a su rival de mil maneras.

Por ejemplo, ha lanzado al Juez Faggionato Márquez (que tiene 35 pedidos de juicio político) para que convoque a declarar, como sospechoso, a De Narváez porque, supuestamente, hace tres años, uno de los 1.570 celulares que tiene a su nombre y que está asignado a un empleado, habría recibido una llamada de un personaje procesado en el caso del comercio de efedrina.Sucede que uno de los tres jóvenes empresarios asesinados por este mismo tema, había contribuido con cheques a la campaña electoral de Cristina Kirchner en 2007. Pero la Justicia nada avanza en la investigación de este tema. Al revés: está sumamente preocupada por llamadas realizadas hace tres años a un celular.

La otra trampa en marcha consiste en la presentación a las elecciones de un personaje llamado Fernando Narváez, hombre totalmente ajeno a la política, del que no se tienen antecedentes en esta actividad. La idea, por así llamarla, consiste en que los votantes puedan confundir este voto con el de Francisco de Narváez y, de este modo tramposo, hacerle perder dos o tres puntos que pueden resultar decisivos al momento del escrutinio.

El pasado fin de semana, con motivo del partido entre Argentina y Colombia, el gobierno empapeló Buenos Aires con un afiche deplorable y revelador de su bajo nivel y de sus grandes temores. El afiche, que reproducimos, mostraba a De Narváez con las mejillas pintadas con los colores de Colombia, rival de Argentina. Y ponían en duda a quien iba a alentar el candidato. La bajeza es obvia: De Narváez, nacido en Colombia, vive en el país desde los 3 años de edad. El diputado Kunkel, despectivamente lo ha llamado en más de una ocasión "colombianito", con intención claramente descalificadora. El ánimo discriminatorio que encierra este afiche habla de la ruindad del kirchnerismo.

Por eso es que le preguntamos: ¿Qué te pasa, Néstor? ¿Estás nervioso?
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domingo, 7 de junio de 2009

Mentir con la verdad. Por Daniel V. González


En campaña, la presidente Cristina Kirchner no para de faltar a la verdad aunque siempre toma la precaución de hacerlo con verdades parciales.
Veamos un ejemplo:
Dijo que “pese a la crisis, Argentina batió su record de exportaciones en 2008”. Lo cual es rigurosamente cierto, con una aclaración: la crisis mundial tuvo lugar hacia fines del año pasado, de modo tal que su reflejo estadístico recién puede notarse este año, como efectivamente lo reflejan las cifras conocidas hasta este momento.

Luego la presidente se jactó del aumento del superávit comercial entre los cinco primeros meses de este año contra igual período del año anterior. También es cierto pero se trata de una lectura inexacta. Como se sabe, el resultado del comercio exterior consiste en la diferencia entre las exportaciones y las importaciones. El superávit del balance comercial efectivamente ha crecido: si tomamos cifras acumuladas a abril (no disponemos las de mayo porque aún el INDEC no las ha publicado) podemos ver que el aumento entre el primer cuatrimestre de este año con relación al año pasado llega al 43%.
Pero este no es un dato que pueda llenarnos de alegría.
Efectivamente, ese aumento del saldo comercial es producto de una caída tanto en las exportaciones como en las importaciones.
Y ambas caídas son una mala noticia para la producción, aunque la diferencia entre ellas nos dé positivo. Efectivamente, las exportaciones cayeron el 22% y las importaciones, el 38%. Y ambas caídas son malas. Pésimas.
Que exportemos menos, significa menos producción.
Que importemos menos, también significa menos producción porque importamos insumos y máquinas para producir, además de bienes para consumir.
Sin embargo, la presidente está contenta con estos datos.
Ojalá sea porque quiere pintarnos una realidad dulce y promisoria, porque está en campaña. La otra posibilidad es que ella efectivamente crea que estamos mejor.
De modo tal que la crisis nos ha llegado. ¡Y en qué forma!
El rol de la presidente anunciando que continuamos batiendo records nos recuerda a la orquesta que, cuando el Titanic se hundía, continuaba tocando en la cubierta del barco.


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La crisis y las urnas. Por Jorge Raventos


A tres semanas del 28 de junio, siguen presentes –y corriendo por dos carriles paralelos, que en algún momento no tan lejano convergerán y se potenciarán- dos agendas o, si se quiere, dos lógicas: una, estrictamente electoral; otra, la que da cuenta de la crisis política.
Para decir adiós
Desde la lógica de la crisis política se observa un gobierno cada día más aislado.
La primera gran manifestación de aislamiento es la que lo separa de lo que originalmente (vía la llamada transversalidad) el kirchnerismo pretendió que fuera su soporte social: las clases medias urbanas. Aunque ese divorcio se venía consumando desde antes, quedó claramente consumado en las elecciones presidenciales de 2007, cuando la esposa de Néstor Kirchner fue derrotada (en algunos casos arrasada) en todas las ciudades grandes y medianas de la Argentina.
La cruzada que el kirchnerismo decidió emprender en 2008 contra el campo le enajenó otro importante sector, que hasta entonces convivía con el gobierno y hasta lo había respaldado (así fuera con íntimos reparos) en las urnas: las clases medias del campo y la producción rural. La batalla por la resolución 125 fue una empresa catastrófica para el oficialismo: quedó aislado en el campo y en la Argentina interior, alentó el renacimiento de las demandas federalistas y los reclamos contra la confiscación de recursos provinciales por parte de la caja central y soportó una sonora derrota estratégica,cuyas consecuencias aún padece.
A partir de ese revés y de la constatación del debilitamiento del gobierno, las jefaturas territoriales del peronismo iniciaron su propio distanciamiento del poder central. Con distintos ritmos y modalidades, el peronismo está dando por concluido el ciclo hegemónico de los Kirchner y se apresta a poner en práctica la antigua máxima de Juan Perón, que aconsejaba acompañar a los muertos hasta las puertas del cementerio, nunca hasta el fondo de la sepultura.
En esa atmósfera de adioses, de la que no hay que excluir las despedidas de viejos amigos y aliados -un rubro que ejemplifican muy bien nombres como los de Alberto Fernández o Aníbal Ibarra-, Néstor Kirchner consigue ahora inscribir otro apartamiento: el del empresariado industrial, con las grandes transnacionales argentinas a la cabeza. No se trata de una ocurrencia abrupta: después de algunos meses de idilio, a comienzos del ciclo K, cuando el gobierno gozaba del viento de cola de la economía mundial, las empresas empezaron a notificarse de los métodos ásperos que los Kirchner traían de su experiencia patagónica: aprietes, reclamos, juegos de toma y daca, empleo de la presión callejera, la presión impositiva y hasta de la presión ultrafronteriza, pues el kirchnerismo no omitió emplear el viejo truco del “policía bueno-policía malo” con ayuda de su partenaire bolivariano, el coronel Hugo Chávez. Después vinieron otras vueltas de tuerca, algunas voluntarias, otras ineludibles: la destrucción de las estadísticas, la desfinanciación. Finalmente, las estatizaciones, la intervención en las empresas a partir de la confiscación de los fondos particulares de los futuros jubilados, las renovadas ofensivas sobre los medios de comunicación, la indefensión ante las expropiaciones chavistas…
Resultado: ahora, además de las clases medias urbanas y rurales, el kirchnerismo está aislado del conjunto de los sectores productivos competitivos, los del campo, la industria y los servicios. En el plano empresario sólo cuenta con el respaldo de la lumpenburguesía de distintos tamaños, protegida por el capitalismo de amigos que hace sus negocios, no importa si con rutas sobrevaluadas o con tragamonedas, siempre con la ayuda de la mano (no tan) invisible, (ni tan) desinteresada del poder, igual que la boliburguesía de Hugo Chávez. Asustado por los efectos políticos de sus propias decisiones, Néstor Kirchner procura de pronto revestir sus conductas y agresiones verbales contra los empresarios en general (y contra la conducción de Techint en particular) de puro “verso de campaña”, piripipí para la tribuna. Si alguna vez instruyó a los empresarios españoles diciéndoles que no le creyeran sus propias palabras (“Miren lo que hago, no lo que digo”), ¿cuál sería ahora su consigna para el empresariado argentino: “No crean ni en lo que digo ni en lo que hago”? Si de no creer se trata, el hombre consigue lo que busca.
Golpe de urna
Si ese es el paisaje de las declinantes apoyaturas sociales del gobierno K, lo que le deparan las urnas del 28 de junio no encierra posibilidades agradables.
A fines de abril, el matrimonio presidencial dejó en claro en qué punto centraba la derrota o la victoria electoral: lo crucial, señalaron, es mantener la mayoría en las Cámaras, que les permitió gozar de superpoderes, manejar los fondos del Estado por encima de las prescripciones de la Ley de Presupuesto, y controlar, a través del Consejo de la Magistratura, palancas de presión sobre los jueces. Para ellos, perder esas atribuciones extraordinarias resultaba equivalente al “caos del 2001”.
Pues bien: parece insoslayable que el gobierno pierda esa mayoría. Consideradas como lo que formalmente son -elecciones legislativas de medio término- los comicios del 28 determinan la relación de fuerzas en el Congreso. Todos les estudios preelectorales estiman que perderá entre 15 y 20 diputados, así como varios senadores. Cifra suficiente para que el Congreso deje de ser una escribanía del Poder Ejecutivo.
Desde otra perspectiva, consideradas como el propio gobierno declara ponerlas -un plebiscito sobre el modelo- el gobierno también va a perder: en el mejor de los casos el oficialismo conseguirá uno de cada tres votos, los otros dos deben contarse como repudio al "modelo K". Derrota 2 a 1.


Y sin embargo
Sin embargo, abrumadoramente aislado socialmente y derrotado nacionalmente en las urnas, el gobierno tiene aun posibilidades de "ganar" en la provincia de Buenos Aires. Entiéndase bien: de “ganar”, sólo en el sentido de salir primero, así sea (como será) perdiendo peso legislativo y votos tanto en el plano general como en el del distrito.
Pero ese módico, pírrico "ganar" no sería moco de pavo, porque se trataría de un primer puesto en la provincia de mayor peso en el país y, de ocurrir, ese logro estaría determinado por una superioridad electoral del bloque K en el segundo cordón del Gran Buenos Aires, es decir, el territorio donde se encuentran las capas geológicas más profundas del peronismo, los sectores más vulnerables de la sociedad. También los tejidos sociales más dañados.
Que en medio de una creciente y abrumadora pérdida respaldos el oficialismo consiga ese logro es el fruto de, en principio, de la paradójica situación del peronismo, que no ha superado aún la balcanización reflejada en el año 2003 en la ausencia de una oferta electoral unificada y representativa; un peronismo que se debate aún en una crisis que lo aletargó y lo transformó virtualmente en un cuerpo sin cabeza -sin “la idea”, que le reclemaba su fundador-, un robot disciplinario manejado desde la Casa Rosada a fuerza de órdenes y manejo caprichoso de la caja.
La paradoja del peronismo
Lo paradójico de este peronismo consiste en que , en la medida en que empieza a sacudirse el control de la caja K y su centralismo anacrónico, muestra una creciente vitalidad que hasta es capaz de atraer a su campo gravitatorio a fuerzas que tratan de asociarse a él aunque no dejan de observarlo con reticencia, con desconfianza por su vigor latente así como por las expresiones a menudo poco académicas que lo representan en las zonas más expuestas. Y no menos paradójico es que por momentos, a raíz de la perplejidad que todavía reina en el dividido peronismo, sean estos sectores los que por momentos prevalecen en esas asociaciones, imponiendo en el proceso, sobre la lógica política del peronismo, una lógica de cálculo electoral revestida de purismo y gestión e inspirada en el fondo por recelos y reservas sobre la naturaleza esquiva y quizás pecaminosa que siempre envuelve las luchas relacionadas con el poder.
Como resultado de este proceso inacabado de renovación, el llamado peronismo disidente parece haberse inhibido de pelearle a fondo el segundo cordón al bloque K, para apostar, en cambio, por una "polarización" que buscaría extraer recursos electorales de sectores no peronistas. Esta orientación lo conduce a pensar como competencia principal a la alianza panradical de Carrió, Margarita Stolbizer y Ricardo Alfonsín.
El éxito electoral de esa jugada es muy dudoso. En cuanto a la lógica política, ignora que no hay en juego solamente una superioridad numérica, sino, por encima de ella, la recuperación de un sistema político que le dé concordia, previsibilidad y gobernabilidad al país, para lo cual es indispensable la recuperación y renovación del peronismo.
En la práctica se va dibujando en el horizonte un amplio conglomerado productivo y social, objetivamente atado a una política de integración al mundo, en el que pueden verse al campo, a las multinacionales argentinas y a otros sectores de la burguesía nacional más competitiva, a crecientes sectores del movimiento obrero. Lo que todavía está ausente es la política que enlace a esos sectores y les de cobijo, protección, orientación, expresión ciudadana y popular y un camino para ejercer legítimamente el poder. La gran batalla política consiste en consolidar las fuerzas políticas para una nueva etapa. El radicalismo está trabajando en su reconstrucción o, si se quiere, en la reconexión de su diáspora. ¿Y el peronismo?
Un nuevo bloque, una nueva etapa
La pregunta es si un movimiento nacido en muy distintas circunstancias históricas puede sobrevivir sus condiciones originales, cambiar de piel y adaptarse a un mundo distinto. Si puede animar y articular (o articularse) en un bloque histórico diferente de aquél que expresó originalmente. Es decir, si puede jugar un papel significativo en las tareas que la comunidad.
El peronismo irrumpió a mediados de los años 40 en las condiciones del proceso de industrialización sustitutiva desarrollado a partir de la crisis del ‘30 y de la segunda guerra, como expresión de un bloque histórico que articulaba entonces al ejército, a la nueva clase obrera, a la incipiente burguesía industrial sustitutiva y a sectores populares del interior profundo. Y es evidente que la Argentina que vio nacer al peronismo e inclusola Argentina en la que el peronismo creció y se desarrolló han dejado de existir.
Las grandes fuerzas políticas, para subsistir, están obligados a hacerse cargo de los resultados de las transformaciones que protagonizan …y también de las que están determinadas por el movimiento de la época, de la tecnología y de losrelacionamientos mundiales.
Por definición, una idea que establezca la identidad de un movimiento en términos de un momento dado de su propia evolución y de la evolución de la Argentina fatalmente lleva a la conclusión de que, desaparecidas talescircunstancias, ese movimiento está muerto. Quizás por eso no escasean los analistas y sociólogos que aseveran que puede haber peronistas, pero en un sentido estricto ya no hay (ni puede haber) peronismo.
Un corolario patético de esa conclusión es el intento de reproducir anacrónicamente, y a contrapelo de la evolución, las condiciones originales. A veces esa postura, técnicamente reaccionaria, se viste de progresismo y puede pretender fabricar una burguesía nacional a fuerza de subsidios mientras califica como oligarquía a sectores capitalistas modernos y competitivos y desempolva conflictos y conceptos propios de la segunda guerra o de la guerra fría como si se trataran de la piedra filosofal.
El propio Perón se adelantó a cuestionar semejantes pretensiones. Para él la conducción no consistía en la repetición de fórmulas viejas ante circunstancias nuevas, sino en la creación, en la capacidad de comprender las tendencias centrales de la evolución y promover los cambios de comprensión y de organización indispensables para adaptarse creativamente a esa evolución y anticiparse a ella, tratando de no ser víctima pasiva, sino partícipe activo y socio de esa evolución en la tarea de darle equilibrio y justicia.
Hoy, en un mundo nuevo cuya tendencia clave es la integración económica, la Argentina cuenta con la presencia de sectores de una burguesía competitiva que constituyen eslabones necesarios para la integración de Argentina a un mundo dispuesto a comprar lo que el país produce con eficiencia. Esta nueva realidad se encuentra encorsetada por políticas y estructuras viejas, por un sistema hegemónico hipercentralista que succiona recursos de todas las provincias y ha provocado la rebelión de toda la Argentina interior; por una decisiones arbitrarias que alejan las inversiones y generan inseguridad y riesgo.
La agenda de la crisis
Resulta evidente que , en paralelo con el carril electoral (y convergiendo tarde o temprano con este) la sociedad busca soluciones a ese crítico desajuste, que la condena al estancamiento y la decadencia. Otras naciones encararon con éxito las tareas de la adaptación a una nueva etapa: España lo hizo apelando a partidos que prolongaban distintos momentos de su historia, algunas ligadas a la tradición de la República, otras, a la extensa etapa conducida por Francisco Franco. En China, el mismo partido que hizo la guerra y la revolución con la jefatura de Mao Tse Tung fue capaz de adaptarse espectacularmente a la conducción de una economía de mercado altamente globalizada.
¿Puede un nuevo peronismo (un peronismo renovado) jugar un papel de importancia en la reconstrucción del país y en su conexión con el proceso de integración mundial? Esa es la pregunta central que se plantea en el justicialismo a la hora del eclipse de la hegemonía kirchnerista.
En rigor, nada impide que el peronismo pueda jugar ese papel. Así como pudo articular el bloque histórico partero de la sociedad industrial de masas, está en condiciones de actuar protagónicamente en la nueva etapa, que reclama vinculación activa a la globalización (Perón diría: al continentalismo y el universalismo), federalismo, democratización y descentralización del Estado, en asociación con las clases más dinámicas de la Argentina agroindustrial y como nexo de contención y confianza con los sectores sociales más activos de las grandes urbes y los suburbios industriales, que constituyen su sustrato histórico. Quizás precisamente porque expresó la irrupción de la Argentina de la industria sustitutiva está en óptimas condiciones para afirmar hoy que una Argentina desarrollada debe apoyarse en la capacidad competitiva del sector agroalimentario y de los sectores industriales más competitivos y expansivos, como locomotoras de un crecimiento que integre y articule a las pequeñas y medianas empresas en cadenas de valor ligadas al mercado mundial.
La ausencia de un sistema político que le dé canales y expresión a esas fuerzas y esas necesidades está en la raíz de una crisis que precede y preside la agenda electoral y que ya empieza a converger con ella.

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Transversalidad y responsabilidad política. Por César Albrisi


(Nota aparecida en La Voz del Interior - Sábado 6/06/2009)


El tiempo admite un significado cualitativo, diferente de la simple sucesión cronológica. Como ejemplo, cinco años pueden parecernos triviales en el calendario, pero quizá reflejen una complejidad jeroglífica en el entramado de hechos políticos. Basta retroceder a marzo de 2004, cuando en la ciudad de Córdoba Luis Juez como intendente anfitrión recibía a Aníbal Ibarra –entonces jefe de gobierno porteño– y a los socialistas rosarinos Hermes Binner y Miguel Lifschitz. Los convocaba Néstor Kirchner, acercándose al primer año de su presidencia, ávido de acumular ese sustento de legitimidad que le negara Carlos Menem al retirarse del balotaje.
Desde entonces se acuñó el término “transversalidad”, neologismo vedado a los puristas del idioma. De hecho, la Real Academia Española sólo admite el adjetivo “transversal”, refiriéndose a aquello que atraviesa de un lado a otro; también, para deleite de los aficionados al doble sentido, define cualquier cosa que “se aparta o desvía de la dirección principal o recta”. Durante aquel marzo, este proyecto de ingeniería política tuvo su lanzamiento masivo en Parque Norte. Según las crónicas del momento, 10 mil invitados vivaron al presidente Kirchner. Felipe Solá, como escolta de ocasión, recibió esos mismos aplausos. En lugar de un ariete de fuerzas y figuras cohesionadas por alguna propuesta común, capaz de atravesar el espectro político, pudo lograrse poco más que un sistema en equilibrio inestable, completamente alejado de la geometría transversal. Una configuración radial de poder: Néstor Kirchner como centro gravitatorio y, a su alrededor, un conjunto de etiquetas ambiguas que, a impulsos, se atraen y se repelen. Denominaciones elusivas, como “progresismo”, “peronismo periférico”, “setentismo”, jugaron alternativamente en este modelo, digno de una revisión total de las leyes de la física newtoniana. Constelaciones piqueteras (D’Elía, Tumini, Ceballos), industriales (De Mendiguren, Massuh), banqueras (Heller), intelectuales (Bonasso, Verbitsky, Barbaro, Bielsa), gremiales (Moyano, Basteiro, Alicia Castro), radicales (Cobos, Katz, Saiz, Brizuela del Moral, Colombi, Zamora, Posse) orbitaron impelidos por una críptica “fuerza K”. Dentro de esta astronomía transversal se reserva un espacio memorable para la nomenclatura cordobesa: Schiaretti, Giacomino, Merchán, Jaime, Rins, Madonna, entre otras estrellas efímeras. Gobernadores, legisladores, intendentes, funcionarios dóciles y complacientes, son responsables directos de las graves consecuencias institucionales del experimento kirchnerista. En cambio, desde la propuesta del peronismo federal de Alberto y Adolfo Rodríguez Saá, quienes estamos convencidos de que es posible mantener la convivencia republicana sin abandonar las propias banderas, jamás caímos en la delirante seducción de la transversalidad. © La Voz del Interior


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domingo, 31 de mayo de 2009

Aislamiento y hegemonía K. Por Jorge Raventos


La expropiación múltiple de empresas de capital argentino en que está empeñado el aliado favorito del matrimonio Kirchner –el coronel Hugo Chávez- se ha transformado en algo más que un dolor de cabeza para Olivos y la Casa Rosada. Si el año 2008 fue el de la notoria derrota oficialista ante el interior y el campo así como el del enfrentamiento sin retorno con los sectores de la producción agropecuaria, el 2009 está mostrando los inequívocos signos de un distanciamiento en relación con el conjunto más amplio y significativo del empresariado industrial y de servicios.


Sería injusto, sin embargo, centrar exclusivamente en Chávez y sus rutinas de estatizador serial las culpas del divorcio en ciernes. Lo que hoy mide el mundo empresario no son ya los desvaríos del venezolano, sino los índices de simpatía de los Kirchner con esos métodos y con ese, digamos, programa. También se examinan los grados de compromiso o complicidad entre ambos regímenes.

Atiéndase, por ejemplo, a la embajadora Alicia Castro en sus declaraciones de esta semana al diario La Nación de Buenos Aires: “De las más de 120 estatizaciones decididas por Venezuela en los últimos dos años, sólo una empresa reclamó en los tribunales internacionales, Exxon Mobile, y el tribunal falló a favor del Estado venezolano”. Hay derecho a preguntarse si quien habla representa a la Argentina o a Hugo Chávez.
Es evidente que esos no son argumentos de quién protesta por la expropiación de una firma argentina, sino más bien de alguien que procura fundamentar la legalidad de las estatizaciones del gobierno de Venezuela.
¿Y la señora de Kirchner? Ella dedicó más palabras a quejarse de Techint -la reiterada víctima argentina de las expropiaciones venezolanas- que del expropiador o de la medida chavista, que dio por indiscutible. Se lamentó de que Techint no hubiera depositado en la Argentina la primera cuota de la indemnización que Chávez obló por la confiscación de Sidor, ocurrida un año atrás (réplica obvia: ¿no hicieron algo análogo los Kirchner cuando se llevaron al exterior los fondos de la provincia de Santa Cruz, los detalles de cuyo periplo y destino final aún se ignoran?). En cuanto a la decisión de Chávez, la defendió como “acto soberano “ y sólo prometió, como su ministro de Interior Florencio Randazzo, “defender el precio”, es decir, la indemnización.
La respuesta desde la empresa la lanzó Daniel Novegil, el titular del conglomerado de aceros planos de la multinacional argentina: “Techint no compra empresas para venderlas. No es una concesionaria de empresas. Nuestra cultura agrega valor y desarrolla. Nuestras empresas son activos estratégicos. Eso no se paga con una indemnización”.
En efecto, el argumento oficialista revela una incomprensión esencial de la lógica productiva, a la que parece confundir con la especulación o los negocios de oportunidad. Ya en la batalla contra el sector rural el gobierno repetía ese estribillo, enrostrándoles a los agricultores el aumento del precio de la tierra como si ellos no fueran productores de cultivos o reses sino inversores inmobiliarios interesados en vender sus parcelas en lugar de trabajarlas.
La notoria reticencia de los Kirchner a defender a la empresa argentina y a hacerle sentir la presión al expropiador ni siquiera cedió después de que el venezolano dio en Brasil pruebas manifiestas de que el amor del matrimonio hacia él no es parejamente correspondido. Chávez le aseguró al presidente Lula Da Silva que sus manías estatizadoras no alcanzarán a firmas brasileras. La Casa Rosada pidió tibiamente explicaciones con tono de circunstancias y se dio por satisfecha con la piadosa mentira de Chávez: “No fue más que una broma”. Florencio Radazzo repitió ante los micrófonos la frase que dictó Néstor Kirchner:
"Con esto queda terminada la cuestión". Una expresión de deseos.
Lo cierto es que no terminó nada del episodio que se disparó con la estatización chavista. El gobierno observa que se van recalentando las relaciones con el mundo empresarial , que se va ensanchando su aislamiento del mundo de la economía privada y que las precipitadas declaraciones con las que intenta apagar el incendio no resultan creíbles, porque ha decaído marcadamente la confianza en la palabra oficial.
La Unión Industrial Argentina, que hasta hace algunos meses acompañaba disciplinadamente al oficialismo, planteó esta semana una posición que apunta a Caracas pero mide, en rigor, la disposición del gobierno argentino: reclama que no se permita a Venezuela el ingreso al Mercosur: “Venezuela no puede ser parte del Mercosur, ya que integración implica flujo de inversiones. Lo que está haciendo Venezuela va en contra de ese espíritu”. La UIA procura ahora que las organizaciones afines del bloque regional (empezando por la poderosa central de la industria brasilera) acompañen el planteo. El principal obstáculo para la incorporación de Caracas al Mercosur es, a esta altura, el Senado brasilero. Elk gobierno de Néstor Kirchner
dio su aprobación en un periquete. El Congreso de Brasil hace ya tres años que examina el asunto y no termina de admitirlo. El problema principal venía siendo el hecho de el gobierno chavista no había cumplido el calendario para la desgravación del acceso de productos. La renovada ofensiva expropiadora de Chávez (inducida por las crecientes dificultades económicas y políticas que soporta su régimen) difícilmente facilite ese trámite.
La Casa Rosada dejó claro, de todos modos, que no hará nada por oponerse a Chávez. En verdad las ataduras que ligan al kirchnerismo con el régimen venezolano son tan sólidas como opacas, desde la perspectiva del interés nacional. Es cierto que el chavismo operó como palenque financiero del gobierno K cuando éste quedó aislado del Fondo Monetario Internacional y de los accesos normales al crédito. En cualquier caso, la “ayuda” de Caracas no fue barata: los Kirchner colocaron 1.000 millones de dólares en bonos y pagaron por la amistosa gestión una tasa de 15 por ciento. La deficiente gestión kirchnerista en materia energética fue emparchada por Chávez. ¿A qué precio? Señala el experto Alieto Guadagni que Argentina importó “desde 2004 centenares de millones de fueloil contaminante en compras directas y sin licitación de precios (Enarsa y PDVSA de Venezuela). ¿Cómo puede el ‘modelo’ justificar o explicar estas compras en un país que exportó 1,7 millones de toneladas el año pasado?” En fin, no hay que olvidar que
como trasfondo de esos interrogantes sobrevuelan episodios como el de la maleta de Antonini Wilson, con sus cientos de miles de dólares presuntamente destinados a financiar una campaña electoral.
El gobierno paga precios políticos por su vínculo y su afinidad con el chavismo y él sabrá dónde y cómo los compensa. En estos momentos, esa conexión se ha convertido en una señal de alarma para el empresariado y, si se quiere, es una manifestación más de la tendencia del kirchnerismo al aislamiento internacional.
Esta semana, en Mendoza, la señora de Kirchner afirmó: “Nunca estuvimos tan vinculados al mundo”. Es muy curioso que haya dicho esto precisamente en momentos en que el aislamiento se vuelve más evidente y cuando hasta Chávez (con sus hechos venezolanos y sus palabras ante Lula) da pruebas irrefutables de la irrelevancia a la que hasido arrastrado el país de los argentinos. El gobierno parece observar toda la realidad –no sólo las variables económicas- con la óptica invertida y desviada de las estadísticas del INDEC. Ve crecimiento donde hay signos de recesión, ve estabilidad donde hay inflación, mejor distribución donde
crece la pobreza. Y ve activismo internacional donde hay creciente insignificancia.
Conviene ilustrar esto con algunos datos. Véase, por caso, uno representativo: cómo trata a Argentina la inversión extranjera. En la década del 90 el país era el segundo receptor de inversión extranjera directa de América Latina en términos absolutos y el primero considerando la IED per capita. Hoy Argentina está cuarto en términos absolutos: ha sido superado por Chile y por Colombia (Brasil sigue siendo el primero).
Según los datos de la CEPAL, entre 2007 (que fue un mal año) y 2008 Argentina incrementó la recepción de inversiones en un 22 por ciento. Casi nada: Brasil en ese período aumentó en un319 por ciento, Chile, un 414 por ciento, Colombia un 379 por ciento y Uruguay un 1381 por ciento. A la luz de esas comparaciones queda claro que ese 22 por ciento del incremento argentino es equivalente a nada.
El progresivo aislamiento se observa mejor con una perspectiva temporal. A mediados de los 90 la inversión extranjera en la Argentina era equivalente a la mitad de la que recibía Brasil; hoy equivale al 17 por ciento.
En aquella época Argentina recibía una vez y media las inversiones que recibía Chile, hoy sólo recibe la mitad de lo que va a Chile; en los 90 la inversión extranjera que llegaba a Argentina era 44 veces más que la que iba a Uruguay, hoy es apenas 4 veces más.
Señalábamos en este espacio un año atrás: “Hay una armonía profunda entre el aislamiento internacional en que el gobierno ha sumido al país y su enfrentamiento con el campo: el campo es la llave maestra para la inserción competitiva de Argentina en el mundo. El gobierno confiesa esa íntima concordancia cuando define como objetivo el desacople argentino de la economía mundial. Subyace allí la fantasía o la quimera del aislamiento pleno, de una situación en la que la voluntad del gobierno tenga el monopolio total sobre sus súbditos, que su relato sea la única verdad del reino, que no haya interferencias externas ni resistencias internas que puedan retacear o recortar su imperio.”
Una quimera, está dicho: sin inversión extranjera, con una situación fiscal en franco deterioro, con la financiación externa cortada y con los puentes rotos con el campo, el franco deterioro de las relaciones del gobierno con el sector empresarial de la producción y los servicios pasa a ser decisivo en un año en el que se confirma la quiebra del modelo hegemónico instaurado por Néstor Kirchner. El 28 de junio también se elige entre desacople o integración al mundo.

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sábado, 30 de mayo de 2009

El rol de la mujer en política. Por Susana Robledo

(Nota publicada en La Voz del Interior - Sábado 30 de mayo de 2009)
Las mujeres participamos en la política desde hace relativamente poco tiempo y tengo la convicción de que en algún momento la participación de la mujer en la política será la herramienta para la transformación de la agenda, al efecto que la problemática de la mujer, sus sueños, sus carencias, sus necesidades y su aporte ineludible sean una cuestión política y de estado. Seguramente las mujeres que la pelean todos los días, madres, maestras, amas de casa, etcétera, esperan de las mujeres que participamos en la política grandeza, sabiduría y compromiso. Si vinimos a la política a cometer los errores de los varones, las mujeres no entenderán que es bueno que participemos. Y hoy, al advertir que dos mujeres reconocidas, con trayectoria en políticas de género, aparecen enredadas en una pelea inaceptable por un pedacito de poder, y viendo cuál de las dos será más responsable de la derrota, no puedo menos que intentar hacer algún aporte.

Las mujeres esperan de nosotras mayor grandeza y dedicación para que esta campaña electoral sea la oportunidad para que nosotras digamos lo que ellas muchas veces en la soledad de su cocina o su trabajo fuera del hogar no pueden decir. La presidenta de la Nación en algún momento las trató de "mujer de", haciendo caso omiso de la trayectoria de Olga Riutort y digo, por analogía de Alejandra Vigo, que han dedicado su militancia más allá y previamente a sus matrimonios, a los derechos de las mujeres. Luego de algún tiempo de ausencia de la militancia, he regresado con la ilusión de que una campaña electoral es una oportunidad para todas, no sólo para las candidatas, y tengo la esperanza de que las cosas vuelvan a donde deben estar, o sea las mujeres políticas representando a sus congéneres. Que el gobernador, que parece no haber podido construir un equipo de trabajo eficiente, deje de recostarse en su esposa para pelearle a Riutort la Capital. Y Riutort, que ha sumado suficiente confusión entre sus adherentes, vuelva a ser la referente femenina que todos reconocemos. Debemos poner más alta la mirada y saber que una vida mejor es posible, es posible con nosotras. Estemos, entonces, a la altura de las circunstancias.
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viernes, 29 de mayo de 2009

El Cordobazo y el uso de la figura de Tosco. Por Gonzalo Neidal

(Nota aparecida en La Mañana de Córdoba - viernes 29 de mayo de 2009)
Juan Carlos Onganía tenía planes para, al menos, veinte años. Había pensado en un tiempo económico, un tiempo social y, finalmente, un tiempo político. En ese riguroso orden.Pocos años atrás había encabezado un golpe contra Arturo Umberto Illia, elegido en 1963 con menos del 25% de los votos, gracias a la proscripción del peronismo. Pero, como todos los golpes de Estado a partir de 1955, el del 28 de junio de 1966 también había sido dado contra el movimiento fundado por Perón, ante la posibilidad de su regreso al poder.
Perón estaba exiliado en Madrid y los sindicatos de todo el país se identificaban, mayoritariamente, con el movimiento que él encabezaba, pero al que la participación en elecciones le estaba vedada. Desde 1951 que en la Argentina no se votaba libremente.La transformación de Córdoba había comenzado a partir de los años cincuenta, alrededor de la Fábrica de Aviones, y continuó durante los años siguientes a la caída de Perón con la incorporación de empresas de capital extranjero como Industrias Kaiser Argentina y Fiat.A la Universidad le llegaban las remotas señales del Mayo Francés y las referencias de la revolución cubana, además de la errática incursión de Ernesto Guevara en la selva boliviana, donde encontró la muerte.Y mayo venía movido: a mediado de mes, una protesta estudiantil en Corrientes había provocado una dura represión policial que terminó con la vida del estudiante de Medicina, Juan José Cabral. Al día siguiente, en Rosario, en otra refriega, moría el estudiante Adolfo Roque Bello.En Córdoba, los obreros mecánicos estaban en pie de lucha en defensa del sábado inglés (semana laboral de 44 horas), cuya de-saparición pretendía el gobierno nacional. El Smata, liderado por Elpidio Torres, y la UOM lograron sumar al paro a la UTA de Atilio López, con lo cual la medida de fuerza se transformaba automáticamente en paro general. Luego convencieron al gremio de Luz y Fuerza para que adhiriera. El paro se fijó para el 29, con la modalidad de cese de tareas a partir de las 10 de la mañana y marcha hacia el centro de la ciudad.Todos sabían que algo iba a pasar. Y pasó.El estallido de furia popular fue un disparo mortal para el ministro de Economía, Adalbert Krieger Vasena y, con retardo, para el propio Onganía, que cayó al año siguiente.Cuatro décadas despuésComo era inevitable que ocurriera, cuarenta años después el “Cordobazo” es motivo de un debate acerca de su verdadero valor y significado.En tal sentido, el signo que parece predominar en esta nueva recordación es la identificación del Cordobazo con la figura de Agustín Tosco. Sin embargo, no es éste un enfoque que se acerque a la realidad política del momento.Se trata de una interpretación que, como todas, tiene una intención política. En efecto, el sindicalismo predominante de la época era de signo peronista y los afiliados a los sindicatos adherían masivamente a la figura de Perón, que se había agigantado en el exilio.En ese tiempo, Agustín Tosco era reivindicado por su inclinación no peronista. Era un líder sindical circunscripto a un sindicato privilegiado de Córdoba, integrado por gran cantidad de técnicos y profesionales más cercanos a la clase media que a los obreros industriales. El mundo político de Tosco era más bien el de la izquierda antiperonista: el Partido Comunista, el PRT, el socialismo, un sector del radicalismo y alguna franja del peronismo radicalizado.Este sector político idealizaba a Tosco del mismo modo que condenaba a los sindicalistas peronistas como Rucci, el propio Elpidio Torres o Alejo Simó, de la UOM. Tosco se reivindicaba a sí mismo como “revolucionario” en oposición al “reformismo” que encarnaba el peronismo y su líder Juan Perón.Aunque el clima de tensión en el cual se resolvió el paro del 29 hacía preanunciar refriegas y enfrentamientos entre los manifestantes y la Policía, ninguno de los sectores y sindicatos que participaron esperaban una conmoción como la que finalmente ocurrió. Y ninguno de esos sectores puede adjudicarse algo parecido a una “conducción” u “organización” de los acontecimientos.En todo caso, si alguno de ellos podría asomarse por encima de la masa indiferenciada de trabajadores, estudiantes universitarios y pueblo en general, que participó de la jornada, ése fue el Smata, conducido por Elpidio Torres.La pretensión de un Tosco conductor del “Cordobazo” es una grosería histórica que no resiste el menor análisis. No porque el indiscutido líder de Luz y Fuerza fuera un dirigente sin relevancia en el contexto de la Córdoba de fines de los sesenta. Sino porque eso desmentiría algo que constituye el rasgo más esencial de ese 29 de mayo: la espontaneidad, su carácter improvisado, su rasgo de pueblada.Pero la elección de Tosco como supuesto líder del “Cordobazo” no es inocente. Se le asigna a Tosco la suma de la cualidades personales ideales para un dirigente gremial (integridad personal, honestidad, espíritu de lucha), algo que estamos lejos de discutir. Pero, además, se le adjudica como atributo elogiable, aunque no siempre explicitado, un posicionamiento político distante del peronismo tradicional.Así, mientras Perón engañaba a sus trabajadores con reformas burguesas, se pretende que Tosco iluminara su camino hacia la revolución, una lucha superior que lo entrelazaba con las jalones universales por la reivindicación de la causa proletaria.Quizá la consecuencia más relevante del “Cordobazo” haya sido el retorno de Perón y las elecciones del 23 de setiembre, que lo llevaron al poder. Ese contexto histórico encontró a Tosco en la vereda de enfrente de la inmensa mayoría de los trabajadores, que respaldaban al viejo General.Pese a que tuvo propuestas por parte del PRT (brazo político del ERP) para ser candidato a presidente de la Nación en las elecciones del 23 de setiembre, Tosco prudentemente declinó la oferta, aunque sus simpatías por esos años estaban del lado de esa franja política confusa que incluía a los grupos políticos violentos.A cuarenta años del “Cordobazo” es tan sorprendente la instalación de la figura de Tosco como líder, como el abandono por parte del peronismo de la reivindicación del propio papel de sus dirigentes en la histórica jornada.Pero así se va haciendo la historia: siempre se elabora desde los humores, pasiones y necesidades políticas del presente.Añadir imagen
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miércoles, 27 de mayo de 2009

Un debate para algunos

(Solicitada publicada en los medios gráficos de Córdoba el 26/05/2009)

Conocida la decisión de La Voz del Interior y de Canal 12 de Córdoba de desarrollar sendos debates electorales los días 7 y 21 de junio, el Frente Es Posible lamenta la actitud sectaria de los Partidos y candidatos que limitaron la posibilidad de expresión de numerosas fuerzas políticas, entre las cuales nos incluimos.
Estamos convencidos que no sólo atacan al Frente Es Posible, sino que han dañado uno de los pilares de la vida democrática: LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN, en condiciones equitativas de oportunidad y de acceso.
Tal como fuera publicado, “cinco reuniones y casi un mes de negociaciones” fueron necesarias para que el Frente Cívico, la Unión Cívica Radical, Unión por Córdoba y el Frente para la Victoria, arrogándose una potestad de todos los cordobeses, decidieron cuáles son las figuras e ideas que tienen derecho a difundirse en oportunidad tan significativa como un debate televisado. Más allá de sus profundas diferencias, alcanzaron el acuerdo de callar la voz de una proporción significativa de las propuestas y alternativas electorales.
Peor aún, en aquellas reuniones reservadas, cerradas y desconocidas para la mayoría de los participantes de las elecciones del 28 de junio, unas diez personas se sintieron capaces de juzgar la calidad de los postulantes, eligiendo por sí mismos quiénes merecen expresarse y sometiendo al resto a un forzado silencio.
Entonces, ¿podemos confiar en el respeto a las libertades básicas que nos ofrecen estos Partidos y candidatos?
Ante a esta injusta y arbitraria decisión política, resultaría sana y positiva la reflexión de quienes fueron sus responsables.
Acaso:
¿Pensaron en las valiosas posiciones y proyectos de provincia y de Nación que quedarán mudas?
¿Pensaron en la ventaja que tomarán frente a otros Partidos y candidatos imposibilitados de esta forma de exposición gratuita y masiva?

¿Pensaron en el mensaje de exclusión y privilegio que transmitirán?

¿Pensaron en los derechos a la libre información de todos los cordobeses?

¿Pensaron en las reglas de juego del consenso y del disenso democrático?

¿Pensaron en las responsabilidades públicas que les competen ante la ciudadanía?

En fin, ¿pensaron en Córdoba y en la Argentina?

Quizás hayan pensado poco hasta hoy. Estamos a tiempo de corregir un peligroso antecedente.
Desde el Frente Es Posible, apelando a la vocación republicana y a los valores democráticos que deben caracterizar a nuestros representantes, llegamos a ustedes con la sincera esperanza de compartir estos debates, ocupando simplemente el lugar que nos corresponde.

El 25 de Mayo es un día absolutamente propio para pensar en estas cosas.-


CESAR ALBRISI


JAVIER PRETTO

SUSANA ROBLEDO Leer más...

lunes, 25 de mayo de 2009

Requiem para un luchador. Por Jorge Abelardo Ramos


El 25 de mayo de 1974 murió Arturo Jauretche. Pocos días después, Jorge Abelardo Ramos publicó en el diario La Opinión, este texto en su homenaje.

El auge del terror anónimo ha hecho olvidar en los últimos años la "patriada" criolla. Acaba de morir uno de sus héroes que , como Hernández, luchó con las armas en el campo y luego escribió el romance de la batalla. El propio Arturo Jauretche en su poema El paso de los Libres, que prologó Borges en 1933 y yo en 1960, alude a su paisano Julián Barrientos, quién relata la jornada revolucionaria porque "anduvo en ella".

La patriada consistía en una revolución civil o militar, o una mixtura de ambas cosas, herencia de la guerra civil en la patria vieja, que la proscripción del radicalismo harpia fortalecer después del 30. Se "levantaban" con todos los elementos comprometidos y luchaban en pos de la victoria. Como empezaba la década infame, en realidad combatían en pos de su derrota. Jauretche, soldado en el levantamiento de Corrientes, cayó prisionero después del encuentro de San Joaquín. La decepción que produjo en su espíritu la cobardía del radicalismo del City (hotel donde vivía Alvear a su regreso de Europa y donde parasitaba la "flor de la canela" del radicalismo alvearista) lo impulso a reflexionar sobre el destino del movimiento fundado por Irigoyen. El caudillo acababa de morir. Con sus restos mortales, en aquella fría tarde de julio, parecía sepultarse para siempre el radicalismo histórico.
Creo no equivocarme si digo que como el padre de Martín Fierro, el combatiente de Paso de los Libres meditó sobre el significado de su derrota y en esa prisión militar realmente nació el político. Porque Jauretche fue ante todo un político, condición desacredita en nuestro país por la vacuidad doctoral, la estudiada reserva y la banalidad verbalizada de tantos Fidel Pintos que pupulan en la vida pública argentina.
Cuando al día siguiente de su muerte supe por prensa y algunos oradores que Jauretche había sido un escritor, comprendí cuán rápidamente la posteridad inmediata deforma la historia antes de escribirla. En realidad, el publicista ocultó al pensador, el hombre de letras al político, el fosforescente ingenio a la sustancia de su genio. La gente que lo conoció por la televisión atribuyó proyectivamente a Jauretche su propia frivolidad. Recordemos la crónica de La Prensa al morir Irigoyen: "Ayer falleció en esta capital Don Hipólito Irigoyen, que fuera Comisario de Balvanera y dos veces Presidente de la República". Si Irigoyen era un comisario retirado, Bonaparte podría haber sido un turista que redactó el Código Civil Y Perón un conocido autor de media docena de libros, entre otros, La Comunidad Organizada.
Jauretche fue algo más transcendente que su cautivante personalidad cotidiana, más profundo que el admirable conversador imposible de olvidar por todo aquel que lo haya conocido. Era el eslabón vivo que enlazó al yrigoyenismo declinante con el surgente peronismo. Estableció con sus actos, su palabra y ocasionalmente, su pluma, la íntima relación dialéctica entre ambos movimientos nacionales.
Fue la conciencia activa de que todo moría y nacía en 1945. El peronismo sería inconcebible en su primera fase sin el pensamiento y la acción de Jauretche, que le transmitía la tradición del nacionalismo democrático procedente de las más antiguas raíces.
Al buscar la resurrección histórica del radicalismo, Jauretche se encontró con la irrupción del peronismo. Eran otras clases sociales, otro caudillo, otro eje político-social. Pero bajo un nuevo ropaje se trataba de algo parecido a aquello que Jauretche había pugnado tantos años por traer al mundo. Aunque la cosecha que en 1945 se presentó a la vista del fundador de FORJA, fue descomunal, pues la prédica se trocó en multitud, personalmente lo sintió como un fracaso.
El movimiento nacional al que Jauretche tanto había contribuído.
De su marginación política, nació su ingreso a la República de la Letras, cuando al caer el peronismo en 1955, no había nadie para defenderlo a no ser Jauretche y Scalabrini en “45” y “Qué” y nosotros en “Lucha Obrera”.
Satirizó con inigualable poder disolvente a la petrificada y apolínea literatura de la factoría, a ese gélido mundo procedente de Groussac y Larreta que había venido a parar a Borges. A la literatura cortesana, inclinada ante la supremacía terrateniente y enferma de anglofilia, opuso Jauretche la risa de Rabelais (o de Mansilla). Diría que en su estilo verbal y escrito hasta había algo del desenfado de Sarmiento en este adversario del autor de Facundo. Realizó la tarea de demolición político-estética que era imperioso hacer ante la cultura aristocrática y logró conmover en sus gustos a las clases medias que en esa esfera, como en todas las demás, copiaban a la oligarquía.
Pero su musa perpetua fue la política. Comprendía como pocos en la Argentina sus cambios bruscos, con frecuencia su inescrutable carácter y su peculiar ingratitud. Era uno de esos raros argentinos que sabía advertir detrás de un conservador a un posible alsinista, o que la palabra comunista no constituía ninguna garantía de una política revolucionaria, así como recordar lo que hubo de eco popular en aquellos demócratas de Córdoba que procedían del juarismo o qué diablos significaban los autonomistas de Corrientes y por qué sus hijos en la Facultad de Derecho correntina podían trajinar como izquierdistas mientras llegaba el momento de hacerse cargo de la estancia. Conocía la Patagonia y su fauna, la Puna y su viejo dolor; demostraba con extrema simplicidad el mecanismo íntimo del comercio de exportación e importación, y era capaz de revelar diáfanamente la desintegración de la pampa húmeda, que permita descifrar el poder económico de la oligarquía bonaerense y al mismo tiempo su formidable parasitismo, así como su resistencia a invertir. La categoría que Marx emplea en El Capital fue utilizada luego por Jauretche en sus escritos.
Su prosa se emparentaba con la antigua tradición argentina de Hernández, Sarmiento, Mansilla, Balestra, Wilde, Fray Mocho. Era literalmente una prosa hablada, pues Jauretche rara vez escribió. Dictaba siempre, después de imaginar los artículos, sus argumentos y ocurrencia. Conocí muchos artículos que me contó y que no llegó a publicar porque no tenía una dactilógrafa a mano. Cuesta pensar que este hombre extraordinario ya no existe. Así mismo es preciso admitir que la hegemonía cultural oligárquica, contra la que tanto luchó Jauretche, ha sido destruida pero no ha sido reemplazada por otra.Por esa razón la muerte de Jauretche no ha conmovido al país y las juventudes, aún las que se dicen revolucionarias, no han dicho ni pío. Es cierto que el pueblo ha recuperado el poder. Pero en el orden de la cultura y de los valores seguimos pidiendo permiso a Francia para abrir un libro. Cuando las obras de Jauretche circulen por los colegios nacionales y Universidades con la misma profundidad con que hoy circulan obligatoriamente tantos ladrillos encuadernados, podrá decirse que el reflejo intelectual de las patriadas y de los ideales nacionales ha entrado por fin en la formación de las nuevas generaciones argentinas.
Por eso no puedo decirle adiós a Jauretche: lo "tendrán en su memoria / para siempre mis paisanos".

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sábado, 23 de mayo de 2009

Oligarkía. Por Isidoro Nelzo González

Oligarquia:
- Forma de gobierno en la cual el poder supremo es ejercido por un reducido grupo de
personas (Dicc. Espasa Calpe).-
- Gobierno de pocas personas // Forma de gobierno en que un grupo de personas de la
misma clase social ejerce el poder (Enciclopedia Sopena Argentina).-

Aunque etimologicamente diga "gobierno de unos pocos" la significación tradicional expresa "gobierno injusto de unos pocos".-

Todo esto calza perfectamente con el gobierno "K", aunque en algunos momentos tenga
desvíos hacia la tirania pues, Nestor muy frecuentemente evidencia casi la suma del
poder público e invocando el interes general, prescinde temporalmente de algunas leyes
o sin negarlas las administra según su criterio.-
Con esta interpretación "elástica" de la ley, desde el ingreso de los "K" al poder se empezó a oscurecer el ambiente. Se conformaron equipos con "personajes" incapaces
de ajustar su conducta a normas legales.-
Con este patrón "etico" montaron una gran máquina de corrupción, imponiendo un remedo
de orden jurídico constitucional; centralizando arbitraria y despóticamente los recursos
de la nación, implicando la negación del federalismo.-
Los "K" sustituyen la igualdad "ante la ley" por la igualdad "mediante la ley", pirueta
semántica, con la cual en vez de garantizar derechos, otorgan ventajas y privilegios, la mayoria para ellos mismos.-
En sus peroratas con público alquilado, hacen comunicados triunfalistas, rociados con inmerecidos autoelogios.-
Pero cada día queda más claro que los "K" no hacen favores, solo hacen inversiones.-
Nunca dan nada, si entregan algo lo cobran por anticipado y a pesar de eso jamás nos salvaremos de las cuotas posteriores hayamos sido o no, distinguidos por "el favor K".-
Estamos ante un decepcionante proceso, generador de un ininterrumpido debilitamiento
de los valores republicanos.-
El 28 de junio tenemos en las urnas una oportunidad de derrotar a los destructores de la república,corrigiendo en parte el daño inferido a la nación.-
La corrección será solo en parte, por varias razones.- El ejecutivo seguirá en manos
de quienes nunca calificaron para eso, es decir debemos prepararnos para asestar el golpe definitivo en elecciones posteriores.- Pero aún así no creamos que llegamos a reconstruir la república.-
De ninguna manera esto no es la llegada, es solo la largada.-
Desplazar al matrimonio gobernante solo nos liberará del fétido aroma kirchnerista.-
Pero falta lo más importante, que es reconstruirnos a nosotros mismos.-
La peste "K" contagió no solo a legisladores, gobernadores e intendentes, sino tambien,
(y eso es lo más dramático) a parte de la ciudadania, que muestran una alarmante actitud
decididamente refractaria a la cultura democratica-republicana.-
Sin esta dramática contaminación, que evidencia ausencia de sincero sentido nacional
y ni un minimo de esfuerzo patriotico, la "Oligarkia" no estaria en el poder.-
Si aparte de la limpieza "K", no hacemos higiene institucional no pasará mucho tiempo
que suframos otra recaida ( y van....).-
Deberemos entender que luego del acto electoral, la ansiada estabilidad no depende tanto
del numero de votos (lo sabemos por experiencia) logrados por los que asuman el poder
sino por el concenso que logren mantener durante su gestión.-
Esto solo es posible con programas integrales e integradores con profundo respeto por el sistema juridico.-
Es un grave error de considerar independiente el aspecto politico, del jurídico y del económico.-
El subdesarrollo económico es inducido por el subdesarrollo civico republicano.-
No solo la corrupción es un flagelo. La pereza intelectual que lleva a la pérdida de la autonomía de pensamiento, con el riesgo de, sin el menor analisis preferir las ideas placenteras en lugar de las ideas verdaderas, es otro de los grandes males que a veces afectan a los pueblos.-
Con ideas equivocadas se puede con mucho esfuerzo ser eficiente, pero no eficaz.-
Es decir podemos llegar a ser especialistas en hacer lo que no se debe.-
Los argentinos hemos acreditado la triste fama de: "no perder la oportunidad de perder las oportunidades".-
Si no asumimos la resposabilidad que nos toca, estaremos preparando un escenario como el descripto crudamente por Lucio V. Lopez, que despertará lamentablemente la gula de algún otro insignificante "K", aunque tenga otro apellido.-

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El eje K-K (Caracas - Calafate). Por Jorge Raventos


Las últimas expropiaciones decididas por el venezolano Hugo Chávez, que afectaron a tres firmas controladas por la multinacional argentina Techint, consiguieron que el empresariado nacional reaccionara de modo inmediato y convergente, en repudio de la medida, en defensa de la actividad y la propiedad privadas y en reclamo de una reacción vigorosa del Estado argentino. Se pronunciaron la Asociación Empresaria Argentina, la Unión Industrial Argentina, la Cámara Argentina de Comercio, las dos centrales que agrupan entidades bancarias, CEMCI (que nuclea a los medios de comunicación).


No es la primera vez que Chávez golpea a Techint: un año atrás el venezolano le expropió Sidor, la mayor siderúrgica venezolana (produce y exporta más de 4 millones de acero) y recién en el curso del mes de mayo terminó de negociarse la indemnización que deberá pagar el régimen chavista. Entre ese acuerdo por Sidor y estas nuevas estatizaciones el mandamás venezolano visitó Argentina, se reunió extensamente con el matrimonio presidencial y visitó Calafate.
La susceptibilidad del empresariado nacional tiene varios motivos convergentes. Sus líderes no terminan de convencerse de que Chávez no le haya al menos anticipado sus intenciones a los Kirchner, aliados dilectos; en cualquier caso, Techint no recibió ningún llamado de alerta del Estado argentino (se enteró de los hechos consumados por Chávez a través de sus empresas venezolanas). Tampoco observaron excesiva diligencia ni reacción rápida en defensa del interés de la empresa nacional.
Un modelo expropiador
Otra vuelta de tuerca: muchos dirigentes empresariales empiezan a suponer que el famoso y borroso “modelo” que el gobierno de los Kirchner invoca a diario puede buscar inspiración, si juntara fuerzas para desplegarse, en las ocurrencias de Hugo Chávez. De hecho, las respuestas que el kirchnerismo atinó a ensayar ante su progresivo aislamiento social e internacional, fueron manotazos contra la propiedad, expropiaciones o proto-expropiaciones. Las retenciones confiscatorias que pretendía la resolución 125 frenada por el Senado; la estatización de millones de pequeñas propiedades (los fondos de capitalización acumulados por otros tantos futuros jubilados); la intervención estatal en la dirección de empresas privadas a partir del control estatal de las inversiones de los fondos de pensión; y algunas vidriosas estatizaciones directas (como la de Aerolíneas Argentinas, que pierde un millón de dólares diarios y ni siquiera tiene en orden, aún, los papeles que la legitimen); los proyectos de creciente injerencia y regimentación estatal en el campo de la libertad de expresión, las agresiones directas a medios y periodistas: he allí algunos ejemplos cercanos en los que el kirchnerismo repite aquí en voz más baja y con algún retardo lo que Chávez extiende en Venezuela, como si el chavismo anticipara la agenda local.
Las conducciones empresariales, que a menudo habían optado por métodos diplomáticos, conversaciones discretas o, eventualmente, por el trapicheo de favores como caminos aptos para su defensa de intereses, parecen ahora reparar en que esos procedimientos no son aptos para la nueva etapa. O, al menos, que son insuficientes. Empiezan a considerar indispensable plantar bandera y defender en voz alta algunos valores esenciales, aunque esto provoque disgusto oficial.
¿Más chavismo después del 28?
En definitiva, comienza a sucederles a los líderes de empresas lo que a otros sectores sociales: que, si bien anhelarían que el país sólo estuviera sometido a las alternativas normales, moderadas de una elección de medio término y no a una dramática puja plebiscitaria, los hechos les indican que no hay demasiadas chances de eludir la opción “entre modelos” que quiere forzar el gobierno y que probablemente tampoco es aconsejable esa evasión, porque luego podría ser tarde. Si en condiciones de dificultad, cuando las encuestas más benévolas le dan al oficialismo apenas un tercio de los votos (es decir, lo muestran retrocediendo fuertemente tanto en número de sufragios como en cantidad de legisladores), la familia K radicaliza sus posturas y pinta cada vez con filo más cortante los rasgos de su modelo, ¿qué no podría ocurrir si el 28 de junio las urnas les dieran un poquito más de estímulo, si pudieran leer en su mensaje algo que les permitiera confundirlo con mayor respaldo?
A decir verdad, a cuatro semanas de las elecciones no se observa que esto último pueda ocurrir. No sólo las encuestas, sino los mensajes que llegan desde el seno del propio peronismo le adelantan al matrimonio presidencial que su ciclo está ya en su hora crepuscular.
En un inteligente artículo (Después de Kirchner, diario La Nación), Vicente Massot señalaba esta semana que “el poskirchnerismo no sólo hace referencia a un después de, sino a la imposibilidad que tiene el político de Santa Cruz de prolongar, directa o indirectamente, su estrategia de dominio hegemónico del poder.” Y agregaba Massot: “En materia política la categoría de lo hegemónico esta asociada a la capacidad de controlar y definir los términos de la sucesión (…) no existiría hegemonía si su continuidad no estuviese asegurada en el tiempo. Lo que (Kirchner ya) no puede es fijar las reglas de juego de la sucesión ni controlar, dentro del justicialismo, las reivindicaciones de quienes, en los próximos comicios, intentarán revalidar sus títulos para sentarse en la mesa de los presidenciables (...) Abordada la cuestión desde este ángulo, Néstor Kirchner ya es historia”.
Malos ajedrecistas
De todos modos, el esposo de Cristina Kirchner, si bien se mira, se parece a esos malos jugadores de ajedrez que jamás inclinan su rey, en parte porque no están en condiciones de prever más allá de una o dos movidas, pero también porque apuestan a la chapucería y el error del adversario o a la posibilidad de seguir en pie inclusive con recursos non sanctos. Kirchner puede “ser historia”, pero él se empeña aún –en el peor de los casos- en administrar su propia retirada.
Consiguió hasta ahora amarrarse al palo mayor de su nave acompañado por un amplísimo número de dirigentes territoriales de la provincia de Buenos Aires. “Todos a flote o todos al fondo”, fue su consigna. Un lema de improbable cumplimiento: muchos de quienes se vieron impulsados a ese simulacro de suicidio colectivo están, sin embargo, bien asentados en sus comunidades: aunque los hayan atado en un mismo paquete, no es lo mismo un gobernador -o un intendente- con más del 40 por ciento de imagen positiva que un ex presidente que derrochó la confianza que en tiempos de vacas gordas le acercó la opinión pública. Tanto dirigentes peronistas que optaron ya por la disidencia indisimulada como los que aún resisten en silencio, forzados a revolcarse discepolianamente “en el mismo lodo”, tienen abierta una etapa próxima: eso es lo que se les ha clausurado a los Kirchner.
Hora de la Justicia
Habrá que ver, además, si la táctica de salvar al ex presidente con el prestigio o los votos de dirigentes territoriales termina siendo utilizable. En una de esas, los Tribunales terminan rescatando a los testimoniales involuntarios, y los absuelven de las candidaturas a las que los condenó Néstor Kirchner.
Aunque la Justicia aprobó el procedimiento testimonial en primera instancia, por mediación del juez federal Manuel Blanco, hay apelaciones que deberán sustanciarse en la Cámara Electoral. Y hay, además, un recurso de amparo del jurista Eduardo Barcesat, que aspira a que sea la Corte Suprema la que se pronuncie.
Blanco, al no aceptar impugnaciones a las llamadas “candidaturas testimoniales”, dio una larga lista de antecedentes de políticos de la Argentina y del exterior que aspiraron a otro cargo electivo mientras aún cumplían un mandato previo. Es obvio que ese es un caso absolutamente normal: desde Barack Obama a Cristina Kirchner, pasando por Fernando De la Rúa o Carlos Menem, en infinidad de oportunidades políticos que ejercían senadurías, diputaciones, gobernaciones o hasta la vicepresidencia (Eduardo Duhalde en 1991) se presentaron como candidatos electorales para postularse a ocupar una posición distinta a veces jerárquicamente superior y a veces no. Sin embargo, a Blanco no se lo interrogaba sobre eso, sino sobre el hecho absolutamente inédito, de personas que, cumpliendo un mandato electivo, se postulan para una función diferente que no piensan ocupar.
En su solicitud, que quiere que defina la Corte Suprema, el doctor Barcesat pretende que se anule “por su carácter lesivo respecto de los derechos electorales y la voluntad popular, toda maniobra fraudatoria que tienda a genera mandatos que no serán cumplidos por los postulantes en ejercicio actual de cargos electorales y cuyos mandatos no se encuentren cumplidos al 10 de diciembre de 2009. Ninguna estrategia o táctica sobre el poder puede constituirse sobre la base de quebrantar las reglas del juego”, escribió el jurista.
Tanto la solicitud de Barcesat como las apelaciones al fallo del juez Blanco pasarán por la Cámara Nacional Electoral. Se atribuye a sus tres miembros una sólida formación y muchas evidencias de autonomía frente a los poderes constituidos. Preventivamente, la Casa Rosada anticipó que si el fallo de la Cámara fuese desfavorable para las candidaturas testimoniales del oficialismo, el gobierno apelará a la Corte Suprema. Kirchner de ninguna manera quiere perder solo. Y no quiere ir a residir a Caracas; aspira a ir solamente de paseo.
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martes, 19 de mayo de 2009

César Albrisi y Susana Robledo en la Fundación Meditarránea


Ayer al mediodía, los principales candidatos a senador nacional expusieron sus puntos de vista en un almuerzo ofrecido por la Fundación Mediterránea. César Albrisi, candidato a senador en primer término por el Frente Es Posible estuvo presente y planteó una encendida defensa del federalismo. Albrisi concurrió acompañado por Susana Robledo, candidata a diputado nacional.

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Con la presencia de Alberto Rodríguez Saa, Es Posible presentó a sus candidatos

Quedo constituido en Córdoba el Frente Electoral "ES POSIBLE" orientado por el Gobernador de la Provincia de San Luis Cro. Alberto Rodriguez Saa, para participar en las elecciones del proximo 28 de junio, ver mas abajo.

Con miras en las elecciones del proximo 28 de junio quedo constituido en córdoba el Frente ES POSIBLE integrado por los partidos Accion para la República, Union de Centro Democrático y Es Posible, fuerza ésta orientada por el gobernador de San Luis y precandidato a la presidencia de la Nación para el 2011. Cro. Alberto Rodriguez Saa.

Dicho frente acordo que el Ing. Cesar Albrisi sea el precandidato a primer Senador Nacional, que el intendente de la ciudad de La Carlota Dr. Javier Pretto sea el candidato a Primer Diputado nacional y la fundadora del sindicato de amas de casa Susana Robledo como candidata a segunda Diputada Nacional.

La sede de campaña esta ubicada en la calle Rivadavia 238 de la ciudad de Córdoba, la misma fue inaugurada con la presencia del Cro. Rodriguez Saa el pasado viernes 15 de mayo, quien en el mismo acto proclamo a los candidatos del Frente ES POSIBLE.

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