domingo, 20 de diciembre de 2009

Ni Valenzuela es Braden ni Kirchner es Perón. Por Jorge Raventos




Cuando, un siglo atrás, la Argentina se preparaba para festejar el Primer Centenario, el país no carecía, por cierto, de conflictos, pero esas tensiones estaban enmarcadas en un movimiento de crecimiento general. La Argentina tenía un lugar en el mundo: en términos numéricos se contaba entre las diez naciones más ricas del planeta; centenares de miles de inmigrantes se integraban al país, trabajaban, se educaban y educaban a sus hijos, ascendían socialmente; impulsaban cambios políticos que dos años más tarde se cristalizarían en la Ley Saenz Peña y poco después, puestas las primeras vigas de la democracia electoral, en la asunción como presidente de un caudillo popular apoyado en los inmigrantes y el criollaje.

A escasos días de ingresar en el año del Segundo Centenario, el país parece lejos de lo que se vislumbraba un siglo atrás. Como resultado de una política que se autodefine impulsora de un “modelo productivo y de distribución”, la Argentina termina 2009 en recesión y con inflación y lo que verdaderamente se distribuye es la pobreza. Surge hasta de las estadísticas oficiales que, pese a que durante varios años el país vivió tiempos de vacas gordas gracias a los buenos vientos de la economía mundial, el 70 por ciento de la población argentina recibe hoy menos de 600 dólares por mes y la mitad de las 15 millones de personas que trabajan como empleados, por cuenta propia o como patrones ganan menos de $ 1.500 (unos 400 dólares) por mes. Esas mismas estadísticas informan que en estos años la riqueza se ha concentrado aún más en pocas manos. Lo dicen las cifras del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec): el segmento más rico gana 26,2 veces más dinero que los pobres. La brecha creció tres puntos del año pasado a este. En el segundo trimestre de este año el 10% más rico de la población se quedó con el 32,9% de los ingresos mientras que el 10% más pobre sólo se adueñó del 1,3% de los ingresos. ¿Modelo distributivo?

Bien: a principios del siglo XXI transitamos ya por lo que muchos analistas llaman “sociedad del conocimiento”. Se dice que “la educación es el nuevo nombre de la justicia social” o, lo que se parece: abrir el camino al conocimiento equivale a distribuir recursos de capital, y esto es más importante que repartir ingresos. ¿Será quizás eso lo que está pasando en esta Argentina? ¿Estaremos mal en materia de riqueza, pero al menos estaremos mejor en materia de educación? No exactamente. En las evaluaciones internacionales sobre educación el país aparece decayendo. Por ejemplo: el Programme for International Student Assessment (PISA), una prueba que promueve la Organización para la Cooperación Económica y Desarrollo, analiza cada tres años las capacidades y rendimiento de estudiantes de la escuela media de unos 60 países. En la última de esas pruebas, donde se midieron performances de alumnos de 57 países, Argentina quedó colocada en en el puesto 52 en matemática y en el 53 en lectura y comprensión de textos. En el año 2000, Argentina había alcanzado el puesto número 34 en matemáticas y el número 35 en comprensión de textos: en pocos años el descenso fue abismal. Hoy se encuentra por debajo de todos los países de América Latina.
No es para menos: el país incumple sistemáticamente la norma que establece que los alumnos deben tener un mínimo de 180 días de clase al año. Nuestros vecinos del Mercosur tienen más días de clase que la Argentina y además, la mayoría de sus alumnos asisten a escuelas de doble jornada. Así, el país retrocede en materia de distribución del ingreso y también en lo que hace a formación y educación. La escuela pública, que era un orgullo argentino en el primer centenario, se encuentra en decadencia. Tanto, que hasta amplios segmentos de sectores humildes, a costa de enormes esfuerzos, envían a sus hijos a escuelas privadas en su ansiosa búsqueda de garantizarles una educación adecuada.
Es aconsejable conocer adecuadamente los resultados reales del “modelo de producción y distribución”, porque es en nombre de esa performance que el gobierno justifica medidas que atropellan el derecho de propiedad, el federalismo y el equilibrio institucional. Fue arguyendo una mejor distribución que se confiscaron las cuentas jubilatorias individuales de millones de asalariados para fundirlas en el barril sin fondo de la ANSES y financiar con ese dinero desde consumos privados hasta aventuras como la televisación estatal del fútbol . Es en nombre de ese modelo que se consumó precipitadamente una ley de medios de finalidad expropiatoria y manipulatoria que los jueces empiezan ya a declarar inconstitucional.
No los rasgos invocados por el gobierno sino la naturaleza real del modelo – inflacionario, recesivo, fiscal y políticamente unitario, socialmente regresivo y distribuidor de pobreza- es lo que conduce al creciente aislamiento y al incremento de las acciones de fuerza y las brusquedades institucionales. Figuras destacadas del gobierno (desde el jefe de gabinete a la señora de Kirchner) han maltratado a la Justicia en los últimos días. El contador Aníbal Fernández desatendió, desobedeció y obstruyó una orden de un juez y usurpó funciones de la Justicia al asumir la postura de árbitro de constitucionalidad de los fallos de un magistrado y de la procedencia de las medidas de otro. La señora de Kirchner, fastidiada también por decisiones de los tribunales, imputó a los jueces dependencia “de poderes económicos”. El gobierno, acostumbrado a actuar con una suma de poderes, empieza a sentir la fuga: el Congreso, con su nueva integración, resistirá la condición de escribanía a la que el ejecutivo lo redujo durante varios años. Los jueces descubren que pueden ahora actuar con mayor margen. Algunos gobernadores saben ya que pueden devolver al poder central las extorsiones de las que han sido víctimas. El cordobés Juan Schiaretti, volviéndose fuerte desde la debilidad financiera a la que fue arrinconado por la concentración de recursos federales en la caja central, amenazó nuevamente con apelar a la emisión de bonos para pagar las obligaciones de la provincia. La Casa Rosada acudió enseguida y pagó sus deudas a los cordobeses para evitar esa medida –que quizás se vuelva inevitable muy pronto- , pues sabe que ese ejemplo sería emulado por otros distritos que tienen iguales dificultades.
Si los gobernadores empiezan a imaginar medidas de autodefensa, la actitud también es ensayada por muchos intendentes de la provincia de Buenos Aires: Néstor Kirchner ya empieza a sentir el frío a su alrededor.
La discrecionalidad del gobierno queda cada vez más acotada y se vuelve cada vez más notoria e irritante.
El gobierno, por su parte también se irrita. Al hacerlo, profundiza su aislamiento. Sobreactuó su reacción airada contra el enviado de Barack Obama, que osó hablar de lo obvio: la inseguridad jurídica. Desde Olivos imaginaron que pelearse coléricamente con el subsecreatrio de Asuntos Latinoamericanos de Estados Unidos podía ser políticamente redituable y buscaron entonces alguna reacción pavlovianamente “antiimperialista” en la opinión pública o, al menos, en la propia tropa. Sólo Hugo Moyano, algunos periodistas de Canal 7 u algunos intelectuales de Carta Abierta respondieron al estímulo. Fuera de eso, nada. Es que en Olivos deberían comprender que ni Arturo Valenzuela es Spruille Braden ni Néstor Kirchner es Perón. Ni el 2010 es el mítico 1945.
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Abel Posse y la ideología de la educación. Por Alberto Buela

El revuelo que ocasionó la designación del escritor Abel Posse como ministro de educación de la ciudad de Buenos Aires no cesa. Luego de diez días las furias desatadas de la educación vernácula no se detienen.
Así la policía del pensamiento, aquella cuyo mecanismo es demonizar para que el acusado se tenga que defender de aquello que no es, descargó todas sus baterías sobre el pobre Posse. Fascista e ignorante le espetó el filósofo oficial del kirchnerismo, José Pablo Feimann desde el diario Página 12, el de la izquierda ilustrada. Misógino y xenófobo le grita Silvina Gvirtz “educadora de la comunidad”. Incapaz y sin antecedentes en educación lo acusó el senador Daniel Filmus, quien en su momento tuvo el tupé de presentar el proyecto de “ley del armario” que preveía que los alumnos violentos y armados dejaran sus armas en el armario del colegio para retirarlas cuando salían de clase. ¡Eso si que es pericia o conocimiento en educación! Autoritario y funcionario de la última dictadura militar le gritan 3 de los 16 gremios de la educación porteña como UTE, Ctera y Ademys. A ellos se suman en una manifestación Hugo Yasky de la CTA, el Partido Comunista, el PTS (trabajadores socialistas), la organización Tupac Amaru, el MTL (mov. territorial de liberación).

Pero ¿qué tiene Posse para producir semejante jaleo(diría un gallego)?. Posse no es jefe de ninguna estructura política, ni partido ni asociación ni agrupación ni nada de nada. Él es él, como una especie de dios laico, que dice a través de todos sus escritos y de su propio trato: ego sum qui sum. Un egoísta lógico diría Max Scheler sobre el dios de Aristóteles: un pensamiento que se piensa a sí mismo. En una palabra, políticamente Posse no jode a nadie porque no puede construir ningún tipo de poder en torno suyo. Y entonces ¿por qué semejante reacción en su contra?

Acaso Posse es fascista?: No. Escribió alguna línea a favor del fascismo?: No. Fue funcionario de la dictadura?: No. Se expresó alguna vez contra los derechos humanos?: No. Está en contra del régimen democrático de partidos?: No. Propone el cambio del régimen de representatividad política distinto del de la democracia liberal?: No. Es peronista?: Él dice que sí, yo creo que es un conservador popular. Está en contra del normalismo sarmientino?: No, sino todo lo contrario. Es católico?: No se sabe, como Kirchner, siempre que puede le pega a la Iglesia.

Si esto que afirmamos es cierto, Posse no tendría que ofrecer ninguna resistencia a “lo políticamente correcto” porque él es una variante de ese tipo de pensamiento y entonces, viene acá la pregunta del millón: por qué semejante oposición hacia su designación como ministro de educación?
Y la respuesta la dio, sin darse cuenta, Eduardo López, secretario general de UTE (unión de trabajadores de la educación) cuando dijo: su designación más allá de lo que haga o diga Posse, rompe con los acuerdos y consensos básicos establecidos sobre lo que debe de ser la educación en la ciudad de Buenos Aires. (diario La Nación, 18/12/09).
A confesión de parte relevo de prueba, es decir que existe un pacto profundo entre todos aquellos que conforman la ideología de la educación, que ésta tiene que ser de determinada manera y no de otra. Este pacto secreto y profundo, este consenso entre los grupos de poder que manejan la educación en Argentina, es el que corre el riesgo de romperse con la designación de Posse, que ha sido como meter un pato en el gallinero, donde se espantaron todas las gallinas.
Mirado detenidamente, esta reacción desproporcionada nos lo ha descubierto, la única fuerza ideológica que viene funcionando homogéneamente en Argentina desde antes de la restauración democrática pero que se consolida con el gobierno de Alfonsín. Es la ideología de la educación cuya cabeza emblemática es la FLACSO y cuyos más conocidos ideólogos han sido, entre otros, los ex Ministros de educación Filmus, Tedesco, Narodowski, Oporto, Puiggros, Delich, Jorge Sábato y el actual Sileoni. Y los 1200 “educadores” que tiene como asesores hoy el ministerio de educación de la ciudad de Buenos Aires y otro tanto el ministerio nacional de educación “miles de burócratas que cobran fortunas sin estar un solo día frente a los alumnos” (sic: Prof. Víctor Zajdenberg).

Esta es la madre del borrego, con Posse se puede acabar “el curro de la educación”, porque se pueden caer los contratos que le dan de comer a una sarta de burócratas que jamás han estado al frente de una clase. Que se han pasado la vida produciendo informes que terminan en los sótanos del ministerio. Que no están en condiciones de dictar clase. Que viajan por el mundo haciendo turismo educacional a costilla del disminuido presupuesto del Estado. En definitiva, que no pueden dar razón de su existencia sino solo mintiendo a designio sobre aquello que hacen en su trabajo.
La reacción contra Posse es por una cuestión de dinero, que vienen manejando los ideólogos de la educación Argentina a gusto e piacere.
Estos ideólogos son los responsable de los 900.000 mil analfabetos jóvenes que tenemos en la provincia de Buenos Aires. Son los responsables que el Estado nacional no les haya podido entregar al finalizar el sexto grado primario el primer diploma que entrega todo Estado que se precie de tal: El del reconocimiento como ciudadano activo a partir de los 12 años.[1] Cuántos de estos pibes chorros que hoy pululan tienen su diploma primario? Ninguno. Cuántos de estos chicos no hubieran choreado teniendo su diploma? Más de uno. Es que ese diploma es la primera armadura ciudadana.
Los ideólogos de la educación son los responsable de haberle robado a tres generaciones de argentinos el reconocimiento de ser argentinos con todas las letras. Ese reconocimiento que antiguamente se les daba en un diploma de ciclo básico al aprobar tercer grado y que mi madre mostraba orgullosa colgado en la cocina de casa.
El progresismo, y los ideólogos de la educación son su quintaesencia, es el destructor más terrible del Estado-nación. Es el enemigo que vive de él y que termina por destruirlo, por desarmarlo, por quitarle su capacidad de reacción para que pueda poner freno al desmadre de la educación en nuestro país.

El peronismo, que será lo que se quiera pero que no come vidrio, ha guardado un distante silencio. Los muchachos ven que acá hay gato encerrado. Es cierto, varios de los gremios de la educación porteña que son peronistas no han reaccionado, pero tampoco han sido arrastrados en este rechazo desmesurado en contra de la designación de Posse.
Está en Posse abrir el juego y convocar a las fuerzas del campo nacional que están marginadas de la educación argentina, al menos desde la dictadura militar. No olvidemos que la FLACSO comenzó a funcionar en el país en 1975.
(*) arkequeta, eterno comenzante, mejor que filósofo
alberto.buela@gmail.com
[1] Es cierto que en cuanto nacemos nos dan un número de identidad y luego una cédula ya con foto pero el reconocimiento de formar parte de una nación, que no es otra cosa que el proyecto que un pueblo se da en la historia del mundo, se otorga con el primero de los títulos que es el finalizado de la escuela primaria. Es por ello que a contrario sensu de lo que piensan los ideólogos de la educación la escuela primaria tiene que ser breve seis o cuatro años, básica y elemental para que pronto el pibe se sienta formando parte de la nación.
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jueves, 17 de diciembre de 2009

Un ejemplo de lealtad y abnegación. Por Gonzalo Neidal


(Nota aparecida en La Mañana de Córdoba. Jueves 17 de diciembre de 2009)

Las actitudes del gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli, son firmes aspirantes al Guinness en el rubro lealtad. Muy pocas veces se ha visto en la política argentina tanta fidelidad de un hombre hacia otro, como en este caso de Scioli hacia Néstor Kirchner.
Pocos deben recordar que hacia el comienzo del gobierno de Néstor, cuando éste comenzó su campaña por la derogación de las leyes de obediencia debida y punto final, Scioli, vicepresidente a la sazón, hizo conocer públicamente su disconformidad sobre ese punto. Inmediatamente todos sus amigos, que estaban nombrados en la Secretaría de Deporte (cargo que Scioli ocupara durante la gestión Duhalde), fueron echados sin contemplaciones.

Cierta vez Scioli contó que, en ese momento, su desazón fue muy grande y que buscó el consejo de Raúl Alfonsín. El desaparecido líder radical le advirtió que, si quería llegar a ser algo en la política nacional, debía saber “comerse algunos sapos”, es decir, consentir algunas situaciones que lo disgustan profundamente pero cuya aceptación resulta ineludible para labrarse trabajosamente la buena voluntad de quienes manejan el poder efectivo.
Al parecer, Scioli tomó al pie de la letra ese astuto consejo de Alfonsín y fue compensado con la gobernación de la provincia de Buenos Aires en 2007. Luego, en 2008, y aunque pertenecía a una provincia en el que el agro cuenta con gran peso económico y político, fue uno de los más destacados representantes del gobierno nacional en su enfrentamiento con el sector rural. En ese momento fue famosa su frase “con la comida no se jode, carajo”, muy representativa de la posición que sostuvo.
Más tarde, Scioli aceptó ser un candidato testimonial, actitud ésta que no se corresponde con el perfil político e incluso ético que tan trabajosamente él mismo había elaborado a lo largo de todos estos años, desde que abandonó la motonáutica y se incorporó de lleno a otra carrera, tanto o más peligrosa: la política.
Muchos piensan que Scioli es un personaje pusilánime y carente de personalidad propia. Que hace lo que otros le dictan. Abonan esta tesis recordando que el gobernador de Buenos Aires abriga, en privado, criterios distantes de los que sostiene el gobierno nacional respecto de algunos temas como derechos humanos y represión al delito. Sostienen que dentro de este Scioli fervientemente kirchnerista, anida otro lleno de rebeldía y criterios más conservadores.
No estamos seguros de que sea efectivamente así.
De todos modos, si ello fuera verdad, el Scioli encubierto está aún muy lejos de la superficie, muy distante todavía de hacerse evidente al gran público. Estos días ha soportado estoicamente la deserción del gabinete de su propio hermano, uno de sus principales consejeros políticos, disconforme con la identificación del gobernador con el gobierno nacional cuya popularidad, en estos momentos, dista de ser exageradamente elevada.
Esta cercanía, y los peligros que ella encierra para Scioli, no es ignorada en las inmemdiaciones del propio gobernador. Una de sus principales espadas políticas, el Jefe de Gabinete Alberto Pérez, ha dicho recientemente que la impopularidad del gobierno no es algo rígido sino que puede revertirse. Y, para abonar esta tesis, recordó que luego del gobierno de De la Rúa, amplios sectores de argentinos pensaban que el radicalismo, luego de esa fallida experiencia, nunca más llegaría al poder. Sin embargo, dijo, Cobos está posicionado de un modo inmejorable con vistas a la renovación presidencial del 2011.
Claro que la teoría de Pérez tiene algunos puntos débiles. Por ejemplo, nos permitimos señalar que no es De la Rúa el que está posicionado. Al revés: el ex presidente ha desaparecido de la política nacional. Y de los radicales que tienen alguna expectativa de acceder al poder, ninguno reivindica su persona ni su gobierno.
Como sea, Scioli es un ejemplo de abnegación: posterga su propia proyección política en aras de una solidaridad suprema con el gobierno nacional.
¿Mantendrá esta posición hasta el final del mandato presidencial de la Sra. Kirchner o, tal como hizo Julio Cobos, se bajará del proyecto en alguna ocasión crítica?
Ni el propio Scioli tiene hoy una respuesta a este dilema.

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miércoles, 16 de diciembre de 2009

Discurso de José Mujica


(Discurso pronunciado por José Mujica el 29/04/2009, ante intelectuales, en el Palacio Legislativo)

Queridos amigos:
La vida ha sido extraordinariamente generosa conmigo.
Me ha dado un sinfín de satisfacciones más allá de lo que nunca me hubiera atrevido a soñar.
Casi todas son inmerecidas. Pero ninguna más que la de hoy: encontrarme ahora aquí, en el corazón de la democracia uruguaya, rodeado de cientos de cabezas pensantes.
¡Cabezas pensantes! A diestra y siniestra.
Cabezas pensantes a troche y moche, cabezas pensantes pa’ tirar pa’ arriba.
¿Se acuerdan de Rico Mac Pato, aquel tío millonario del pato Donald que nadaba en una piscina llena de billetes?
El tipo había desarrollado una sensualidad física por el dinero.
Me gusta pensarme como alguien que le gusta darse baños en piscinas llenas de inteligencia ajena, de cultura ajena, de sabiduría ajena.

Cuanto más ajena, mejor.

Cuanto menos coincide con mis pequeños saberes, mejor.

El semanario BÚSQUEDA tiene una hermosa frase que usa como insignia: “Lo que digo no lo digo como hombre sabedor, sino buscando junto con vosotros”.

Por una vez estamos de acuerdo.

¡Si estaremos de acuerdo!

Lo que digo, no lo digo como chacarero sabiondo, ni como payador leído, lo digo buscando con ustedes.

Lo digo, buscando, porque sólo los ignorantes creen que la verdad es definitiva y maciza, cuando apenas es provisoria y gelatinosa.

Hay que buscarla porque anda corriendo de escondite en escondite.

Y pobre del que emprenda en soledad esta cacería.

Hay que hacerlo con ustedes, con los que han hecho del trabajo intelectual la razón de su vida. Con los que están aquí y con los muchos más que no están.

DE TODAS LAS DISCIPLINAS

Si miran para el costado van a encontrar seguramente algunas caras conocidas porque se trata de gente que se desempeña en espacios de trabajo afines. Pero van a encontrar mucho más caras que les son desconocidas, porque la regla de esta convocatoria ha sido la heterogeneidad.

Aquí están los que se dedican a trabajar con átomos y moléculas y los que se dedican a estudiar las reglas de la producción y el intercambio en la sociedad.

Hay gente de las ciencias básicas y de su casi antípoda, las ciencias sociales; gente de la biología y del teatro, y de la música, de la educación, del derecho y del carnaval.

Y en tren de que no falte nada, hay gente de la economía, de la macroeconomía, de la microeconomía, de la economía comparada y hasta alguno de la economía doméstica.

Todas cabezas pensantes, pero que piensan en distintas cosas y pueden contribuir desde sus distintas disciplinas a mejorar este país.

Y mejorar este país significa muchas cosas, pero desde los acentos que queremos para esta jornada, mejorar el país significa empujar los complejos procesos que multipliquen por mil el poderío intelectual que aquí esta reunido.

Mejorar el país, significa que dentro de veinte años, para un acto como este no alcance el Estadio Centenario, porque al Uruguay le salen ingenieros, filósofos y artistas hasta por las orejas.

No es que queramos un país que bata los récords mundiales por el puro placer de hacerlo.

Es porque está demostrado que, una vez que la inteligencia adquiere un cierto grado de concentración en una sociedad, se hace contagiosa.

INTELIGENCIA DISTRIBUIDA

Si un día llenamos estadios de gente formada va a ser porque afuera, en la sociedad, hay cientos de miles de uruguayos que han cultivado su capacidad de pensar.

La inteligencia que le rinde a un país es la inteligencia distribuida.

Es la que no está sólo guardada en los laboratorios o las universidades, sino la que anda por la calle.

La inteligencia que se usa para sembrar, para tornear, para manejar un autoelevador o para programar una computadora.

Para cocinar, para atender bien a un turista, es la misma inteligencia.

Unos subirán más escalones que otros, pero es la misma escalera.

Y los peldaños de abajo son los mismos para la física nuclear que para el manejo de un campo. Para todo se precisa la misma mirada curiosa, hambrienta de conocimiento y muy inconformista.

Se termina sabiendo, porque antes supimos estar incómodos por no saber.

Aprendemos porque tenemos picazón y eso se adquiere por contagio cultural, casi cuando abrimos los ojos al mundo.

Sueño con un país en el que los padres le muestren el pasto a los hijos chicos y le digan: “¿Sabés qué es eso?, es una planta procesadora de la energía del sol y de los minerales de la tierra”.

O que les muestren el cielo estrellado y hagan piecito en ese espectáculo para hacerlos pensar en los cuerpos celestes, en la velocidad de la luz y en la transmisión de las ondas.

Y no se preocupen, que esos uruguayos chicos igual van a seguir jugando al fútbol. Sólo que, en una de esas, mientras ven picar la pelota puedan pensar a la vez en la elasticidad de los materiales que la hacen rebotar.

CAPACIDAD DE INTERROGARSE

Había un dicho: “No le des pescado a un niño, enséñale a pescar”.

Hoy deberíamos decir: “No le des un dato al niño, enséñale a pensar”.

Tal como vamos, los depósitos de conocimiento no van a estar más dentro de nuestras cabezas, sino ahí afuera, disponibles para buscarlos por Internet.

Ahí va a estar toda la información, todos los datos, todo lo que ya se sabe.

En otras palabras, van a estar todas las respuestas.

Lo que no van a estar son todas las preguntas.

En la capacidad de interrogarse va a estar la cosa.

En la capacidad de formular preguntas fecundas, que disparen nuevos esfuerzos de investigación y aprendizaje.

Y eso está allá abajo, marcado casi en el hueso de nuestra cabeza, tan hondo que casi no tenemos conciencia. Simplemente aprendemos a mirar el mundo con un signo de interrogación, y esa se vuelve la manera natural de mirar el mundo.

Se adquiere temprano y nos acompaña toda la vida.

Y sobre todo, queridos amigos, se contagia.

En todos los tiempos, han sido ustedes, los que se dedican a la actividad intelectual, los encargados de desparramar la semilla.

O para decirlo con palabras que nos son muy queridas: ustedes han sido los encargados de encender la admirable alarma.

Por favor, vayan y contagien.

¡No perdonen a nadie!

Necesitamos un tipo de cultura que se propague en el aire, entre en los hogares, se cuele en las cocinas y esté hasta en el cuarto de baño.

Cuando se consigue eso, se ganó el partido casi para siempre. Porque se quiebra la ignorancia esencial que hace débiles a muchos, una generación tras otra.


EL CONOCIMIENTO ES PLACER

Necesitamos masificar la inteligencia, primero que nada para hacernos productores más potentes. Y eso es casi una cuestión de supervivencia.

Pero en esta vida, no se trata sólo de producir: también hay que disfrutar.

Ustedes saben mejor que nadie que en el conocimiento y la cultura no sólo hay esfuerzo sino también placer.

Dicen que la gente que trota por la rambla, llega un punto en el que entra en una especie de éxtasis donde ya no existe el cansancio y sólo queda el placer.

Creo que con el conocimiento y la cultura pasa lo mismo.

Llega un punto donde estudiar, o investigar, o aprender, ya no es un esfuerzo y es puro disfrute.

¡Qué bueno sería que estos manjares estuvieran a disposición de mucha gente!

Qué bueno sería, si en la canasta de la calidad de la vida que el Uruguay puede ofrecer a su gente, hubiera una buena cantidad de consumos intelectuales.

No porque sea elegante sino porque es placentero.

Porque se disfruta, con la misma intensidad con la que se puede disfrutar un plato de tallarines.

¡No hay una lista obligatoria de las cosas que nos hacen felices! Algunos pueden pensar que el mundo ideal es un lugar repleto de shopping centers.

En ese mundo la gente es feliz porque todos pueden salir llenos de bolsas de ropa nueva y de cajas de electrodomésticos…

No tengo nada contra esa visión, sólo digo que no es la única posible.

Digo que también podemos pensar en un país donde la gente elige arreglar las cosas en lugar de tirarlas, elige un auto chico en lugar de un auto grande, elige abrigarse en lugar de subir la calefacción.

Despilfarrar no es lo que hacen las sociedades más maduras. Vayan a Holanda y vean las ciudades repletas de bicicletas. Allí se van a dar cuenta de que el consumismo no es la elección de la verdadera aristocracia de la humanidad. Es la elección de los noveleros y los frívolos.

Los holandeses andan en bicicleta, las usan para ir a trabajar pero también para ir a los conciertos o a los parques. Porque han llegado a un nivel en el que su felicidad cotidiana se alimenta tanto de consumos materiales como intelectuales.

Así que amigos, vayan y contagien el placer por el conocimiento. En paralelo, mi modesta contribución va a ser tratar de que los uruguayos anden de bicicleteada en bicicleteada…


INCONFORMISMO

Les pedía antes que contagien la mirada curiosa del mundo, que está en el ADN del trabajo intelectual.

Y ahora agrando el pedido y les ruego que contagien inconformismo.

Estoy convencido que este país necesita una nueva epidemia de inconformismo como la que los intelectuales generaron décadas atrás.

En el Uruguay, los que estamos en el espacio político de la izquierda somos hijos o sobrinos de aquel semanario Marcha del gran Carlos Quijano.

Aquella generación de intelectuales se había impuesto a sí misma la tarea de ser la conciencia crítica de la nación.

Anduvieron con alfileres en la mano pinchando globos y desinflando mitos.

Sobre todo el mito del Uruguay multicampeón.

Campeón de la cultura, de la educación, del desarrollo social y de la democracia.

¡Qué íbamos a ser campeones de nada!

Y menos en esos años, en las décadas de los cincuenta y sesenta, donde el único récord que supimos conseguir fue la del país de Latinoamérica que menos creció en veinte años.

Sólo nos superó Haití en ese ranking.

Esos intelectuales ayudaron a demoler aquel Uruguay de la siesta conformista.

Con todos sus defectos, preferimos esta etapa, donde estamos más humildes y ubicados en la real estatura que tenemos en el mundo.

Pero tenemos que recuperar aquel inconformismo y tratar de metérselo debajo de la piel al Uruguay entero.

Antes les decía que la inteligencia que le sirve a un país es la inteligencia distribuida.

Ahora les digo que el inconformismo que le sirve a un país es el inconformismo distribuido.

El que ha invadido la vida de todos los días y nos empuja a preguntarnos si lo que estoy haciendo no se puede hacer mejor.

El inconformismo está en la naturaleza misma del trabajo que ustedes hacen.

Se precisa que se nos haga a todos una segunda naturaleza.

Una cultura del inconformismo es la que no nos deja parar hasta conseguir más kilos por hectárea de trigo o más litros por vaca lechera.

Todo, absolutamente todo, se puede hacer hoy un poco mejor que ayer.

Desde tender la cama de un hotel a matrizar un circuito integrado.

Necesitamos una epidemia de inconformismo. Y eso también es cultural, eso también se irradia desde el centro intelectual de la sociedad a su periferia.

Es el inconformismo el que ha ganado el respeto a pequeñas sociedades y a lo que hacen.

Ahí andan los suizos, cuatro gatos locos como nosotros, que se dan el lujo de andar por ahí vendiendo calidad suiza o precisión suiza.

Yo diría que lo que de verdad venden es inteligencia e inconformismo suizos, ese que tienen desparramado por toda la sociedad.


LA EDUCACION ES EL CAMINO

Y amigos, el puente entre este hoy y ese mañana que queremos tiene un nombre y se llama educación.

Y mire que es un puente largo y difícil de cruzar.

Porque una cosa es la retórica de la educación y otra cosa es que nos decidamos a hacer los sacrificios que implica lanzar un gran esfuerzo educativo y sostenerlo en el tiempo.

Las inversiones en educación son de rendimiento lento, no le lucen a ningún gobierno, movilizan resistencias y obligan a postergar otras demandas.

Pero hay que hacerlo.

Se lo debemos a nuestros hijos y nietos.

Y hay que hacerlo ahora, cuando todavía está fresco el milagro tecnológico de Internet y se abren oportunidades nunca vistas de acceso al conocimiento.

Yo me crié con la radio, vi nacer la televisión, después la televisión en colores, después las transmisiones por satélite.

Después resultó que en mi televisor aparecían cuarenta canales, incluidos los que trasmitían en directo desde Estados Unidos, España e Italia.

Después los celulares y después la computadora, que al principio sólo servía para procesar números.

Cada una de esas veces, me quedé con la boca abierta.

Pero ahora con Internet se me agotó la capacidad de sorpresa.

Me siento como aquellos humanos que vieron una rueda por primera vez.

O como los que vieron el fuego por primera vez.

Uno siente que le tocó en suerte vivir un hito en la historia.

Se están abriendo las puertas de todas las bibliotecas y de todos los museos; van a estar a disposición, todas las revistas científicas y todos los libros del mundo.

Y probablemente todas las películas y todas las músicas del mundo.

Es abrumador.

Por eso necesitamos que todos los uruguayos y sobre todo los uruguayitos sepan nadar en ese torrente.

Hay que subirse a esa corriente y navegar en ella como pez en el agua.

Lo conseguiremos si está sólida esa matriz intelectual de la que hablábamos antes.

Si nuestros chiquilines saben razonar en orden y saben hacerse las preguntas que valen la pena.

Es como una carrera en dos pistas, allá arriba en el mundo el océano de información, acá abajo preparándonos para la navegación trasatlántica.

Escuelas de tiempo completo, facultades en el interior, enseñanza terciaria masificada.

Y probablemente, inglés desde el preescolar en la enseñanza pública.

Porque el inglés no es el idioma que hablan los yanquis, es el idioma con el que los chinos se entienden con el mundo.

No podemos estar afuera. No podemos dejar afuera a nuestros chiquilines. Esas son las herramientas que nos habilitan a interactuar con la explosión universal del conocimiento.

Este mundo nuevo no nos simplifica la vida, nos la complica.

Nos obliga a ir más lejos y más hondo en la educación.

No hay tarea más grande delante de nosotros.


EL IDEALISMO AL SERVICIO DEL ESTADO

Queridos amigos, estamos en tiempos electorales. En benditos y malditos tiempos electorales.

Malditos, porque nos ponen a pelear y a correr carreras entre nosotros.

Benditos, porque nos permiten la convivencia civilizada. Y otra vez benditos, porque con todas sus imperfecciones, nos hacen dueños de nuestro destino.

Aquí todos aprendimos que es preferible la peor democracia a la mejor dictadura.

En los tiempos electorales, todos nos organizamos en grupos, fracciones y partidos, nos rodeamos de técnicos y profesionales, y desfilamos frente al soberano.

Hay adrenalina y entusiasmo.

Pero después, alguien gana y alguien pierde.

Y eso no debería ser un drama.

Con unos o con otros, la democracia uruguaya seguirá su camino e irá encontrando las fórmulas hacia el bienestar. Nos toque el lugar que nos toque, allí vamos a estar tratando de poner el hombro.

Y estoy seguro de que ustedes también.

La sociedad, el Estado y el Gobierno precisan de sus muchos talentos.

Y precisan aún más de su actitud idealista.

Los que estamos aquí, nos acercamos a la política para servir, NO para servirnos del Estado.

La buena fe es nuestra única intransigencia. Casi todo lo demás es negociable.

Gracias por acompañarme.

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domingo, 13 de diciembre de 2009

Don Abel Posse y la educación. Por Claudio Chaves

El ingeniero Macri, finalmente, ha decido pelear. Abrumado por la guerra que la izquierda portuaria le ha declarado por estos días no esperó más y dio un paso de gigante. Nombró a Abel Posse en educación. ¡Muy bien!
Ha elegido el territorio del progresismo para confrontar y eso es excelente. Desde el retorno de la democracia la educación ha sido un reducto de intelectuales y pedagogos afines a Flacso es decir a un izquierdismo a la violeta. Eruditos “bien pensantes”. Obvios por el lugar se los mire. Sin creatividad. Que se vienen repitiendo desde hace más de cuarenta años. Enamorados de sus palabras y sus sonidos. Como quien se observa, embelesado, en un salón lleno de espejos. Los pergaminos y los oros que supuestamente han adquirido en esa casa de estudios no lograron impedir la decadencia educativa de la cual ellos son los principales responsables. Pero no se dan por enterados siguen pontificando desde sus catedrales hueras, vaciadas de realidad.
La jauría rabiosa del pensamiento obvio ha entendido el mensaje del gobierno capitalino y comenzó el ataque: Ibarra, Filmus, Nenna, Aníbal Fernández son los primeros de una larga fila de irresponsables que con su accionar han hundido la educación del país y ahora pontifican sabihondos sobre la escuela, los jóvenes y la delincuencia.
Se olvida el Senador Filmus cuando siendo funcionario de educación recomendaba crear en cada escuela una sala de armas a cargo del Director para que los alumnos dejaran allí sus revólveres y pistolas y las retiraran al salir.
¿Donde estaban los gremios docentes cuando este alienado planteó semejante disparate?
¿El concejal Ibarra recuerda como cuidó a los jóvenes en Cromagnon?
Verdaderamente vamos a estar peor si estos personajes ganaran la batalla ideológica a la que nos invita Don Abel.
¡Ha llegado la hora de confrontar! ¡Urge hablar claro! ¡Hagámoslo!
Ellos, los progres saben que en este debate se juegan muchas cosas: el destino de la educación argentina nada menos, y además el prestigio fementido de sus títulos y la posibilidad cierta que por algunos años queden fuera del sistema educativo por tontos y desubicados. Como corporación se van a defender con uñas y dientes. Despezando a dentelladas a uno de los más importantes intelectuales argentinos.
Nos veremos entonces en la contienda. El pensamiento sano, sensato y profundamente criollo deberá, finalmente, prevalecer.
A ese territorio hostil ingresa Don Abel. Va a necesitar mucha ayuda y apoyo. Los argentinos de bien debemos dárselo.
Ha dado los primeros machetazos en la enmarañada selva del progresismo. Sus opiniones sobre el sindicalismo docente y la extorsión a la que someten a la sociedad argentina ha encabritado a los gremios poniéndolos en estado de alerta.
Su opinión sobre vocación, deberes y derechos de docentes y alumnos ha sacudido a la adormecida familia educativa. ¡Es que habla de cosas que están en la cabeza de todos! De lo corriente, de lo cotidiano. ¿Por que el revuelo? Por que lo sensato es antidemocrático para la corporación educativa.
Su artículo en La Nación del 10 de diciembre ha colocado en tensión a la sociedad. Habla claro y molesta. En esa nota pone el dedo en una llaga que sangra y huerfaniza a la sociedad y nadie hace nada. Gobierno y oposición. Callan. Se ocultan tras frases altisonantes sobre la injusticia de una sociedad desigual y malvada. Y sobre niños abandonados a la violencia de la droga y de la calle. ¡Todo cierto! Ahora ¿eso justifica a delincuentes devenidos en asesinos perversos y malvados? ¡Corresponde desrresponsabilizarlos? De eso nos habla Don Abel y más. De como acabar con la delincuencia. Vale la pena leerlo y releerlo.
Si Abel está dispuesto al combate va a encontrar ayuda en muchos argentinos. Porque lo que hace falta en este país es que se hable claro y él lo ha hecho. Cuando esto ocurre hay seguidores.
Posse debe conformar un equipo de gestión política. Urge para el éxito de su gestión. No puede quedarse con el de Narodowski porque eso no era un grupo homogéneo educado en una visión compartida de la escuela.
Son profesionales aislados, sin orientación política, sin compromisos con un proyecto educativo, por otro lado, jamás explicitado. Salidos gran parte del sistema fueron convocados por eso: por pertenecer al sistema como si eso fuese un valor en sí mismo.
Y aquí llegamos a otro acierto
Quizás el más interesante. Don Abel, hombre de bien, de luces y de criterio no viene de la estructura corporativa de la educación. No tiene ataduras ni vicios. Si Macri sostiene y la sociedad capitalina banca el futuro está garantizado. De no ser así volveremos a la mediocridad de las aulas, saturadas de frustración. Y Don Abel habrá pasado como un ventarrón de frescura en una atmósfera putrescente.




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Posse y la policía del pensamiento. Por Alberto Buela



El nombramiento de Abelardo Parentini, alias Abel Posse, como ministro de educación de la ciudad de Buenos Aires puso en funcionamiento una vez más a la policía del pensamiento de lo política y culturalmente correcto.Saltaron como leche hervida en primer lugar el jefe del gabinete nacional, equivalente al primer ministro en Europa, quien en el mayor diario de la clase media argentina, La Nación, escribió: Posse miente y lo hace adrede. Tergiversa, oculta, engaña. Con lenguaje pomposo y edulcorado, intenta una y otra vez la prédica autoritaria”(11-12-09). También el senador de la ciudad de Buenos Aires por “la colectividad”, Daniel Firmus, como un nuevo Catón afirmó: Su trayectoria en defensa de la dictadura militar, sus declaraciones contra los derechos humanos y su intolerancia con los docentes. lo hace inepto para el cargo.
El ignoto ministro de educación de la Nación, un tal Sileoni(en dos años nunca apareció su nombre en los diarios) afirmó: tiene un pensamiento anacrónico situado a la derecha. Claudio Pressman, legislador radical dijo: es un apologista de la dictadura militar. Finalmente los gremios, no los dieciséis de educadores que hay en la Capital Federal pero sí tres o cuatro afirman: que no puede ser ministro de educación quien llama cobardes a los que defienden la educación. Nenna, ahora legislador de la ciudad y antes sindicalista de Ctera afirmó: Fue funcionario de la dictadura militar. A partir de estas acusaciones los medios de comunicación se sumaron a la intriga, preguntándole al propio interesado como era su relación con la Dictadura militar y cosas por el estilo. Y si bien no quedó ninguna acusación pendiente, Posse tuvo que responder y eso ya es grave, porque tuvo que responder por lo que no es. Y este es el mecanismo perverso de la policía del pensamiento: Nos obliga a responder por lo que no somos.
De estas reacciones algunas más virulentas que otras podemos sumar una veintena más. Pero para muestra alcanza con este botón.

Cualquier persona con dos dedos de frente no puede creer ni de lejos lo que se dice de Posse. Estas son mentiras a designio, como confesó Sarmiento cuando escribió el Facundo contra Rosas.
Es que Posse es un escritor y ensayista reconocido como brillante, por amigos y enemigos, tanto en nuestro medio como en el exterior, y además él por sí es un representante genuino de aquello que se llamó en el siglo XVIII, la República de las Letras, hombres que tenían trompada libre para decir lo que querían sin ser molestados por el poder.
A Posse, hablando en criollo, no se le pueden tocar el culo ni con una caña y no es un estulto para cometer los errores y deslices como dicen que cometió. El tema es que Posse piensa distinto, diferente a lo que piensan los ideólogos de la educación (la FLACSO e tutti li quanti) quienes son los grandes responsables desde la restauración democrática (1983) para acá del fracaso más absoluto y rotundo en la educación de los niños y jóvenes de Argentina.[1]
El es un pensador alternativo, no conformista que encuentra las razones de las sinrazones que pasan desapercibidas para la mayoría de los llamados intelectuales.

Los policías del pensamiento son antes que nada pseudos intelectuales orgánicos del sistema democrático de partidos, de la denominada partidocracia. Último eslabón en la decadencia democrática. Su reacción es siempre producto de la defensa de sus intereses económicos y profesionales, nunca el bien común y ni por asomo el bien del otro, del próximo, del prójimo, de conciudadano, del vecino.

Los policías del pensamiento reaccionan demonizando de oficio a todo aquel que ose inmiscuirse en algunos de los ámbitos de sus intereses profesionales. En el caso de la educación la policía del pensamiento funciona de una manera solidaria, monolítica y completa.
Solidaria porque convergen ante una irrupción como la de Posse (un pato en el gallinero diría Castellani) sin distinción de banderías políticas, de liberales a marxistas. Monolítica porque lo hacen desde los gremios de ordenanzas hasta el de los investigadores y completa porque lo agraden a quien irrumpió por todos los costados, aspectos y matices de su personalidad y de su historia personal y profesional, hasta destruirlo por completo.
Este tarea de demolición de los policías del pensamiento nunca deja heridos siempre muertos, obviamente muertos intelectuales, que sino los pueden matar, los corrompen.

El caso emblemático de funcionamiento de la policía del pensamiento dentro de la educación argentina fue el de Osvaldo Magnasco(1864-1920) ministro de educación de Roca y creador del proyecto de enseñanza secundaria en la Argentina moderna, a quien el diario La Nación le negó hasta su aviso fúnebre porque tuvo la osadía de confrontar intelectualmente con Mitre con motivo de su traducción de la Divina Comedia. [2] Su figura ha sido silenciada hasta nuestros días.

Hace un par de años la CGT me propuso en forma manuscrita y con la firma del secretario general para ser director de la Biblioteca Nacional, al mencionarlo públicamente el secretario de cultura Di Tella, fueron, al otro día, miembros de “la colectividad” a decirle a Moyano que yo no era peronista sino de extrema derecha. Un día después el director nacional de música, también paisano, me llamó para decirme que si bajaba las pretensiones podían ubicarme en otro cargo, pues el de director ya estaba, por ellos, pensado para otro.
Quiere decir que si les permitía actuar a piacere y hacer sus planes dejaba de ser de extrema derecha para volver a ser peronista, y además rentado.
Así actúa la policía del pensamiento.

Hace tres meses lo echaron al excelente y honesto profesor Moreno como director del Archivo Nacional porque se negó a firmar un crédito para poder decidir sin trabas por 21 millones de pesos cuando con un poco más de 100.000 dólares se arreglaba el problema del Archivo. Claro está, los policías del pensamiento siempre tienen funcionarios ejecutores a mano como en este caso el Secretario de Interior Marcio Barbosa o el mismo ministro conocido desde hace años como “el valijero de Mércuri”, quienes prontamente liquidan al disidente (y a mi que lo defendì).
También así actúa la policía del pensamiento.

Ante la policía del pensamiento la mejor defensa es llevar a cabo políticas públicas abiertas y transparentes, pues la claridad, la luz, la transparencia, la honestidad son la mejor defensa ante el juego de las logias y los poderes indirectos a los que sirve la policía del pensamiento, pues estos poderes actúan de forma tal que la decisión se toma antes que la deliberación, y es por ello que los ideólogos de la educación tienen como metodología la realización de congresos donde se lleva a cabo la parodia de la deliberación, el simulacro de deliberar, pues en dichos congresos siempre las decisiones se toman antes.
Repetimos, la única posibilidad de desarmar este mecanismo perverso es actuar públicamente con claridad de pensamiento y acción, pues a la mentira sistemática solo la verdad dicha en forma clara y precisa se opone.


(*) arkegueta, aprendiz constante, mejor que filósofo
aberto.buela@gmail.com
[1] Los integrantes del grupo "Bremen" que tenemos 49 años en el sistema educativo, conocemos a esos paladines del "relativismo vacío", que vaciaron de contenidos a la educación, que alguna vez fue orgullo y ejemplo para el mundo.(Jorge Jurado, educador)
“Comparto plenamente las aseveraciones sobre la mafia educativa de los alcahuetes de la pedagogía vernácula, conducidas desde ese antro que es la Flacso. Podemos citar muchos nombres de esa entente, como ser: Filmus, Sileoni, Oporto, Tedesco, Puiggros, etc. Que desde 1984 hasta la fecha vienen destruyendo la educación copiando y mal, ideas desdeñadas en otras regiones del orbe, chupándole las medias a cuanto organismo internacional sugiere fórmulas para mejorar la educación”.(Ricardo Micheli, educador)
[2] Se sabe que Mitre no era descendiente de italianos sino de macedonios, mitrovski era su apellido, que nació en Montevideo y su padre no hablaba una sola palabra en italiano y muy mal es castellano. De modo que su traducción es ad sensu. Al respecto existe una anécdota que dice que en una ocasión la va a visitar Lucio V. Mansilla, quien le pregunta: ¿qué está haciendo General?. Ya lo ve m´hijo, he dejado la espada y he tomado la pluma para traducir la Divina Comedia del Dante. A lo que respondió el chispeante Masilla: Hace muy bien General, hay que joderlos a estos gringos.
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La utopía del "país normal". Por Jorge Raventos

A principios de este milenio, importando (sin pagar licencia) una consigna del travestido comunismo italiano, Carlos “Chacho” Alvarez proponía como objetivo de -¿se acuerdan?- la Alianza , hacer de la Argentina : “un país normal”. Aunque él lo ignorase, Alvarez se inscribía con ese lema en lo que Jorge Asís (en rigor, la licenciada Carolina Mantegari, su sombra) denomina “el ineludible autocolonialismo cultural”, una acendrada vocación de sectores de la intelligentzia predispuestos a copiar frases y fórmulas surgidas de otras experiencias y a practicar la autoincriminación nacional. Proponer la “normalización” del país equivale, si bien se mira, a diagnosticar una enfermedad, una excepcionalidad argentina y a recetar consecuentemente una terapia específica para “anormales”.
Es cierto, los argentinos tenemos nuestras extravagancias: aquí se han secuestrado o mutilado cadáveres ilustres y se ha hecho un paralelo culto de los muertos; se ha ametrallado o atormentado a líderes gremiales, militares, estudiantes o guerrilleros; aquí se ha instaurado el “matrimonialismo” como modelo de ejercicio presidencial y se invoca la equidad social para justificar un brutal proceso de centralización y concentración de la riqueza. Pero “anormalidad”… ¿por comparación con quién?, podría preguntarse. Veamos: ¿con países donde presidentes o primeros ministros mueren asesinados, como Estados Unidos o Suecia, o donde ex presidentes mueren envenados, como hoy se sospecha que le ocurrió a Eduardo Frei Montalva en Chile? ¿La comparación es quizás con ese país hermano en el que un ex sacerdote y hombre de ideas progresistas a poco de asumir la presidencia se ha visto enfrentado a la existencia de un número extenso (y creciente) de hijos surgidos de diversas relaciones obviamente extramatrimoniales? ¿Con la Italia del mismísimo Silvio Berlusconi, criticado desde algunos medios por sus fiestas zafadas y sus escorts? ¿Con la Francia donde el ministro de Cultura, sobrino de un ex presidente, exalta el turismo sexual a destinos exóticos? En fin, la lista podría continuarse hasta agotar el catálogo de miembros de las Naciones Unidas: hay una inconducente falta de perspectiva en esa inclinación a atribuir a algún metafísico mal nacional los problemas que el país afronta cuando debe abordar los desafíos de progresar, de vincularse con el mundo o de hacerse cargo de las transformaciones de la época.
Conviene, más bien, registrar sin disimulos ni subterfugios los problemas a resolver y hacerlo con pensamiento propio, en lugar de esconderse tras anteojos ajenos o excusas ideológicas.
Abel Parentini Posse es un reconocido intelectual y un polemista sin pelos en la lengua. Se podrá adscribir o no a muchas de sus afirmaciones, pero lo que no puede negarse es que su estilo, lejos de inscribirse en la línea insípida y esterilizada de lo “políticamente correcto”, se ubica en la estirpe sanguínea, atrevida y provocativa que ejercitaron los mejores pensadores de la Argentina, de Sarmiento y Alberdi a Leopoldo Lugones o Arturo Jauretche, de José Hernández y Olegario Andrade a Ramón Doll o Rogelio Frigerio.
Esta semana, en un movimiento inesperadamente audaz , Mauricio Macri designó a Posse ministro de Educación de la Ciudad de Buenos Aires, en lugar de Mariano Narodowsky, un técnico prolijo que, pese a moderar sus posturas pedagógicas más filosas para no chocar frontalmente con el establisment educativo y gremial, terminó siendo empujado fuera de su cartera con una rocambolesca historia de espionaje destinada en principio a descalificar la instauración de la policía porteña.
Era esperable que la figura de Posse suscitara el rechazo de los sectores dominantes en el sistema educativo. Resulta interesante observar que ese rechazo asumió la intención de una proscripción ideológica, se pareció al deseo de instaurar una suerte de delito de opinión.
“Mussolini y Hitler son un poroto al lado de este personaje”, aventuró un gremialista y legislador kirchnerista, Francisco Nenna. Después de esa moderada analogía, concluyó que Posse “es un personaje nefasto que no puede estar al frente de un sistema educativo”
“Tendría que responder por qué fue diplomático en la dictadura militar”- increpó sin demasiada coherencia el secretario general de uno de los gremios docentes , Manuel Gutiérrez. Esa pregunta podría hacérsela a los afiliados a su sindicato, y los maestros y profesores que siguieron en sus puestos durante los años del Proceso le responderían, con toda lógica, que no querían abandonar la profesión para la que se formaron. ¿Sería ese un crimen, acaso?
El barullo alrededor de Posse se generó porque el flamante ministro porteño había dicho por los medios algunas cosas que sus opositores prefirieron adjetivar antes que discutir. Por ejemplo, Posse, interrogado sobre el tema de la seguridad, afirmó que “en nuestro país el gatillo fácil lo tienen los delincuentes”, que “reprimir es obligación del Estado” y que “cuando se asesina disparando sobre alguien indefenso, a los 14 o 16 años, no hay niño que valga, la entidad ‘asesino’ prevalece sobre la entidad biológica”. Esos juicios, que para dirigentes como Nenna o Gutiérrez convierten a Posse en alguien peor que Hitler y para algunos columnistas expresan “una derecha rancia”, pueden ser minoritarias en los círculos bienpensantes pero reflejan con enorme nitidez lo que opinan amplísimos sectores del popolo minuto, que es la víctima principal de la delincuencia y el que más sufre la “sensación de inseguridad”, para decirlo con la célebre frase de Aníbal Fernández. “¿Qué cantidad de poder tendrá que tener el futuro gobierno democrático después de la demolición institucional de los K y la anarquización, desjerarquización e indisciplina que van de la misma familia, al colegio, a la universidad?”, se preguntó el futuro ministro de Educación.
Se refirió también a cierta acción gremial de los sindicatos docentes, quejándose de quienes “negocian sobre los chicos, que es como ponerles un revolver en la cabeza”. La imagen podrá sonar fuerte, pero no está mal que un ministro de Educación recuerde que el centro y el objetivo del sistema son los niños y su formación, y que a ese objetivo deben subordinarse todos los medios disponibles.
La situación general y la jerarquía de valores están tan desquiciadas que hablar desde el sentido común parece una desmesura.
El movimiento que llevó a Mauricio Macri a designar a Posse pareció formar parte de un giro más amplio del jefe porteño: sus principales designaciones de mitad de mandato estuvieron ligadas a una mayor politización de su gabinete, hasta ahora caracterizado más bien por lo técnico y por la ilusión de una gestión neytral y eficaz. Además de Posse, Macri incorporó como ministro a Diego Santilli, una expresión del peronismo dentro del Pro. Si se recuerda que Posse forma parte del Movimiento Productivo Argentino que orienta Eduardo Duhalde y fue acercado al jefe de gobierno por Ramón Puerta, una de las primeras espadas del peronismo federal, habrá que deducir que Macri encara la segunda etapa de su gobierno capitalino mirando a una estrategia nacional en la que busca estrechar los vínculos con el peronismo no kirchnerista.
En la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli también introdujo cambios en su equipo coincidentes con la mitad de mandato. Su hermano José dejó la secretaría general y allí probablemente arribe un hombre de mucha confianza del gobernador, Javier Mouriño. Se fue asimismo Claudio Zin, del ministerio de Salud, una cartera golpeada por el escándalo de los medicamientos adulterados. Pero los problemas que afronta Scioli van más allá de los temas de gabinete. La dependencia bonaerense de los recursos que la caja central le provee con cuentagotas complica la gestión y provoca malestar político.Los problemas en el terreno de la seguridad son un epifenómeno de enorme repercusión de esa cuestión de fondo. Los jefes territoriales del Gran Buenos Aires deliberan en las últimas semanas en diferentes cenáculos, alguno coordinado por Sergio Massa, otro –más vigoroso- contenido por el vicegobernador Alberto Balestrini. Hay preocupación por la situación de la provincia, hay malestar por la presión que Néstor Kirchner ejerce sobre el distrito. Hay inquietud por el proyecto que se cocina en Olivos de establecer a un “pingüino” (¿Julio De Vido?) como administrador de un fondo especial, en una suerte de intervención financiero-política de la provincia. La combinación de todas esas dificultades constituye la pesada cruz que Daniel Scioli viene cargando.
En el riñón del gobierno de la familia Kirchner empieza a cundir el temor por la situación bonaerense. Menos por los padecimientos del gobernador que por la certeza de que una crisis en el distrito representa una peligro mortal para la gobernabilidad.
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jueves, 10 de diciembre de 2009

Cómo nos ocupamos de los pobres. Por Gonzalo Neidal


(Publicado en La Mañana de Córdoba. Miércoles 09/12/2009)
El debate sobre la pobreza se nos cuela cada día, a cada momento. No hay forma que podamos evitarlo. La pobreza está a cada paso que damos. Oficialismo y oposición lo saben y compiten por ofrecer soluciones a los pobres. Pero la pobreza crece minuto a minuto.Ya ha derrumbado viejos mitos.Uno de ellos es que si el país crece, entonces la cantidad de pobres disminuye. No es eso lo que ha pasado en los últimos años. Para nada.
Es que, a diferencia de lo que ocurría hace treinta o cuarenta años, ahora el crecimiento del PBI es compatible con un aumento de la miseria. Ese cambio se explica por la tecnología.Hace unos días se conoció que, presuntamente, un grupo de mujeres de Jesús María había desistido de formar una cooperativa de trabajo en razón de que cobrarían un subsidio nacional por hijo, multiplicado por la cantidad de vástagos, asaz importante. De este modo, se extraía, la gente pobre se inclina por la vagancia en razón de los apoyos monetarios que recibe.Este punto de vista fue reforzado por un periodista local matutino, de una radio del mismo grupo empresario del diario, que dijo reiteradamente algo así como “claro, con el subsidio, las mujeres prefieren permanecer en sus casas panza arriba en vez de trabajar”. Curioso concepto de la tarea del ama de casa a cargo de varios hijos. Seguramente, ellas no coincidirán con el periodista sobre el carácter liviano de sus tareas domésticas.Pero liviandades a un lado, el tema es sumamente complejo. Y alrededor de él existen muchas dudas y prevenciones.En primer lugar, porque los políticos de cualquier color utilizan a los pobres para sus ambiciones. La espantosa fórmula consiste en votos por subsidios. Luchar por “los que menos tienen” es ya un discurso vacío que se circunscribe al pago de una cifra mensual que no soluciona ningún problema, pero que nos deja a todos muy tranquilos acerca de que el Estado, la política, la sociedad, se ocupan de los pobres metiéndoles en el bolsillo una cifra cada mes.Todos sabemos que no tenemos a la vista ninguna solución duradera. En realidad, existe una sola y los resultados se verán luego de lustros y aun décadas de esfuerzo permanente.Esa solución se llama educación, esto es dotar a los niños y niñas de hoy, de los instrumentos educativos y de formación personal que le permitan, cuando crezcan, encarar el futuro con perspectivas y posibilidades distintas a las que hoy tienen sus padres.Todo lo demás que podamos hacer es pura contingencia que, en muchos casos, tienen patéticos fines electorales.Claro que no es sencillo sostener un programa que no produzca resultados inmediatos que sirvan a los políticos para demostrar lo bueno que son y convocar el voto del pueblo.Pero no nos engañemos más ni nos hagamos los distraídos. Cada vez más, para conseguir cualquier trabajo, es preciso tener una formación que incluya las demandas específicas de los nuevos empleos que aparecen en el mercado.Si no hacemos algo integral, ambicioso y sostenido en el tiempo, el Estado sólo podrá aportar un empleo público o un subsidio a los jóvenes que deambulan sin horizontes.
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Criminalidad y cobardía. Por Abel Posse


(Publicado en La Nación del jueves 10/12/2009. El autor entregó esta nota antes de ser designado ministro de Educación de la ciudad de Buenos Aires. En ella, Posse, colaborador habitual de LA NACION, fija su posición sobre temas de seguridad y de uso del espacio público)


El ventarrón de criminalidad no cesa. El Gobierno tiene un Indec especializado en demostrar que no aumenta y que más bien está muy por debajo de otros países. Un ministro con inclinación verbosa y metafísica le dijo a la gente que padecíamos una sensación.
Lo cierto es que es el episodio que más nos angustia en este mar de frustraciones.

Los Kirchner hurtaron el tema, desde Cromagnon en adelante. Se deslizaron con indiferencia y prohijaron el vandalismo piquetero, el desborde lumpen, la indisciplina juvenil. Entregaron la calle. Pero ya con el enfrentamiento en la Panamericana por el tema de Kraft, las cosas cambiaron. Ahora, en las protestas vecinales reiteradas ellos están presentes en los insultos.
Los Kirchner lograron demoler el básico esquema constitucional de orden público y de ejercicio de la fuerza exclusiva del Estado para cumplir con la misión esencial de reprimir (que, según la Real Academia, significa "contener, refrenar, templar o moderar".)
Reprimir es obligación del Estado en cuanto "contención en acto del delito inminente". Se enfrenta al delincuente para garantizar la vida del ciudadano con sus libertades (la de circular libremente, por ejemplo) y sus bienes.
Entró, se filtró, o lograron infectar con un virus ideológico la garantía elemental de seguridad. Impusieron la visión trotskoleninista de demoler las instituciones militares y la policía, como vengándose de los años setenta, cuando una minoría se alzó contra el Estado para imponer una revolución socialguevarista, ajena y aislada ante la inmensa mayoría, empezando por el mismo Perón, los sindicatos y los partidos tradicionales. Sin embargo, con persistencia gramsciana, los guerrilleros que rodean a los K ?aunque ya estaban generosamente indemnizados por sus derrotas de los 70? lograron afirmar la tarea de demoler a las Fuerzas Armadas, lograr que los policías se sientan más amenazados e inhibidos en la tarea represiva que los delincuentes en su agresión y que la Justicia se ausente en este momento de crisis, sin reaccionar con urgencia ante la criminalidad reincidente y concediendo excarcelaciones a una gran cantidad de menores, incluso en casos de asesinato o uso de armas. Algunos miembros de la Corte deben creer que son niños equivocados y con animus iocandi. El Poder Judicial parece refugiado y silencioso, pese a la tormenta con la que la mala política del Poder Ejecutivo arrasa con los principios básicos del derecho.En estos años, el olvido constitucional nos lleva a la anarquía. El Estado es un instrumento para conservar el poder K. La sociedad tiene la sensación de habitar un país invivible, con una corrupción que nos ubica más bien por debajo de los cien países más corruptos del planeta. Los K nos llevaron tan lejos que ya nadie quiere hablar con claridad y coraje del camino de retorno indispensable que la Argentina tendrá que transitar, tarde o temprano.Muchos "garantistas" pagaron su lujo humanista con los cadáveres humanísimos de ciudadanos honestos acribillados delante mismo de sus hijos o padres, mujeres violadas y decenas de policías que mueren sin afecto oficial ni el respeto debido a su profesión imprescindible y peligrosa.Es curioso que, en la desnaturalización idiomática que viven los argentinos, los mismos dirigentes de la oposición hablen a media lengua y se fuguen hacia la prevención educativa, la recuperación del joven delincuente y la inclusión social. Son escamoteadores del tema, que se refugian en la indispensable acción recuperatoria, rehuyendo la batalla central. Mientras ellos quedan bien con la sociología indiscutible y omiten hablar de armas y medios de acción inmediato, todos los días nos revuelve y convulsiona la noticia del comerciante, padre, estudiante, baleado a mansalva por el asesino-joven (no el niño-asesino, porque cuando se asesina disparando sobre alguien indefenso, a los 14 o 16 años, no hay niño que valga, la entidad "asesino" prevalece sobre la edad biológica). Tal el caso del joven estudiante de Tigre que muere con un balazo en la cara en brazos de su desolada madre. ¿Cómo la Presidenta no tomó inmediatamente su helicóptero hacia esa madre para llevar consuelo y compromiso? Hoy el vandalismo, el piqueterismo politizado y la protesta de tantos desamparados se derraman por las calles con su perfil agresivo. El oficialismo culpable y la mayoría de susurrantes opositores no estuvieron a la altura de la batalla que exige el orden público en un país crispado y conflictivo, donde nunca existió una cultura de respeto ciudadano.El Gobierno empieza a padecer lo que sembró. Tal vez, al ex presidente Néstor Kirchner le espera el destino cómico de ser en sus finales políticos el restaurador de las leyes y del orden?La policía sale a la calle mal equipada. En algunas esquinas del conurbano, hay autos policiales estacionados sin agentes en su interior, como espantapájaros irrisorios. No tienen armamento ni la convicción de ser el brazo armado del Estado, como lo siente cualquier policía del mundo, desde Pekín hasta Nueva York.El oficial del grupo Halcón que murió con un balazo en la cara sabía que el delincuente que trataban de detener estaba armado. En efecto, éste se resistió. La policía no actuó con todo su poder y pagó con la muerte de un jefe. Este es apenas un ejemplo de esa inhibición previa que le impide actuar como toda policía en su tarea normal y ancestral. El gatillo fácil lo tienen en nuestro país los delincuentes.La recuperación social y moral del delincuente es en todas partes (salvo en la Argentina) un episodio posterior al de desactivar su peligrosidad con la energía suficiente para que el representante del Estado y los ciudadanos o bienes amenazados no corran riesgos.La Argentina piensa mal. En muchos campos, vamos contra la experiencia y el buen sentido. Es el país que llega a la indefensión nacional para castigar a un ejército por hechos de hace cuatro décadas. Es el país que indemniza subrepticiamente a quienes participaron de un alzamiento contra el orden democrático. El mismo partido que ordenó aniquilar ese alzamiento siguiendo el pensamiento de defensa del Estado del propio Perón es el que ordenó indemnizar y exculpar a los subversivos. Muchos argentinos ?sobre todo, jóvenes que no vivieron los hechos? recibieron una versión torcida. Por ese camino empiezan a creer que el orden es umbral de fascismo y la anarquía, saludable expresión de libertad. No imaginan que democracia implica un riguroso orden. Sin orden como primer valor, la democracia naufraga inexorablemente. Sea democracia socialista u organización liberal de la comunidad.Hace tiempo que la Argentina se arriesga a vivir más cerca del surrealismo que de la realidad. ¿Será una diversión gratuita o se pagará muy caro, en la medida en que el sector más humilde es el más golpeado por el irrealismo sentimental de los asesinos derrotados? ¿Qué hacer? ¿Qué cantidad de poder tendrá que tener el futuro gobierno democrático después de la demolición institucional de los K y la anarquización, desjerarquización e indisciplina que van de la misma familia al colegio, a la universidad, y que cubre tantos aspectos de la vida comunitaria?
© LA NACION
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Pro tempore. Por Jorge Asís


Pedir por la restitución de Zelaya, en Honduras, es -para Consultora Oximoron- como pedir, en el Uruguay, que Botnia deje de operar en Fray Bentos.Debe abandonarse, acaso, la movilizadora inclinación hacia la utopía.
Lula está ya ostensiblemente harto de los Kirchner. No quiere saber más nada. Con ninguno de los dos. Ni Con La Elegida ni -mucho menos- con El Elegidor.

Lo que hasta hace una semana era un secreto, hoy es título de portada del diario en pose de combate.Pero la mala suerte le indica, a Lula, que, en el último tramo del dilatado mandato, tiene que intensificar la capacidad de aguante.Porque se asiste al turno protagónico de La Elegida. Por fortuna rotativa. Ella asumió, en Montevideo, como Presidente Pro Tempore del Mercosur. Por seis meses.Pro Tempore significa “por un tiempo”, según la traducción de Wikipedia.Entonces La Elegida podrá aprovechar el Pro Tempore para recuperar posiciones. A los efectos de exhibir el atributo de la oratoria articulada, en la próxima cumbre del Mercosur con la Unión Europea. Con la esperanza de atenuar los principales focos de litigios bilaterales. El estructural, es con Brasil. El folletinesco, con Uruguay.
Reverencias y reprobaciones
El subcontinente vibra, Pro Tempore, hacia la izquierda. La estudiantina pudo percibirse grotescamente en Montevideo.Brotaron las reverencias hacia los ganadores de las elecciones legítimas. En el Uruguay, para el electo Mujica (afectuosamente Minguito para el Portal). Y en Bolivia, para el hegemónico Evo Morales.Junto a las reprobaciones, casi unánimes, hacia las elecciones, “totalmente ilegítimas”, de Honduras. Realizadas, de acuerdo a la concepción radicalizada de La Elegida, a través del “golpe cívico mediático”.La preposición ”casi”, antes del vocablo “unánime”, obedeció a que Francisco Santos, el vicepresidente de Colombia, y la señora Patricia Espinoza, la canciller de México, lo “preocuparon” a Chávez. Las aperturas de comprensión hacia “el proceso interno de Honduras”, resultaron excesivas para la sensibilidad del bolivariano.Chávez, como La Elegida, es otro severo guardián de la espiritualidad democrática del subcontinente.
Por su parte Lula, tal vez por la acumulación del hartazgo, estuvo más prudente. Adhirió al documento de reprobación. Pero en el discurso de fastidio prefirió omitir las alusiones a Honduras. El país condenado, por los ejemplares miembros del Mercosur, al Muro del Aislamiento.La prudencia, en Lula, obedece, según nuestras fuentes, a las diferencias de criterio que mantiene con la candidata a sucederlo, la señora Dilma Roussef.Ocurre que Dilma intenta rescatar, airosamente, a Lula, del descalabro diplomático que supo generar. Como estadista, vocacionalmente iniciado, en los papelones de la geopolítica.
Lula tendría que inclinarse, en adelante, por el razonamiento atinado de Dilma Roussef. Para establecer las bases del salto de acrobacia con red, y reconocer, en cuanto pueda, a Porfirio Lobo, el presidente electo de Honduras. Y liberarse, para siempre, del sombrero siempre puesto de Zelaya, el inquilino que se encuentra instalado, lo más pancho, en la residencia del embajador de Brasil, en Tegucigalpa, la capital del país que se convierte en tema excluyente del Pro Tempore presidencial.La animosidad favorable, que prospera en Itamaraty, para acabar con las ceremonias del aislamiento de Honduras, tendría que trasladarse hacia la irrelevancia de la cancillería argentina.Pero en la estructura decisoria de los Kirchner, la cancillería es una mera agencia de viajes. Mantiene una presencia política menos que relativa. Aparte, aquí nadie del oficialismo se atreve a plantear siquiera el menor atisbo de disidencia.Tampoco, curiosamente, surgen, las disidencias, desde la oposición. Distraída en conmovedoras repartijas parlamentarias. Pero pierde la oportunidad de diferenciarse en una cuestión puntual.
Alteraciones
Probablemente, en el 2010, se registre una alteración del signo ideológico que caracteriza al entusiasta izquierdismo Pro Tempore del subcontinente.En el mitificado Brasil, puede gestarse, incluso, un cambio equiparable al que se aguarda en Chile.Piñera, de Chile, y Serra, de Brasil. En caso de imponerse respectivamente sobre Frei (y Ominami), y sobre Roussef, van a despertar, con seguridad, menos euforia. Sobre todo en el grupo radicalizado del Mercosur (con Chávez incluido).En Argentina, a través de la diplomacia secreta, desde la Unidad Presidente -y ante la intrascendencia de la cancillería-, se opera, en Chile, según nuestras fuentes, a favor de Ominami, el candidato revelación que compone una novela con las peripecias de su biografía (Ampliaremos).El objetivo kirchnerista consiste en obstruirle el paso, eventualmente triunfal, a la derecha. O sea, al inquietante Piñera. Empresario muy cercano, para colmo, a Domingo Cavallo.
En el Puente
Con Mujica, alias Minguito, La Elegida intentó ser amigablemente componedora.Para felicitarlo, cuando aún no había asumido la presidencia Pro Tempore, desde Lisboa, La Elegida lo telefoneó al electo Minguito. Con el objetivo de plantearle, también, la obvia posibilidad de verlo (lo que finalmente ocurrió, en la solemnidad de Montevideo, cuando asumió la Pro Temporidad).Pero en la comunicación telefónica Lisboa-Montevideo, con lo rápida que es para las palabras, La Elegida debió vacilar.Fue cuando Mujica le dijo, a La Elegida, según nuestras fuentes, que le encantaría que lo recibiera. Pero en el Puente.Incluso, Mujica utilizó una imagen cinematográfica.Le dijo Mujica que le encantaría llegar a la Argentina pero a pie, por el centro del Puente. Desde Fray Bentos, Uruguay. Para que La Elegida lo reciba, con un abrazo, en Gualeguaychú.Sin cortes. En el Puente. Nunca más.
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domingo, 6 de diciembre de 2009

La probable implosión del kirchnerismo. Por Joaquín Morales Solá

(Publicado en La Nación, domingo 06/12/2009)
Los trajines de la democracia no le sientan bien. El ejercicio de negociar, conceder o elaborar un método para procesar el disenso son prácticas desconocidas para Néstor Kirchner. ¿Necesitó llegar al recuento de votos en la Cámara de Diputados para darse cuenta de que estaba perdido? ¿Necesitó que el no kirchnerismo lo redujera a apenas 90 votos visibles en un cuerpo de 257 diputados, justo a él, que se pavoneaba cuando aplastaba a las minorías parlamentarias, para aceptar la derrota? ¿Cuánto más disimulada habría sido esa derrota si Kirchner hubiera aceptado los acuerdos sin pataletas previas?

Una negociación de cuatro días entre opositores y oficialistas fue derribada por Kirchner en el instante de un capricho. Nadie a su alrededor está en condiciones de advertirle sobre el próximo obstáculo. Los ministros sólo trabajan su propia permanencia. Kirchner se hizo cargo de hecho de la Jefatura de Gabinete y del Ministerio de Economía, y convirtió a sus titulares en simples voceros de sus decisiones. Los legisladores oficialistas temen que les ocurra lo mismo que a los encuestadores: los corren de Olivos cuando llevan malas noticias. Mienten, entonces. En efecto, algo hizo mal el Gobierno cuando logró juntar en una misma votación opositora a Francisco de Narváez y a Pino Solanas, a radicales y a peronistas, a la derecha y a la izquierda. Ideología y política, y no la compraventa de votos, marcarán ahora el ritmo del Congreso. Pero esas sencillas conclusiones nunca fueron elaboradas por el oficialismo, ni aun después del desastre del jueves. Los Kirchner siguen culpando de sus desgracias a los medios (en primer lugar, cómo no), a los sectores empresarios y a la esquiva clase media urbana. Sin embargo, tampoco el kirchnerismo cuenta con las franjas más bajas de la sociedad, estragadas por la inflación, el desempleo y la inseguridad. Hace poco, el ex presidente provocó a la oposición diciéndole que se llevara todas las comisiones del Congreso porque él se quedaría con el dominio de la calle. Ahora no tiene las comisiones ni la calle. Esa es la verdad. Sólo cuenta con el aparato soviético de algunos barones del conurbano que llenan colectivos a cambio de subsidios. Las victorias también tienen arquitectos. Los principales constructores del acuerdo opositor fueron Elisa Carrió, Oscar Aguad y Felipe Solá. Carrió detesta las negociaciones frente a los fotógrafos, porque las fotos, suele decir, son sólo expresiones de un momento fugaz. Tan fugaz como esos acuerdos bajo la luz del escenario. Trabajó en los últimos tiempos enhebrando lazos con la izquierda y con el peronismo disidente. Carrió y Solá, muy cercanos en horas recientes, renunciaron en nombre de sus espacios a la vicepresidencia tercera cuando debieron entregarle la segunda al kirchnerismo para que aprobara el acuerdo. Era importante que el peronismo oficialista votara el acuerdo , señaló luego Carrió. Carrió no se movió de sus principios: nunca aprobaría, anticipó, una maniobra para arrebatarle al kirchnerismo la presidencia de la Cámara de Diputados. Solá tiene el pragmatismo de los peronistas: su objetivo fundamental era derrotar a Kirchner. Le tocó acompañar el péndulo más de una vez. Todavía es socio de De Narváez, pero lo conoce a Solanas desde hace 40 años. Fue y vino entre ellos hasta que consiguió tenerlos en el mismo bando. Le costó más De Narváez que Solanas, convertido en una figura central para la concreción del acuerdo. De Narváez quería verlo a Kirchner hundido en la peor de las derrotas. Sólo lo convenció el discurso de rendición de Agustín Rossi, cuando éste admitió, enojado y desafiante, que el kirchnerismo votaría un acuerdo producto de su derrota. Perdieron entonces , se convenció De Narváez. Perdieron hace mucho , le replicó Solá. A Aguad le correspondió el protagonismo de liderar la segunda minoría. Tuvo algunos roces con Carrió, porque el jefe radical decidió convencer al kirchnerismo cuando éste se empecinó en negar la realidad hasta que la realidad le cayó encima. No podemos correr el riesgo de un kirchnerismo aislado; sería demasiado peligroso para la República , advirtió Aguad. Carrió le reprochó que se cortara solo. La escaramuza entre ellos duró poco. Carrió y el radicalismo tienen una relación difícil, que desde ahora deberá ser resuelta por el nuevo presidente del radicalismo, Ernesto Sanz, ungido en medio de la liturgia radical. Se confirmó la historia: ninguna interna radical vale la pena si no es febril, larga y extenuante. Sanz, tal vez el político que más respeto convoca entre propios y extraños, tiene tres desafíos en su flamante cargo: cuidar la unidad del Acuerdo Cívico y Social hasta 2011; desalentar a Julio Cobos de cualquier proyecto electoral junto con peronistas (que el vicepresidente nunca descartó), y lograr que Carrió no se vaya de la alianza con su viejo partido. Sanz tiene un estilo particular de decir las cosas: nunca ofende, pero nunca calla sus opiniones. ¿Podrá con Cobos y con Carrió al mismo tiempo? Lo quiero a Ernesto, pero debe mantenerse neutral , condicionó Carrió. El entorno radical de Cobos no es su mejor credencial ni siempre expresa la vocación por los acuerdos manifestada por el vicepresidente. A su alrededor se incuban sus riesgos. Es probable que Kirchner vuelva muy pocas veces al recinto de la Cámara de Diputados. El jueves estaba visiblemente incómodo, rodeado sólo por los incondicionales que nunca le objetan nada y con el aspecto de un hombre que acababa de conocer la silueta del infortunio. La Cámara está llena ahora de figuras presidenciables, dispuestas a competir por quién será más opositor a Kirchner o por quién le cantará más verdades en la cara. Kirchner no está acostumbrado a soportar esas insolencias. ¿Aprendió la lección? Difícil. La del jueves fue la tercera derrota consecutiva de Kirchner, después del rechazo senatorial de la resolución sobre la soja y del fracaso electoral de junio último. Siempre dobló la apuesta luego de perder. Ahora piensa en cooptar, obstaculizar y maniatar a la oposición. Sólo los kirchneristas que están en la primera línea de fuego tocan otra melodía. El presidente provisional del Senado, José Pampuro, y el titular de la Cámara de Diputados, Eduardo Fellner, coincidieron públicamente en que al oficialismo no le quedará otra alternativa que dialogar y consensuar. No demonicemos a la oposición , avanzó Pampuro. Pampuro seguirá siendo presidente del Senado. Los senadores son menos escandalosos que los diputados y ya comenzaron a arreglar las cosas para la reunión preparatoria que tendrán el 15 de febrero. También allí el oficialismo perderá las vicepresidencias del cuerpo. Probablemente las comisiones se integrarán de acuerdo con la representación proporcional de los sectores políticos, que tiende más a un permanente e inestable empate. Faltan las últimas negociaciones. Los diputados opositores han salido ahora a la pesca de los gobernadores peronistas. Quieren que éstos los acompañen en un proyecto para ampliarles a las provincias la coparticipación del impuesto al cheque. Nosotros no tenemos un peso y los Kirchner están sentados sobre la caja , deslizó el jueves un gobernador peronista que acababa de saludar efusivamente a Kirchner. Vengan con nosotros y no dependerán de esa caja , lo invitó uno de los líderes de los diputados opositores. ¿Es posible? Lo es en la medida que comience a suceder lo que le sucede a cualquier liderazgo peronista derrotado: la implosión del kirchnerismo. Los gobernadores son una cuestión aparte, porque dependen obsesivamente de los recursos que Kirchner controla. Pero ni legisladores ni intendentes kirchneristas soportarán durante mucho tiempo la desoladora imagen del jueves, cuando se sorprendieron capitulando sin condiciones.
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Empieza el fin. Por Abel Posse


En su desesperación por el poder como objetivo fundamental y único, sin distracciones hacia el bien común, K como un jabalí herido pero ciego, siguió actuando, tal vez con más inconciencia que descaro, como si el 28 de junio pasado hubiese sido un episodio, una mala consulta o una estadística equivocada. En política nadie puede contra una mayoría, si hablamos de democracia (aunque desnaturalizada como la que vivimos). Dentro del peronismo, la derrota electoral de K cambió el eje partidario, ahora el peronista disidente es él.
Del 28 de junio a aquí los K lograron deslizarse por un espejismo. Desde este diciembre se acelera la demorada agonía política de los Kirchner. Verán desaparecer a la clientela y a los obsecuentes. Intentarán afirmar los últimos pasos económicos de la retirada. Verán cómo el poder judicial se anima a ocupar su espacio entre los poderes y comprobarán que las cosas cambiarán en contra de ellos en la batalla que se inició entre un Congreso republicano y un Ejecutivo autocrático que perdió la mayoría nacional. Está por verse cómo juega el resentimiento K con su armada Brancaleone de piqueteros y camiones como modesta brigada motorizada de choque. La fuerza recreadora del inaugurado Congreso seguramente aventará el "libreto negro" de política intimidatoria o vandálica que todavía pueden imaginar algunos sectores. Desde la sesión preparatoria un aire distinto, fresco y joven, entró por las claraboyas de ese Congreso que fue escenario de obscenas alteraciones al orden democrático. Kirchner fue respirando esa brisa nueva a medida que avanzaba la sesión. Entró como figura estelar, saludando con benevolencia a la nutrida barra de las galerías. Pero su cara se fue apagando con la primera votación y finalmente se escurrió entre las bambalinas. Tuvo el coraje de asistir pero se estrelló contra la realidad (que para él debería ser "la única verdad"...). ¿Jugará K cartas de desorden? ¿Pensará en ganar por intimidación? O usará este tiempo para recuperarse recordando que en la Argentina los presidentes corren riesgo de venganza jurídica. Los argentinos son tan esencialmente anarquistas que ven en el poder y en el triunfo señales seguras de criminalidad. Es nuestra primitiva forma de némesis como venganza contra el príncipe que nosotros mismos ungimos: San Martín, Rosas, Belgrano, Irigoyen, Alem, Perón, Alfonsín, Menem podrían ser los nombres de esta autodestrucción política constante. (Nemi, el rey del bosque, tenía que dar muerte necesariamente al rey predecesor). Desde el ascenso de Cristina Kirchner el matrimonio hubiera ganado más y la Argentina mucho más, si hubiese accedido al diálogo democrático. Cometieron el error de agredir al pilar económico de la Nación en un momento internacional decisivo para nuestras exportaciones agrarias. Cortaron el camino de crecimiento "a la China", que en realidad ocurrió pese a la ineptitud y mala fe de K, hasta el alejamiento de Lavagna. Con su poder de comisario (de pueblo) K creó un régimen arbitrario, pero no hay nada peor que el don del poder en manos del torpe: impuso como candidata a su mujer, sin dejarla volar, ser, o asumir su capacidad anulada por sometimiento. Su odio y desconocimiento del "campo" lo llevó a quererlo poner de rodillas, como dijo, pero puso de rodillas a la mayor fuerza económica de la Argentina, en un momento de descrédito internacional. Adelantó groseramente el plazo electoral creyendo que vencería en la Provincia, y perdió. Se creó un justicialismo de aduladores y alquilados y se echó encima al peronismo "disidente" que hoy es el verdadero partido justicialista. Insultó al FMI y hoy tiene que hacer "zalamecas" ante Strauss-Kahn porque el mundo económico se organiza en un nuevo Bretton Woods. Mucho poder, pero sin Patria ni Nación. Poder sin pueblo ni amor al pueblo. Poder personal, ciego, innoble, y un país indefenso, sin poder militar para el Atlántico Sur que nos birlan, ni diplomacia para evitar que en Lisboa la UE meta a las Malvinas como territorio de ultramar inglés, como cosa de mero trámite. La lección de los exitosos trabajos del Congreso debe servir a esos centrífugos dirigentes de la oposición que desde la elección presidencial de 2007, pese al reclamo de una mayoría popular, no lograban unirse ni se lo proponían. Hoy son ya todos candidatos a presidentes. Todos es lo mismo que ninguno: tendrán entre todos que apoyar al que venza con su partido y represente las básicas políticas de Estado a seguir sin perjuicio de tantos otros temas:
Movilización nacional contra el hambre y la exclusión.
Restablecimiento del poder productivo industrial y agroexportador.
Política de lucha nacional contra la criminalidad, restableciendo la eficacia del poder policial y el orden jurídico disminuido.
Una urgentísima política energética. El 28 de junio el pueblo estuvo muy por encima de los políticos. Es hora de deponer arrogancias y pensar solo en el renacimiento de nuestra desmantelada Argentina. Este país poderoso y magnífico no mereció la caída asombrosa de quien pudiendo todo se resignó al fracaso que asombra al mundo como un récord de autodestrucción. Este 3 de diciembre fue el comienzo del fin de una larga patanería. El pura sangre fue liberado del carro de cartoneros que arrastraba y empieza a correr crines al viento.

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Néstor Kirchner: un derrotero. Por Jorge Raventos


Después de la jornada del jueves 3 de diciembre, cuando, en virtud de su propia conducción, sus fuerzas parlamentarias convirtieron un buen acuerdo en un revés no meramente simbólico, Néstor Kirchner confirmó su fama de gran organizador de derrotas. No fue en las áridas tierras patagónicas donde adquirió esa reputación: en rigor, en Santa Cruz supo ganar sin demasiados problemas tanto dinero como elecciones. La cosa cambió cuando reemplazó los aires australes por las luces del centro.
Si bien se mira, por mérito propio Kirchner ha perdido más de lo que ganó; ya perdió, inclusive, buena parte del poder que consiguió construirse en tiempos de vacas gordas. Para empezar por lo primero: obtuvo sendas derrotas en las dos elecciones de carácter nacional en las que fue candidato: la primera, en 2003, ante Carlos Menem, donde ni siquiera el activo respaldo del aparato bonaerense que orientaba Eduardo Duhalde le alcanzó para superar en votos al riojano. Fue la compleja arquitectura jurídico-electoral que Duhalde dibujó en 2003 (y en modo alguno el inexistente atractivo del santacruceño) la que terminó por forzar la retirada de Menem y le allanó a Kirchner el camino a la Casa Rosada.
El segundo fracaso comicial ocurrió este año, el 27 de junio. Para lograrlo, Kirchner decidió convertirse precipitadamente en bonaerense y, con su reconocido poder de convicción, persuadió a decenas de jefes territoriales justicialistas para que se convirtieran en “candidatos testimoniales”. No satisfecho con esa leva de voluntarios, se ocupó de anunciar que la elección bonaerense, donde él encabezaba la boleta oficialista, por ser “la madre de todas las batallas”, debía ser considerada “un plebiscito sobre el modelo”. En fin: transformó una competencia de renovación parlamentaria en un pasa-no pasa. No es crueldad sino franqueza recordar que perdió mal y que si muchos de los lugartenientes a los que arrastraba a idéntico desastre consiguieron evitarlo fue porque, con astucia, desconfiaron de su conducción y omitieron discreta u oblicuamente el cumplimiento de sus instrucciones. Antes de volver a buscarlos, él caracterizó como traidores a esos hombres sabios y les echó encima sus mastines disciplinarios.
Un año antes de la caída de junio, la visión estratégica de Kirchner había conducido al gobierno de su esposa a la batalla por la Resolución 125, una cruzada que consiguió alzar al campo y a toda la Argentina interior y que consolidó el divorcio entre el oficialismo y las clases medias urbanas, generando así las condiciones que se cristalizaron en las urnas a mitad de 2009.
Entre junio y diciembre, apoyado sobre esa escala de fracasos, Kirchner se lanzó a una fuerte ofensiva instrumentando su mayoría residual en las Cámaras y consiguió de ese modo adjudicarse varios asaltos: con la ley de medios, con la reforma política, con las atribuciones extraordinarias, con la apropiación de fondos provinciales. Volvió a exhibir así su vocación confrontativa, y su decisión de no respetar límites. Kirchner avanzó hacia el cambio de guardia del Congreso al mismo ritmo que había mantenido durante los meses de ofensiva. La oposición política le había cedido la iniciativa por varios meses.
Con todo, en vísperas del jueves 3, ya empezaba a notarse que, pese a las operaciones de cooptación y presión desplegadas desde Olivos, el oficialismo llegaría a la sesión preparatoria en minoría. El jefe de los diputados kirchneristas, Agustín Rossi, dio señales de esa percepción: reconoció que la oposición tendría “un mayor protagonismo” y, ante el hecho de que las fuerzas no kirchneristas reclamaban la mayoría y la presidencia de todas las comisiones de la Cámara, señaló que su bloque no iba a aceptar una "rendición incondicional". Era una lúcida apertura a la negociación de Rossi. En sus palabras podía leerse: “rendición con condiciones”.
La oposición no leyó a Mao Tse Tung. En su manual de guerra de guerrillas, el líder chino aconsejaba replegarse cuando el enemigo presiona, pero perseguirlo cuando huye. La retirada que insinuaba Rossi no llevó a los opositores a exigir más (la presidencia de la Cámara, por ejemplo) sino a buscar un acuerdo, al que contribuyó la diputada Graciela Camaño. El oficialismo quedaría con la presidencia de la Cámara, la segunda vicepresidencia y la autoridad y una relación de fuerzas favorecida en las llamadas comisiones de gestión (Presupuesto y Hacienda, Asuntos Constitucionales, Relaciones Exteriores);todo se coronaría con una aceptación unánime. La oposición argumentaba que de ese modo se evitaba el conflicto potencial que insinuaban la presencia de barras kirchneristas en las galerías altas y la de algunos miles de manifestantes que los bastoneros del oficialismo movieron para que celebraran en la Plaza la coronación de “la ofensiva de Néstor”. Rossi y Eduardo Fellner, tejedores de ese pacto, se adjudicaban un exitazo con esa negociación temprana.
Pero Néstor Kirchner quería más. El siempre desconfía de sus comisionados, los sospecha de blandos y excesivamente dadivosos. Desde Olivos rechazó el acuerdo, convencido de que estaba en condiciones de romper la (“circunsancial”, repetiría más tarde Rossi) unidad de la oposición. La actitud del esposo de Cristina Kirchner irritó a sus negociadores. De hecho, Rossi no sabe aún cómo soportará en adelante la presencia en el bloque de un Kirchner que posa de “diputado raso” pero que pretende convertir en “Chirolitas” a las autoridades formales. El resultado del bloqueo que Kirchner impuso al acuerdo fue, en cualquier caso, que la oposición hizo exhibición de su fuerza (“circunstancial”), forzó la presencia en el recinto del bloque oficialista y terminó imponiendo el acuerdo que Kirchner había rechazado, con lo que, confirmando su itinerario, transformó lo que podía haber lucido como un digno empate, en una nueva derrota.
Por cierto, ni los voceros oficiales ni los medios de comunión kirchnerista dieron cuenta de la caída provocada por el hombre de Olivos. Los que osaron hablar, usaron la palabra “acuerdo”. El Ejecutivo recordó la vieja consigna de que “el silencio es salud” y no aludió a lo que había ocurrido en el Congreso. Señala Shimon Tzabar (Cómo perder una guerra y por qué):” “Los hombres de Estado deben tener cuidado para no fallar los objetivos declarados. La única manera de no errar al blanco es disparar primero y luego dibujar los círculos alrededor de la flecha”.
La primera semana de diciembre se había abierto con las repercusiones de la reunión de la Unión Industrial Argentina en Pilar: el gobierno, que en otros tiempos cortejaba con algún éxito a esa central empresaria, se siente ahora tan alejado, tan aislado que no envió ningún representante a esa tenida. Ni siquiera se asomó Julio De Vido que años atrás animaba al activo grupo Industriales y apuntaba a orientar a la UIA hacia el corral oficial.
Si 2008 marcó el divorcio del gobierno y el campo y la separación sin atenuantes de las clases medias urbanas, ahora se registra la consolidación de un frente de rechazo que abarca al conjunto de los empresarios, al campo, la industria y los servicios, que se aprestan a unificar personería en una organización que llevaría el nombre de Movimiento Productivo. ¿Se puede suponer que esta situación está alentada por la estrategia de Néstor Kirchner, por leyes como que afectan a los medios electrónicos, a Papel Prensa, como las que tocaron los aportes jubilatorios particulares? ¿Se puede suponer que Kirchner y sus “ofensivas victoriosas” son factores que empujan reflexiones como la del presidente de la Corte Suprema en Pilar: “"La propiedad es el derecho que protege lo que se ha ganado, es un tema para la agenda. La propiedad tiene protección constitucional en nuestro país. Es lo que uno tiene derecho a tener y que nadie se lo saque"?
Lo cierto es que ya en el propio oficialismo se observa con creciente escepticismo el derrotero de Néstor Kirchner y se recuerda aquella reflexión del rey Pirro cuando sus amigos lo felicitaron por su victoria sobre los romanos. Pirro les replicó: “Si tenemos otra victoria, estamos perdidos”.
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miércoles, 2 de diciembre de 2009

La izquierda uruguaya. Por Claudio Chaves


El martes 1 de diciembre de 2009 el periodista Ernesto Tennenbaun le hizo una muy interesante nota a Lucía Topolansky mujer del Presidente electo de Uruguay, José Mujica.Con cierta melancolía por aquellos buenos tiempos idos el periodista (progre de fina estampa) le preguntó a la mujer, antigua militante de la organización subversiva Tupamaros, si no añoraba los años de utopías y de luchas por una sociedad más justa e igualitaria.

La mujer del presidente afirmó que no estaba tan convencida de que aquellos ideales fueran superiores a los de la actualidad. Que los tiempos habían cambiado y no era posible comparar y que no estaba segura de poder hacerlo. Había mucha intransigencia en aquella juventud. Hoy los tiempos son otros. Se conversa más, se acuerda más.
Por aquellos años la Unión Soviética iluminaba el horizonte de lo probable y todos creíamos en aquella posibilidad y mucho más frente al triunfo de la revolución cubana. Pero la caída de la Unión Soviética modificó todo. No es que la lucha por la justicia y la igualdad ya no tenga sentido. Lo tiene pero en el marco de las nuevas realidades.
Hay que entender que hemos perdido (lo repitió tres veces) y no hacía, solo, referencia a la derrota militar de los Tupamaros en el Uruguay sino a la derrota mundial del modelo alternativo al capitalismo. Con la caída de la Unión Soviética ha quedado un ganador y nosotros hemos perdido.
La utopía hoy es el acuerdo
¿Será por esta sinceridad política y el reconocimiento de la realidad que la izquierda gana en Uruguay? Quizás, y seguramente algunas otras cositas.
La izquierda argentina, el progresismo salvado del naufragio y el kirchnerismo viven en la era antidiluviana. No han comprendido que el mundo no es el mismo que el de los gloriosos 70’
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