martes, 16 de noviembre de 2010

Progresistas... ¿somos todos? Por Daniel V. González

Que Cristina Kirchner haya necesitado la muerte de su marido para subir en las encuestas es un hecho duro de asumir y molesto para explicar por parte del oficialismo. Pero sus implicancias políticas y la vinculación entre la muerte y la mejora en el pronóstico de los oráculos también resultan incómodos de analizar para la oposición.Más allá de la natural conmiseración que casi todo el país siente hacia la reciente viudez de la presidenta, la convicción del gobierno acerca de que esta simpatía se extenderá en el tiempo y abarcará también los aspectos políticos de su gestión, no tiene fundamentos demasiado alocados.

Era la figura de Néstor Kirchner la que se alzaba como un colosal obstáculo –por su estilo, por su autoritarismo, por su humor, por las claras señales de su corrupción- para acercar al gobierno a aquellos sectores partidarios de varios colores que, algunos más y otros menos, tienen profundas y esenciales coincidencias generales con la idea que los Kirchner tienen del país y de lo que un gobernante debe hacer con él en este momento.En otras palabras: ha sido la torpeza política de los Kirchner, uno de cuyos aspectos más decisivos es el monocorde estilo confrontativo, lo que le ha impedido al gobierno capitalizar políticamente el ancho consenso que su concepto sobre la economía y la política tiene en vastas franjas de los partidos políticos tradicionales y, por ende, en la misma sociedad argentina.El gobierno no estuvo solo cuando se aprobó en el parlamento la disolución del sistema de AFJP (hecho que no había logrado el apoyo de los afiliados) y la estatización de Aerolíneas Argentinas y de la ex fábrica de aviones. Tampoco el consumo desaforado de las reservas de gas y petróleo –sin la debida exploración para reponer- ha recibido un rechazo unánime desde la oposición. Ni el sistema de subsidios generalizados, de gran endeblez en el largo plazo. Ni mucho menos la revisión tuerta del terrorismo de los años setenta.Sólo la tosquedad brutal de los Kirchner ha hecho que, en una situación económica con impulsos extraordinarios para el país, les haya sido imposible capitalizar en su beneficio el apoyo explícito y tácito que tienen –especialmente en una situación de holgura y viento a favor como la que se vive- las políticas que ellos impulsan, que eluden las tareas de acumulación, planificación y estímulo a la producción que han realizado todos los países que han logrado quebrar el atraso de un modo decisivo.Desaparecido Néstor se ha disuelto, por un lado, el mayor obstáculo para un deslizamiento hacia el gobierno de algunas franjas que encontraban en el ex presidente la razón básica para no sumarse a políticas con las que tienen fuertes puntos de coincidencia. Por otro lado, ha quitado a la oposición un elemento unificador esencial e insustituible.Los efectos más notables en el poco tiempo transcurrido han sido la ratificación de fidelidad por parte de Daniel Scioli, la deserción de Reutemann de la mesa del Peronismo Federal, que se suma a las cavilaciones de Felipe Solá y Mario Das Neves y el natural desdibujamiento de Eduardo Duhalde, que había centrado su programa en la figura de Néstor Kirchner. Es el caso también de las dudas de Eduardo Buzzi, el dirigente rural de la FAA, a quien se le adjudican presiones hacia los diputados ruralistas para que éstos respalden la posición del gobierno nacional en relación con el presupuesto.En otras palabras: el discurso oficial acerca de la necesidad de dar batalla contra los monopolios, los grandes empresarios nacionales, las empresas de capital extranjero, los prósperos ruralistas, y a favor de la recuperación del rol empresario del estado, tiene una ancha base de consenso en la sociedad argentina, más allá de los Kirchner. Y ha sido, en todo caso, la torpeza de ellos lo que ha hecho que, hasta la muerte de Néstor Kirchner, el gobierno se desplazara firme pero inexorablemente hacia una derrota electoral.El “viento de cola”, es decir el rol protagónico de la demanda China en la economía mundial durante los últimos años, es una gran oportunidad para el país sólo si sabemos aprovecharla.Y puede ser una gran ocasión perdida si, como está ocurriendo, se adjudica al “modelo productivo” los beneficios que en realidad provienen de una beneficiosa situación internacional cuya permanencia en el tiempo no podemos prever.Esta holgura probablemente transitoria crea en nosotros la ficción de que el esfuerzo de acumulación, la inversión y, en general, todo sacrificio productivo no son más que exigencias de un capitalismo salvaje centrado en la avaricia de las corporaciones de poderosos. El discurso oficial construye la ilusión de que las leyes de la economía pueden burlarse sine die, sin mayores consecuencias para la economía nacional y que podemos ahorrarnos la tediosa tarea del esfuerzo educativo, la investigación y todas las tareas que llevan décadas como la exploración petrolera o la colaboración permanente con el sector privado en el desarrollo de grandes proyectos nacionales.En esa política subyace el concepto juvenil setentista de que nuestros padecimientos económicos provienen de una conspiración internacional de vastos alcances, del saqueo imperial más que de nuestros errores e insuficiencias.Y si bien esta idea directriz tiene por propagandista esencial al gobierno nacional también tiene cultores diseminados en todos los partidos políticos. Casi podría decirse que es uno de los componentes más persistentes de eso que llamamos el alma argentina, el ser nacional. Leer más...

lunes, 15 de noviembre de 2010

Roca, los indios y Kirchner


(Carta de lector publicada en el Diario El Siglo de Tucumán)

Curiosidades de la historia: Cuál fue el legado de este comprovinciano, que batiera el récord en la Presidencia argentina. Cómo encaró “la cuestión india” y la lucha por proteger la Patagonia.
Hace unos días se adoptó una polémica decisión municipal de modificar el nombre de la mayor parte de la Av. Roca, sin contar con el consenso necesario en la población o de sus vecinos directamente afectados. Me sorprendió, como tucumano, la falta de conocimiento de algunas personas sobre la figura de Alejo Julio Argentino Roca, quien, hasta hoy, ostenta el récord de ser quien ejerció por más tiempo la Presidencia de la Nación.


En efecto, Roca ocupó la Primera Magistratura durante dos períodos constitucionales completos: 1880-1886 y 1898-1904. Lo cual suma un total de 12 años. Los otros presidentes reelectos nunca completaron ese tiempo, acumulando todos sus períodos. Juan Domingo Perón (1946-1952, 1952-1955 y 1973-1974), no completó 11 años de mandato y Carlos Menem (1989-1995 y 1995-1999), superó los 10 por pocos meses. Roca esperó dos mandatos constitucionales completos (12 años) para volver a ser Presidente. No modificó la Constitución Nacional, para ser reelecto (a diferencia de Perón y Menem, que sí lo hicieron). Roca fue el fundador de la Argentina moderna y pujante del Centenario y el máximo exponente de la "Generación del '80", año en que asumió su primer mandato. Después de Nicolás Avellaneda, fue el segundo presidente más joven de la historia (con 37 años), y su apodo, el "Zorro".Julio A. Roca nació en la estancia de sus padres "El Vizcacheral" (hoy llamada "Pinar de Roca"), ubicada en El Colmenar (Las Talitas) y fue bautizado en la Catedral de San Miguel de Tucumán el 17 de Julio de 1843. Su padre había sido un heroico veterano de las Guerras de la Independencia, del Brasil y las Civiles. Fue alumno de la escuela franciscana y al morir su madre, cuando Julio tenía 12 años, fue en 1856 a estudiar al célebre Colegio Nacional de Concepción del Uruguay, fundado por el Gral. Urquiza. Allí siguió la orientación castrense, y se graduó de "alférez de artillería", en 1858.Cuando en 1859 estalló la guerra entre el Estado de Buenos Aires y la Confederación Argentina, el joven Roca se alistó en el ejército de Urquiza. Luchó contra los porteños en Cepeda y en Pavón, donde no quiso abandonar su cañón, y lo siguió disparando, aunque el resto del Ejército ya se había retirado.Desaparecida la Confederación, y por gestión de su tío, el Dr. Marcos Paz, que integraba el estado mayor del Gral. Mitre, Roca se incorporó a su ejército. Después de luchar contra los caudillos federales, fue destinado a la frontera sur de Córdoba, San Luis y Mendoza, para protegerla de los constantes ataques indígenas. En la frontera, Roca tomó conocimiento del "problema indio". Chile encaraba, mientras, su "Pacificación de la Araucanía", una ambiciosa campaña de ocupación de la Patagonia Occidental; amenazando con extenderse hacia el Atlántico. Chile ya había ocupado el Estrecho de Magallanes, mientras la Argentina se destrozaba en conflictos intestinos. El mismo año del nacimiento de Roca, Chile ya había fundado el "Fuerte Bulnes"; germen de la futura ciudad de Punta Arenas, frente al Estrecho.Luego, Roca tuvo una heroica intervención en la Guerra del Paraguay, donde murieron su padre, dos hermanos suyos y su primo, el hijo de Marcos Paz. Roca era muy amable, de buen trato, simpático, estudioso y carismático entre sus camaradas. Después de la guerra, ascendió a teniente coronel e impresionó a Sarmiento, quien antes lo había llamado despectivamente: "barbilindo". Cuando Avellaneda asume la presidencia (1874), muestra predilección por su comprovinciano y lo designa para enfrentar una sublevación. Como la victoria de Roca fue completa, Avellaneda lo asciende a general "en el campo de batalla", con sólo 31 años. En 1875, Avellaneda lo designó: "comandante en jefe de las fronteras de Córdoba, San Luís y Mendoza", para preservar a estas provincias del ataque de los indios, por la experiencia que ya tenía Roca en ese destino.Los aterradores "malones" eran ejércitos de miles de indígenas, que penetraban cientos de kilómetros y asolaban cuanta población encontraban a su paso. Los malones mataban a los hombres, secuestraban a las mujeres, para llevárselas a las tolderías (son legendarias las historias sobre las "cautivas"), robaban todo lo que podían (sobre todo armas, alcohol, y ganado), para consumir lo que podían, y lo que no, vendérselo a los chilenos, al otro lado de la cordillera. Un médico francés, Henri Armagnac, presenció en 1872, cómo los indios asesinaban a los varones y a las mujeres viejas, atravesándolos con sus largas tacuaras, sin importarles si éstos se resistían o no. Luego, bajaban de sus caballos y degollaban a las víctimas así atravesadas, rematándolas. Las mujeres jóvenes y deseables, y los niños, eran tomados por la fuerza como "cautivos". El científico norteamericano George Church describe un malón contra Bahía Blanca, en 1859 y relata que los indios arrasaron con 5000 vacas, asaltaron luego el pueblo y se lanzaron a una orgía de lanzazos, degüellos y violaciones. Violadas las mujeres, eran llevadas a las tolderías, dejando un tendal de muertos. ¿Quiénes eran los indios que organizaban estos malones? Eran los araucanos o "mapuches", originarios del otro lado de la Cordillera; ya que los indios asentados en nuestro país eran los "pampas", "ranqueles", "catrieleros", "tehuelches", "pehuenches". En todos los registros históricos desde la época hispánica, jamás se mencionó una tribu "mapuche" o "araucana" dentro del actual territorio argentino.Los mapuches provenían de Chile, habitaban al Sur del río Bio-Bio, a la altura de Neuquén. Allí eran sedentarios, y agresivos. Practicaban rudimentos de agricultura y cada tribu tenía su cacique. En la época de los españoles, al no poder éstos conquistarlos, firmaron varios pactos con los indios, garantizándoles su territorio al Sur del Bio-Bio, a donde los blancos no podían ingresar. Parece que al poco tiempo ese territorio les quedó chico, y empezaron a expandirse paulatinamente. Muchos cruzaron la cordillera para asentarse en nuestras pampas y la Patagonia entre los Siglos XVII y XIX, proceso conocido como la "Araucanización de la Pampa". Este período coincidió con el freno de la colonización española hacia el Sur, que se estrelló contra la irrupción mapuche. Por eso no se pudieron fundar más asentamientos poblados al Sur de la línea imaginaria que iba desde San Rafael (Mendoza), Mercedes (San Luis), Río Cuarto, Fraile Muerto/Bell Ville (Córdoba), Venado Tuerto (Santa Fe), hasta Chascomús (Buenos Aires). Los mapuches empezaron cazando ganado salvaje que pastaba en las pampas. Cuando el ganado cimarrón se empezó a agotar, ante la depredación de indios y gauchos por igual; los araucanos echaron mano al robo del ganado que se criaba en las estancias y los poblados argentinos de la frontera; desplazando y asolando a las otras tribus originarias de estas tierras (pampas, ranqueles y tehuelches); de quienes tan bien escribieron otros cronistas de la época. A estas últimas tribus pertenecían los "indios amigos" de los pobladores blancos. Distintos eran los denominados "indios chilenos", que era como se llamaba a los araucanos o mapuches. Acabada la faena de un "malón", los araucanos retornaban a sus tolderías marcando el suelo con la punta de sus lanzas; dejando un amplio sendero "rastrillado" que los gauchos de la frontera llamaban el "camino de los chilenos".Hubo malones que arriaron cientos de miles de vacunos robados hacia Chile. Previo engorde de algunos meses en el pedemonte, cruzaban la Cordillera en los pasos más bajos de la Patagonia, y se vendían allí. Un diputado chileno expresó en el Congreso de ese país: "Es sabido que el comercio que más realizan los araucanos es el de animales robados en la República Argentina... Y nosotros, que sabiendo que son robados, los compramos sin escrúpulo ninguno, después decimos que los indios son ladrones. ¿Qué seremos nosotros, pues?".La reacción de los habitantes de la frontera, los gauchos y soldados contra los indios de los malones y tolderías fue también violenta y despiadada, en un enfrentamiento que no tuvo tregua, ni piedad, de ninguna parte. Se cumplía a rajatabla lo que Rosas había ordenado 30 años atrás: "Mátenlos ahí mismo, en caliente y dejen sólo uno vivo, para que declare". El propio Dr. Armagnac relató ejecuciones sumarias de mapuches, o cómo se los remataba a puñaladas, con odio y saña, por parte de los gauchos.Roca se hizo cargo de la "cuestión india" y aseguró más del 30 % de lo que hoy es el territorio argentino en forma efectiva. Llevó nuestra bandera hasta Tierra del Fuego, e hizo efectiva la soberanía Argentina en la Patagonia Oriental, que Chile se vio obligado a reconocer en 1881. A diferencia de adoptar una actitud defensiva, refugiado en la frontera, dentro de la "línea de fortines", pasó a la ofensiva y logró, en pocos meses, con el apoyo de los "indios amigos" consolidar las fronteras de la Patria y pacificar un territorio hasta entonces peligroso para nuestros compatriotas.En toda guerra se cometen excesos, y hay crímenes que hoy pueden lucir como reprobables. En esa guerra no hubo buenos, ni malos, ángeles o demonios. Hubo crueldades en ambos bandos. Tampoco hubo un "genocidio de los pueblos originarios"; pues los mapuches no eran originarios de Argentina, sino de Chile. Como todo ser humano, como todo Presidente, Roca tuvo aciertos y errores. Sin embargo, a él le debemos que para visitar La Pampa, Río Negro, Neuquén, Chubut, Santa Cruz, o Tierra del Fuego, no tuviéramos hoy que atravesar una barrera, ni ninguna otra frontera; y que los propios patagónicos (que hasta tuvieron un Presidente) sean hoy considerados compatriotas nuestros.

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domingo, 14 de noviembre de 2010

Cada quien atiende su juego. Por Jorge Raventos

Basta verla con el rostro devastado y la mirada ausente, junto a Barack Obama y rodeada por una legión de sonrientes mandatarios en la “foto de familia” del G20, en Seúl, para comprender que Cristina de Kirchner, pese a todos los esfuerzos, recorre aún una etapa de perplejidad y dolor. En otros tiempos la amplitud de su sonrisa hubiera competido exitosamente con las de los restantes jefes de gobierno y, por cierto, no hubiera desatendido a las cámaras que eternizaban el instante (mucho más si, como en este caso, el protocolo la ubicaba al lado del presidente de los estados Unidos), jamás la habrían sorprendido desabotonándose el saco de su severo trajecito negro.

La presidente va sobrellevando con empeño y flema la proverbial soledad del poder, que en esta caso debe leerse también por separado - la soledad y el poder- porque hasta el 27 de octubre ella no había experimentado en plenitud ninguna de ambas cosas, ya que contaba a su lado con la desbordante presencia de Néstor Kirchner y que, en rigor, era él quien timoneaba la nave compartida.
No se habían cumplido aún quince días desde la muerte de Kirchner y debió cruzar los cielos hasta las antípodas, dejando detrás los hilos sueltos de su gobierno. Por fortuna para ella, el Bombardier Global 9H-XRS de 13 plazas alquilado para su viaje a la empresa suiza Comlux, despegó desde la base aérea de Palomar y no desde Ezeiza. Eludió así el desordenado espectáculo del aeropuerto, las airadas protestas de pasajeros a los que les retrasaban o anulaban vuelos de Aerolíneas Argentinas, la compañía (todavía privada) a la que el Estado destina más de un millón de dólares por día. En fin: se ahorró así una depresiva postal de la gestión calamitosa que tiene que ordenar.
En ausencia de la Presidente, la Cámara de Diputados debía tratar el presupuesto del año 2011. Ella dejó una consigna que parecía acuñada por el propio Néstor Kirchner: hay que hacer aprobar la propuesta del gobierno; sin modificaciones. Como la desaparición del jefe ha puesto a ministros y funcionarios políticos en situación de revalidar títulos ante la nueva autoridad en operación, mostrar logros y medir sus fuerzas, se desató una verdadera carrera sin orden ni método para cumplir el úkase (y hacerlo en condiciones improbables, pues el oficialismo no cuenta ya con mayoría numérica en la Cámara Baja). Así las cosas, se lanzaron al ruedo muchos espontáneos y quisieron conseguir resultados a los panzazos, ofreciendo distintos tipos de favores a diputados de los bloques opositores. La frase favorita parece haber sido: “Pedí lo que quieras”. Con ese estilo los plomeros oficialistas no consiguieron hacer aprobar la propuesta oficial de presupuesto; aunque lograron persuadir a una docena de diputados de las bancadas ajenas de que se ausentaran del recinto, ese número fue insuficiente. También lograron desatar un nuevo escándalo político que autorizó a Elisa Carrió aseverar que “ahora la Banelco es de Cristina”, en alusión al (todavía procesalmente en curso) caso de presunta compra de voluntades de senadores durante el gobierno de Fernando de la Rúa. Es razonable que al analizar estos sucesos desde el melancólico aislamiento de su suite en Seúl el desasosiego presidencial se haya incrementado.
Para colmo de males, el ministro de Economía Amado Boudou, uno de los escoltas de la Presidente en Corea, sumaba su propio desconcierto al clima general. Boudou no terminaba de entender por qué en Buenos Aires el jefe de Gabinete Aníbal Fernández había salido a enmendarle la plana al hablar de la inflación. “No coincido” (con la opinión de Boudou de que la inflación afecta sólo a la clase media alta), había dicho Fernández, para agregar que el fenómeno afectaba “más a los que menos tienen”. ¿Había recibido instrucciones Fernández para erosionarlo? ¿Serían ciertas las versiones de que Cristina podía pedirle la renuncia?
En el clima de incertidumbre generado por la muerte de El Jefe, todo es sobreinterpretado, todo se lee con una óptica conspirativa (que ya existía y el propio NK alentaba), agravada por la incerteza sobre el funcionamiento actual de las líneas de mando.
Por cierto, las declaraciones del Jefe de Gabinete no entrañaban ninguna crítica demoledora a Boudou; seguramente tampoco estaban inducidas desde arriba ya que el propio Fernández tuvo que salir (tardíamente) a recortar el alcance de sus palabras, señal de que fue reconvenido por la Presidente. Si con sus dichos sobre el ministro de Economía había tratado de exhibir (o medir) su autonomía y sus grados de libertad en el gobierno, puede concluirse que encontró rápidamente un límite. A la señora le molestó el efecto de las opiniones de Fernández: la imagen de sus ministros serruchándose recíprocamente el piso, de un gabinete en el que cada cuál atiende su juego.
Si bien se mira, la desaparición de Néstor Kirchner ha impulsado a casi todos los actores de la política y el poder a emular a Antón Pirulero. El ordenamiento que Kirchner otorgaba a la tensión política ha desaparecido con él: los roles que tenían validez hasta el 27 de octubre se vaciaron de contenido. Los actores se empeñan ahora en saber el carácter y el argumento de la nueva obra en escena. Y. en primera instancia, se repliegan sobre lo que más conocen y lo que les otorga más seguridad.
En las fuerzas no kirchneristas el caso está claro. Carlos Reutemann, al dejar su sitio en la mesa coordinadora del Peronismo Federal (no en el interbloque del Senado, donde promete permanecer), denota al menos dos cosas: primero, que considera que, efectivamente, el paisaje político se modificó sustancialmente al no estar Kirchner y que el eje de reagrupamiento antikirchnerista perdió significación; segundo, que en esta instancia debe priorizar su propio territorio, Santa Fé, donde para competir con el socialismo de Hermes Binner el peronismo necesita presentarse unido, más allá de diferencias de opinión en el terreno nacional. Se seguirá especulando con la posibilidad de una candidatura presidencial de Reutemann; él sabe que no puede ni empezar a rodar si no se garantiza a Santa Fé como retaguardia segura. Ese es su juego.

José Manuel De la Sota es aquel que en un congreso del PJ, en Parque Norte, en 2003 reivindicó a José Rucci y provocó la ira de Néstor y (sobre todo) de Cristina Kirchner. Fue tras aquella tenida, en la que, entre otros, la actual presidente se trenzó con Olga Riutort y con Hilda Chiche Duhalde, cuando Aníbal Fernández acuñó aquella definición sobre los “debates de alta peluquería”. La evocación tiende a recordar que De la Sota nunca estuvo anotado en las listas del kirchnerismo. Sin embargo, antes de que la presidente volara a Seúl, él voló con ella a Córdoba y asistió con ella a un acto público (y soportó inclusive los abucheos de las barras kirchneristas). El juego al que atiende De la Sota es análogo al de Reutemann: el justicialismo cordobés (que De la Sota preside y que aspira a representar como candidato a gobernador) no puede ser competitivo si no se une y, sobre todo, si no cuenta en el año electoral con respaldo del poder central. Para que ese apoyo no sea una mochila insostenible, quien represente al justicialismo no puede encarnar una política enfrentada con el campo. Conclusión: para atender su juego provincial en sociedad con la Casa Rosada, De la Sota debe conseguir cambios significativos en la política central dirigida al campo. Todo un desafío que no carece de relevancia.
Desde otro lugar, Daniel Scioli tiene inquietudes análogas. El navegó los tiempos del conflicto con el campo y los posteriores haciendo esfuerzos para que la relación con ese sector clave de la provincia no le perdiera la confianza. Las encuestas indican que lo logró en gran medida, aunque en los meses centrales del conflicto, en 2008, sufrió un retroceso. Por estos tiempos Scioli también ha decidido atender en exclusividad el juego provincial. Al fin de cuentas, la provincia de Buenos Aires es casi la mitad de la Nación en población y en producción.
Scioli está poniendo en marcha un proyecto ambicioso, cuyas consecuencias pueden resultar de enorme significación para la gobernabilidad de la provincia y (precisamente por el peso de Buenos Aires) sobre el país todo. Ese proyecto es de la regionalización: la creación de nueve zonas –subgobernaciones- de alrededor de 2 millones de habitantes cada una, que autogestionarán temas de tanta importancia como la educación, la seguridad y la infraestructura. La idea de descentralizar y de llevar la autoridad encargada de la gestión directa lo más cerca posible de los ciudadanos es una contribución a la participación y el control ciudadano, a una administración más dinámica y eficaz y también al despliegue de las identidades regionales. El peso abrumador del conurbano sobre el conglomerado provincial termina influyendo perversamente sobre un Estado centralizado, relativizando y minimizando tanto las potencialidades como las necesidades y los rasgos característicos de otras zonas de la provincia.
El desarrollo de su proyecto provincial tiene para Scioli –si se lo quiere pensar así- doble propósito: un programa de descentralización exitoso en el distrito más importante del país tiene dimensiones que fácilmente pueden exceder los límites bonaerenses.
Mauricio Macri, otro referente nacional de importancia, también está convocado por lo local. Aunque las encuestas lo muestran como un candidato nacional con posibilidades, su problema es la retaguardia: si él decide jugar una candidatura presidencial el año próximo, no está garantizado que el Pro pueda seguir en el gobierno porteño, ya que los candidatos partidarios a sucederlo no presentan los mismos atractivos que él.
La fluidísima política argentina impide hoy saber cuál será el paisaje en las vísperas electorales: ¿Llegará Cristina Kirchner a encarnar a un justicialismo más o menos unificado? ¿Habrá un peronismo unido con otro candidato? ¿El centro izquierda se presentará en la ciudad de Buenos Aires con un postulante de la atracción que hoy las encuestas le asignan a Fernando Solanas o Solanas se decidirá por una postulación testimonial a presidente? ¿Qué pasará con Elisa Carrió y su Coalición Cívica? ¿Los radicales y socialistas ofrecerán una alternativa competitiva? La respuesta a algunas de estas preguntas les facilitaría a Macri y a sus seguidores del Pro la decisión que deberán tomar tarde o temprano: si en 2011 deben jugar la candidatura presidencial de Macri, o si es preferible repetir en la ciudad y completar una gestión de ocho años antes de ir por el premio mayor.
Cada cuál atiende su juego: Hugo Moyano, de regreso de Europa, tiene que definir si suspende la ofensiva por el proyecto de distribución de ganancias de su asesor Héctor Recalde, si se sienta con los empresarios con ánimo de frenar la pujas distributiva (que la UIA ve como motor de la inflación), y si admite la tutela de Cristina de Kirchner, Daniel Scioli y los intendentes en el peronismo bonaerense o pelea por conducirlo desde el lugar que dejó vacante Alberto Balestrini.
En fin, la propia Presidente debe definir el juego al que atenderá mientras supera su penoso duelo: ¿conductora de un peronismo que conoce mal y por el que hasta ahora ha mostrado baja empatía, candidata a presidente, presidente dispuesta a terminar bien un período que para ella se presentó mal, o mera albacea de la herencia de Néstor?
El Antón Pirulero parece sencillo, pero tiene sus misterios.
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sábado, 13 de noviembre de 2010

La sustitución de exportaciones. Por Héctor A. Huergo

(Publicado en Clarín el sábado 6 de noviembre de 2010)
La Presidenta Cristina Kirchner reanudó su actividad pública el martes, en un evento cargado de significación. Y que deja mucha tela para cortar. Fue a la planta Santa Isabel de la firma Renault, donde acompañó el lanzamiento de un modelo de alta gama.
Dijo muchas cosas sugestivas. Dejemos las de barricada y tomemos las conceptuales. Entre éstas, mencionó el apoyo que le ha dado el gobierno a este segmento de la actividad industrial que se ha convertido en paradigmático. El sector automotriz es, sin tapujos, el hijo dilecto del modelo económico vigente. Ejemplificó que durante la crisis del 2009 el Estado le aportó 500 millones de pesos para pagar los sueldos y evitar despidos, como parte de las “políticas activas” necesarias para sostener su desarrollo. Y atribuyó a ese apoyo la bonanza actual del rubro, con un volumen de producción y exportaciones récord, además de ventas también récord en el mercado interno.

Aceptemos que las políticas activas son necesarias, para no entrar en una discusión ideológica. Obviemos que las automotrices no son pymes y que hace cincuenta años que gozan de un régimen de privilegio.
También reconozcamos el éxito de la gestión K por sus resultados a la vista. Pero para ejecutarlas hace falta plata. Los 500 palitos de algún lado salieron. Al igual que los miles de millones que se consumieron en los últimos años en subsidios de tarifas y servicios.
La diferencia con otras etapas de nuestra historia es que ahora hay de donde sacar. Es que en el siglo XXI el mundo ya no es lo que era en las postrimerías del siglo XX. Los términos de intercambio se invirtieron, jugando a favor de la Argentina y sus vecinos. Por la transición dietética en los países emergentes y la nueva demanda de biocombustibles, lo que producimos siempre, ahora vale. Y además aprendimos a producir con mayor eficiencia, organización e infraestructura. Y mucha mayor cantidad de la mano de los equipos e insumos que utiliza el agro moderno.
Sí, es El Campo, la Industria Verde. Su competitividad se expresa, precisamente, en su balanza comercial: para exportar 30.000 millones de dólares, como va a suceder en el 2011, hubo que importar 2.000 millones. A la inversa, casualmente, de lo que ocurre con la industria automotriz, donde la balanza comercial sigue siendo negativa a pesar del boom exportador.
Muchos, diría que la mayor parte de los economistas, creen que el campo sigue siendo una actividad primaria, de escaso valor agregado y sin potencial en la generación de empleo. No es un concepto autóctono: en el vertiginoso ascenso de Brasil, la componente rural fue y es decisiva, y sin embargo para el gobierno brasileño el sector agropecuario no es prioritario.
Representa el 35% del PBI (casi como en la Argentina) y el 40% del empleo. Provee también el 50% de la energía a través de los biocombustibles y la cogeneración eléctrica de los ingenios azucareros. Es el sector más dinámico de la economía. Ahora, el tercer productor de caña está volcando su producción a la elaboración de plásticos (Braschem y Dow) en sustitución de materia prima de origen petróleo.
En estas condiciones del mercado mundial, con una demanda expansiva y precios históricamente elevados, ha cambiado la situación macroeconómica de todos los países de la región. Condenados a las crisis recurrentes de su sector externo, hoy cuentan con una base de sustentación sólida.
Pero así, no es sustentable. Se puede aceptar que ciertas industrias tengan algunos beneficios, si se las considera estratégicas. Pero echar la carga sobre las espaldas de los sectores más dinámicos, sin otro cálculo que la relación de fuerzas, termina chocando contra el techo. Transferir ingresos del agro a otros sectores económicos es una dudosa estrategia de sustitución de exportaciones.
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jueves, 11 de noviembre de 2010

Las falencias del "modelo". Por Alieto Guadagni

Pocos presidentes han ejercido el poder con el vigor y la intensidad de Néstor Kirchner, no sólo en las áreas de la política exterior, sino también en todos los aspectos de la política interna, particularmente la política económica. Por esto, no ha sorprendido que dentro de los núcleos del peronismo vinculados al gobierno nacional (gobiernos provinciales y municipales) comience a debatirse la necesidad de "profundizar" el denominado "modelo de acumulación y distribución del ingreso". Más allá de enunciados retóricos, partamos de la afirmación de Perón, quien siempre insistía en que "la única verdad es la realidad". Nos concentraremos entonces en las cosas tal cual vienen ocurriendo.

La base de la acumulación de capital productivo se genera en el proceso ahorro-inversión, y lo que se observa es que este proceso está siendo orientado hacia la fuga del ahorro hacia el exterior. Un régimen que expulsa ahorro al exterior desacumula capital productivo. Es decir, "los otros viven ahora con lo nuestro". Destaquemos que las inversiones directas externas productivas son hoy en Brasil diez veces superiores a las nuestras. En la década anterior, la diferencia a favor de Brasil era mínima. Hoy la confianza sobre el futuro es distinta: en los últimos cuatro años ingresaron en Brasil 60.000 millones de dólares y se fueron del nuestro, vía fuga de ahorros privados, más de 40.000 millones. Las inversiones productivas en Brasil tienen asegurado financiamiento a largo plazo y bajo interés, cosa que no ocurre entre nosotros. Influye el hecho de que Brasil tiene un riesgo país menor a la tercera parte del nuestro, a pesar de que su endeudamiento público es mayor.
La explicación a esta paradoja se encuentra en el primitivismo de persistir, por ejemplo, en presentar cifras estadísticas oficiales que no reflejan la realidad. También influye negativamente que nuestra inflación sea cinco veces superior a la de Brasil. Tenemos la segunda inflación en el mundo, superada únicamente por Venezuela. Con una inflación creciente no será fácil sustentar un proceso de inversiones sostenidas.
El sector productivo debe estar asentado sobre un sector energético sólido, y lamentablemente se nos evaporan mes tras mes las reservas de petróleo y gas por falta de inversiones. El capitalismo competitivo le ha permitido a Brasil expandir en esta década sus reservas de gas, mientras que las nuestras cayeron 55%; además, ellos incrementaron sus reservas de petróleo y las nuestras cayeron 20%. Por eso Brasil cada vez produce más gas y petróleo, mientras que nuestra producción cae y cada vez se explora menos. La razón es la reforma constitucional de 1995 de Fernando Henrique Cardoso, que abolió el tradicional monopolio de Petrobras, la convirtió en una empresa abierta a la inversión de accionistas privados y al mismo tiempo convocó, a través de licitaciones competitivas e internacionales, a las empresas líderes en el mundo para explorar más de 130 millones de hectáreas marítimas. En cambio, nuestro capitalismo de amigos tiene como exponente la irregular adjudicación de más de siete millones de hectáreas potencialmente petroleras en Santa Cruz a dos conocidos empresarios vinculados al poder.
Algo similar está ocurriendo con el stock ganadero, que ha disminuido en varios millones de cabezas y ya viene comprometiendo el abastecimiento interno, además de impulsar una inflación de costos vía aumento de precios de la carne por escasez en la oferta interna. La versión vigente del "modelo" no entiende la revolución de los alimentos del siglo XXI, impulsada por el 80% de la población mundial, que sigue demandando proteínas animales y lo seguirá haciendo por las próximas décadas; además, es incapaz de diseñar una política que promueva la transformación de proteínas vegetales en proteínas animales, fortaleciendo la cadena agroindustrial. De esta manera nos condenan a exportar pocas materias primas agrícolas, profundizando la primarización sojera. El desarrollo de una vasta red de unidades industriales en las zonas productoras del interior dedicadas a incorporar valor agregado a estas materias primas sería la mejor receta para tener un país federal y regionalmente equilibrado gracias a estas nuevas actividades.
Se insiste en gravar con retenciones a todas las exportaciones, incluso de manufacturas industriales (caso único en América latina). Esto contribuye a que apenas ocupemos el 11° lugar en América latina en crecimiento de las exportaciones. En esta década, nuestras exportaciones más que se duplicaron y eso es una buena noticia, pero el caso es que las brasileñas más que se triplicaron. La principal explicación de este distinto comportamiento se encuentra en el hecho de que a nadie en Brasil se le ocurriría desalentar y ponerle obstáculos a la difícil tarea de ganar nuevos mercados con impuestos antiproductivos propios del Imperio Romano (diezmos antes, hoy retenciones). Nuestros impuestos al comercio exterior son siete veces mayores a los brasileños.
El "modelo" vigente invierte mal los recursos públicos dedicados a la inversión. Utiliza mecanismos oscuros para ejecutar las obras públicas, mecanismos que son compatibles con un aumento injustificado en los sobrecostos. No puede "acumular" un modelo que desalienta la inversión de riesgo y sólo ampara las que encuadran en el denominado "capitalismo de amigos". La ausencia de inversiones debilitará en el futuro nuestro crecimiento porque aparecerán estrangulamientos de capacidad en sectores estratégicos. En el mundo moderno, las inversiones productivas a largo plazo requieren normas que pueden ser estrictas y rigurosas, pero deben ser transparentes y estables. Un "modelo" que utiliza indicadores falseados por el Indec como termómetro básico de todas las actividades económicas no puede promover la acumulación de capital productivo.
Finalmente, el modelo no "acumula" con sentido federal porque no asegura una adecuada coparticipación de impuestos, ya que transfiere automáticamente a las provincias por debajo del mínimo legal del 34%. Es el valor más bajo de los últimos 50 años, incluso menor a la época de la última dictadura militar. Recordemos que la ley negociada por Alfonsín-Cafiero en 1988 establecía una coparticipación automática a favor de las provincias del 56,6%.
Sin federalismo fiscal no hay federalismo político y los gobernadores son meros delegados del Ejecutivo Nacional. El modelo vigente no puede ser muy inclusivo porque ignora la pobreza que afecta hoy a uno de cada cuatro argentinos.
Pero como se manipulan las estadísticas, el "modelo" cree que ha reducido la pobreza, sin advertir que la inflación de los últimos años ha creado más de tres millones de nuevos pobres. Si el Gobierno cree en sus propias cifras no podrá tener nunca una política social inclusiva en serio. El modelo vigente no es realmente inclusivo porque ha concentrado enormes subsidios, principalmente en el sector energético, en los sectores medios altos de la sociedad, en lugar de implementar una verdadera tarifa social que asegure el consumo de los más pobres.
Hoy más de la mitad de los pobres son niños y más de la mitad de los niños son pobres. Pero el "modelo" no tiene hasta ahora propuestas efectivas para mejorar no sólo la cobertura, sino también la calidad de la escuela pública, que es la única chance que tienen los núcleos humildes de quebrar la "reproducción intergeneracional de la pobreza".
Por todo esto es urgente fortalecer un verdadero modelo de acumulación y distribución. Este es el desafío que enfrenta hoy el peronismo.
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domingo, 7 de noviembre de 2010

El miedo al desbande y el poder vacante. Por Jorge Raventos


En el mismo instante en que una red de intelectuales y polígrafos de Estado convierten la figura de Néstor Kirchner en centro de una densa hagiografía y se esfuerzan en dibujar la leyenda del kirchnerismo e imaginarle un porvenir, un hombre asociado a esa corriente desde los primeros balbuceos –fue uno de los forjadores del fenómeno y acompañó a los dos presidentes del ciclo familiar como jefe de gabinete- describe la situación actual del kirchnerismo como “un desbande”.

Es cierto que Alberto Fernández cayó en desgracia en la corte de Olivos después de que decidió renunciar al gobierno, y que su nombre pasó a estar en índex cuando se desmarcó con claridad en la guerra K contra los medios, pero es evidente que sus juicios no están alimentados por el despecho: aún desde las márgenes y desde el destierro simbólico (dejó de ser recibido por el matrimonio particularmente desde que se publicó un libro periodístico cuya inspiración informativa le fue atribuida) ha procurado trabajar para devolverle al oficialismo las virtudes que él asigna a sus orígenes. Fernández describe el desbande como el “estupor” y la “desazón” producidos por la desaparición de quien ejercía la jefatura política del sistema de poder oficialista.
Esa función es de reemplazo improbable porque no tiene que ver con “la gestión” administrativa ni con “la incansable disposición al trabajo”, sino con las relaciones de mando y obediencia, con la capacidad concentrada (y reconocida o admitida por propios y ajenos) para contener, premiar, castigar y disciplinar.
Todas las organizaciones quedan resentidas cuando pierden abruptamente un jefe, pero en aquellos casos en que el reemplazo no responde a protocolos ni a formalidades preestablecidas, ni a abdicaciones plausibles, sino a otras pautas
-más bien fácticas- , los procesos de sucesión van acompañados de desbande y conflicto, de alianzas súbitas y rupturas vertiginosas, hasta que se impone una nueva jefatura…cuando (y si) se impone.
Juan Perón había previsto esas circunstancias y por ello, antes de su propia muerte advertía a sus seguidores que “sólo la organización vence al tiempo” y los exhortaba a pasar “de la etapa gregaria a la etapa institucional”. Es verdad: esto es más fácil de proponer que de realizar.
Como conjuro contra la dispersión descripta por Alberto Fernández (que, en rigor, estaba en marcha antes del 27 de octubre, y desafiaba al propio Néstor Kirchner) el oficialismo sólo apela hasta el momento a sus reflejos de agresividad o a rituales defensivos. La presidente se balancea entre presentar como corazas su dolor y su pérdida, ostentar una potencia carismática a esta altura quizás más voluntarista que concreta (“siento que de mí depende la suerte de todos los argentinos”, dijo en uno de sus discursos recientes) y calificar a opositores y críticos como “necios” o “traidores” o a rebajarlos en la escala zoológica, tratándolos de monos o loros. Aquellos que en los años ’70 leían (o al menos citaban) a Franz Fanon solían adjudicar una genealogía política a la deshumanización conceptual del adversario. No era una genealogía democrática, precisamente.
El culto a Kirchner y las invocaciones a la unidad en torno a la autoridad partidaria (y eventualmente la candidatura presidencial) de su viuda son mecanismos naturales y previsibles de defensa frente al desbande. Cuando alguien se echa atrás frente a un precipicio, no lo hace por miedo a caerse, sino por el temor de arrojarse. El oficialismo se encuentra sometido a pulsiones contradictorias: requiere la unidad, pero sin la presencia del que la ordenaba, ingresa a la lógica de la competencia por posiciones, la susceptibilidad extrema, la sospecha y la lucha preventiva.
La frase con la cual el jefe de gabinete Aníbal Fernández pareció tender un puente a Hugo Moyano (“la CGT es la columna vertebral del gobierno”) en este contexto de suspicacias merece interpretaciones contradictorias.
Vale la pena puntualizar en principio que si bien la expresión del jefe de gabinete, puede tener un aroma a ortodoxia peronista, esa es apenas una ilusión óptica: Perón dijo que “el movimiento obrero” (no la CGT) era la columna vertebral “del movimiento peronista” (no del gobierno). Fernández produjo un deslizamiento con sentido de la oportunidad y las necesidades del gobierno.
“Aníbal trató de soldar la unidad del gobierno con la CGT porque estaba quebrada”, sugieren algunos. Citan esa comunicación telefónica de la noche del 26 de octubre entre Moyano y Néstor Kirchner en la que –según versiones que nacen en la Casa Rosada- hubo palabras fuertes y gritos destemplados. Agregan las imágenes de Moyano en el velatorio, recibido con frialdad y distancia por la viuda. Así, para esa mirada, Aníbal Fernández aparece emparchando un mal trato y corrigiendo una actitud de la presidente.
Una lectura diferente: en un contexto en el que Moyano se encaramó a la presidencia del justicialismo bonaerense contrariando las preferencias de los jefes territoriales de la provincia (y quizás las de Néstor Kirchner) y cuando sus partidarios pegaban en los alrededores de Plaza de Mayo, antes aun de que concluyeran las exequias oficiales, carteles que reclamaban “Moyano Conducción”, la frase de Aníbal Fernández sería una invitación a la paz pero también un límite estricto : “columna vertebral, pero nunca cabeza”.
La tensión está presente. En las cercanías del jefe camionero hay cautela táctica: malician que alrededor del vértice político se mueven fuerzas que están buscando revancha por los reveses que sufrieron en la década del 70 y en vida de Perón y que ahora están dispuestos a aprovechar la vulnerable imagen del jefe cegetista. Observan las investigaciones judiciales emprendidas sobre el gremio y organizaciones aliadas del moyanismo como parte de una ofensiva destinada a neutralizar al camionero. En la última semana hubo al menos dos iniciativas judiciales que caben en esa clasificación. Moyano busca aliados para defenderse de esa ofensiva: los primeros contactos para anudar un armisticio con las organizaciones empresariales fueron una muestra. La agenda de contactos del moyanismo no se agota en los números telefónicos de la UIA.
Realineamientos, rupturas y búsqueda de nuevas amistades estarán al orden del día en los tiempos que se abren tras la desaparición de Néstor Kirchner.
Los mercados reaccionaron frente al hecho con una visión optimista: estimaron que se abría para el país una oportunidad de cambio positivo; el valor de activos argentinos se incrementó. en algunos casos por encima del 20 y del 30 por ciento, en otros casi hasta un 50 por ciento. Algunos analistas, como Javier Kulesz, de la Unión de Bancos Suizos, concluyeron que “no hay razón que justifique que la Argentina tenga un riesgo país de 500 puntos, salvo el riesgo político”. Desde esa perspectiva, la oportunidad del país reside en orientarse hacia un cambio que le permita encontrarse con la corriente central, la misma por la que navegan los países vecinos, desde Chile hasta Perú, desde Brasil hasta Colombia.
Los reflejos defensivos del gobierno parecen inhibirlo para aprovechar la oportunidad, lo encierran en la repetición del discurso, lo transforman en esclavo de un guión, de un personaje, de un mandato. El miedo al “desbande” no detiene ese proceso, que avanza en aguas profundas más allá de lo que las encuestas midan en la superficie.


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El peronismo de Córdoba y el neokirchnerismo. Por Daniel V. González

José Manuel de la Sota la tenía muy complicada. Sus aspiraciones a gobernador de Córdoba chocaban con un problema de difícil solución. Por un lado, Córdoba es una provincia donde el kirchnerismo nunca ha obtenido buenos resultados electorales. De tal modo, De la Sota se ha cuidado muy bien de manifestar su preferencia hacia el gobierno nacional, gobernara Néstor o Cristina. Al momento de la crisis con el campo se permitió, incluso, alguna que otra expresión a favor de los chacareros pero nada muy entusiasta, conforme a su estilo un tanto indefinido y especulador.

Como se sabe, a De la Sota no le va bien con los votantes de la capital cordobesa. Durante su gobierno había logrado echar raíces en el interior provincial, base del triunfo electoral de Schiaretti en 2007. El mundo rural durante décadas había sido hostil al peronismo y claramente favorable a la UCR pero esa situación cambió durante los noventa.

Su acceso al poder en las elecciones de fines de 1998 estuvo signado por la rebaja del 30% en los impuestos provinciales, medida de fuerte impacto electoral y que resultó apoyada por amplias franjas de contribuyentes. Pasado el tiempo, sin embargo, la rebaja no resultó favorable –como se había pronosticado- a un aumento de la recaudación provincial. La Caja de Jubilaciones de la Provincia de Córdoba tampoco fue beneficiada por la gestión de DLS. Su déficit creció en razón de la gran cantidad de jubilaciones anticipadas otorgadas por la provincia y esta situación afectó el endeudamiento provincial a la vez que hizo mucho más vulnerable a la provincia por lo cual la volvió sumamente dependiente de la buena voluntad del gobierno nacional.

La elección de junio de 2009 fue deplorable para el PJ de Córdoba. Por primera vez en toda su historia obtuvo el tercer puesto en la grilla de los votos, detrás del radicalismo y de Luis Juez. Conforme a la matemáticas del PJ provincial, esta circunstancia se debió al hecho de que el peronismo local fue dividido en tres: el PJ oficial, por un lado, el PJ kirchnerista, que obtuvo el 9% de los votos y el justicialismo de Rodríguez Saá, que obtuvo una mínima cantidad de votos pero que, si se hubieran sumado a los del PJ oficial, hubiera permitido, por ejemplo, que el justicialismo llegara a conseguir un senador provincial, algo que no ocurrió por primera vez desde 1946.

El cálculo que hace DLS es sencillo: la suma de las dos fracciones peronistas le asegurarían el triunfo en la provincia. Ahí nace su posición en procura de la unidad del peronismo provincial.

La muerte de Néstor
De tal modo, antes de la muerte de NK, el dilema de De la Sota era de difícil solución. Con la sola fuerza del PJ no-kirchnerista, no alcanzaba los votos suficientes para ganar las elecciones a gobernador del año que viene. Pero si intentaba sumar al sector kirchnerista del intendente Eduardo Accastello, matemáticamente los votos alcanzarían pero se encontraría con un nuevo problema: perdería votos entre los no-kirchneristas y esto le vedaría el triunfo. Algunas versiones daban cuenta de que, teniendo en cuenta esta situación, DLS tenía pensado desistir de presentarse como candidato a las elecciones de 2011.

Pero ocurrió algo impensado: murió Néstor Kirchner y la imagen de Cristina, según miden las encuestas, ha tenido un repunte en la consideración pública. Esta situación ha refrescado los bríos del ex gobernador que ahora ve una nueva posibilidad de unificación del peronismo provincial. La actual situación le hace pensar que ahora el kirchnerismo ya no es “piantavotos” y que, al contrario, le podría sumar a él una cantidad de votos que, de otro modo, no podría conseguir.

De la Sota sabe que el beneficio en materia de repunte en las encuestas, que ha significado para Cristina su inesperado estado de viudez, quizá no se prolongue en el tiempo. Pero no tiene otra chance que sumarse y promover la unidad del peronismo, en nombre de las nuevas circunstancias y de la natural prescripción de rivalidades que supone toda muerte.

En tal sentido, la dualidad de DLS, su ambigüedad e indefinición, que muchos ven como oportunismo y especulación, parecen cesar ante el nuevo escenario provocado por el deceso del ex presidente. Si hasta ayer el PJ de Córdoba tenía muy claro que las elecciones locales debían realizarse en una fecha distante de los comicios nacionales, para no contaminar la lucha local con las opciones nacionales, hoy por hoy seguramente se estará evaluando la unificación a fines de beneficiar el PJ cordobés con el aporte nacional que pueda arrimar, según estos cálculos, Cristina Kirchner.

Claro que las cosas no son tan fáciles. El grupo liderado por Accastello reclama para sí un protagonismo mayor que el puede ofrecerle el ex gobernador. Y este sector aumentará su influencia a medida que pueda consolidarse la imagen de Cristina Kirchner a nivel nacional.

El perfil
¿Cuál es el perfil político que De la Sota desea mostrar a sus potenciales votantes? Ninguno predeterminado. El ex gobernador es un político a la nueva usanza, de esos que se manejan con las encuestas en la mano y van midiendo sus pasos en función de su percepción cotidiana de la realidad.

Se rodea de asesores de imagen que le acercan sus ideas acerca de qué es lo que conviene decir, cómo decirlo y hacia dónde hay que ir para colectar votos que le permitan llegar al poder.

No queremos decir que el ex gobernador sea incapaz de moverse por sus propios medios. No, nada de eso. Al contrario, se trata de un político muy inteligente y perceptivo. Pero no es de los que pongan en un primer plano su concepto sobre el rumbo que debe tomar el país y la provincia y, a partir de ahí, intente convencer a las ciudadanía, con argumentos, sobre la necesidad de adoptar un determinado camino.

Al igual que la inmensa mayoría de los políticos actuales, da la impresión que DLS actúa al revés, siguiendo las mediciones que realizan los encuestadores y diciendo aquello que dicen los encuestadores que la gente quiere escuchar.

Y ahora, conmovida por la muerte de Néstor Kirchner, la opinión pública se muestra muy sensible respecto de Cristina. Una parte de los que hasta hace poco la censuraban, ahora parecen compadecerse de su situación y la apoyan aunque ésta dé muestras suficientes de ratificar y aún endurecer los puntos de vista y actitudes de los tiempos en que su marido vivía.

Esta voltereta de la opinión pública parece haber hecho torcer el rumbo al ex gobernador. Todo hacía pensar que se encaminaba hacia un enfrentamiento con un desprestigiado gobierno nacional que apenas concentraba un tercio de los votos nacionales. Ahora, con este repunte (que nadie sabe si se sostendrá en el tiempo), De la Sota se sube al avión presidencial, concurre al acto en Renault y, aunque rechazado por los kirchneristas más puros, comienza a pensar en ser el candidato de una probable unidad del peronismo de Córdoba. Esto supone también repensar la conveniencia de unificar las fechas electorales porque, como van las cosas, Cristina no resta sino que, al contrario, puede sumarle votos para su sueño de volver a la gobernación de Córdoba.



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miércoles, 3 de noviembre de 2010

La reelegida. Por Jorge Asís

Tío Plinio querido,Para ser La Reelegida, La Elegida tiene que aprovechar la transitoria centralidad. La intensidad inicial del duelo.El duelo brinda, en la práctica, inmunidad. Inhibe a los impugnadores. Los desorienta. Los inmoviliza.Es de mal gusto, incluso, entrarle durante el duelo. No corresponde.Por lo tanto, ningún opositor mueve una ficha. Por la conveniencia de tomar distancias.Hay que aguardar el momento propicio para saltarle. Y ahí sí, entrarle.En cuanto La Elegida comience a equivocarse, van a irle, tío Plinio querido, por la yugular.Por el duelo, La Elegida mantiene suficiente aire político en los pulmones. Garantía para un par de semanas. No más.Tendrá que disfrutar la centralidad, por ejemplo, en Corea.

En la cumbre del G-20. En la membresía lograda por aquel comportamiento condenable de los noventa.En materia de interlocutores, La Elegida va a elevarse. Al recibir las condolencias de los líderes magnéticos. Son muy útiles para la reproducción de fotografías.El beso previsible de Obama. De la señora Merkel. Del chino Hu Jintao. Del distante Sarkozy.A todos ellos, circunspectos y pacientes, La Elegida les va a brindar, desde el dolor, pero sin anestesia, otra espléndida clase académica. Con recomendaciones explícitas, desde la experiencia en materia de crisis.En Corea, pero con “consumidor final”, tío Plinio querido, en la Argentina. El destinatario exclusivo que interesa.Si saben planificar el duelo, en quince días, completan el trabajo los vanguardistas del Frente Encuestológico de la Victoria.Para la numerología, La Elegida gana en primera vuelta. Para ser, en adelante, La Reelegida.
Pleitesías. PanegíricosKirchner supo, tío Plinio querido, retirarse a tiempo. Como Gardel.En la antesala justa de la declinación final.Tenía, el pobre, el boleto picado. La escuadra sistemáticamente se le desmembraba.La fatalidad de la muerte brota para brindar, a los suyos, el último servicio.Es productor, aparte, gracias a la muerte, de las pleitesías más inesperadas.Enternece, sin ir más lejos, el tratamiento de TN al estadista extinto.Por la conmoción, “Todo Noticias” hoy parece competir, en materia de indulgencia, con C5N.O con los dilatados tramos del Canal 26. O del 9, el Canal “recuperado”. Como el Hotel Bauen.Con su muerte, El Furia logró doblegar, por si no bastara, al Grupo Clarín.Con la esperanza, acaso, que los más sensatos puedan contener a La Elegida.En el 2010, Héctor Magnetto debió ocupar, tío Plinio querido, el lugar vacante. El de jefe de la oposición. Cetro que le correspondió, en 1974, a Ricardo Balbín.De no haberse optado por la instrumentación del velatorio para barra bravas, perfectamente Magnetto estaba capacitado para mirar a La Elegida. Y dificultosamente decirle:“Este adversario despide a un amigo”.Kirchner resulta, al fin y al cabo, más tolerable muerto que vivo.Abundan los panegíricos por doquier. Tardaron en darse cuenta que El Furia era un patriota total.Panegíricos, por ejemplo, de los intendentes que fueron taponados con el polvo de las obras. De los mini-gobernadores de Buenos Aires. Los que fueron convocados por Scioli, el Líder de la Línea Aire y Sol.Pudo percibirse, a través de los panegíricos, que Konrad Adenauer, al lado de Kirchner, era un poroto.Sin colectoras a la vista, desborda la súbita pasión kirchnerista.De haberla mantenido en junio del 2009, se le hubiera ahorrado, a El Furia, el descenso. La humillación del triunfo de otro desorientado. Narváez.En definitiva “Buenos Aires, la provincia inviable” (cliquear) está con “el modelo”.
El dueloDel sepelio se pasó, tío Plinio querido, a la reelección. Sin escalas.La centralidad transitoria sirve para persuadir a la sociedad que aún muerto Kirchner, el kirchnerismo continua indemne. Dolorosamente igual. Sin límites para la audacia.No les basta, a los kirchneristas estimulados, con llegar, con migajas de aire comprimido, hasta el 9 de diciembre del 2011.Al contrario, vienen por más. Por la “profundización del modelo”.Es la alucinación que persiste entre los funcionarios. En la plenitud de la impostura, participan de una epopeya revolucionaria.Desde el duelo, el Operativo Clamor está lanzado. Es imparable.Deben explotarse los efectos sutilmente redituables del duelo.Como si formara parte -el duelo- de la fabulosa kermesse del Bicentenario.Otra superproducción de Fuerza Bruta. Falta, apenas, la muchacha voladora. Símbolo de la patria altiva, para las cámaras programadas de La Corte.
Peronismo y kirchnerismoEl peronismo es, tío Plinio querido, la ideología del poder (tema de discusión para el seminario).La construcción popular gestada, en los cuarenta, por los sectores esclarecidos del ejército que ya no existen.Basta, para descubrirlo, con leer a Robert Potasch. Es aquel ecuánime estudioso de la Universidad de Amherst. El que más sabe, acaso, del GOU (Grupo de Oficiales Unidos).O con frecuentar a Abelardo Ramos. De los pocos intelectuales que se extrañan.O al prolífico embajador Piñeiro Iñiguez. Por prejuicios con la diplomacia, aún no es valorado como se merece.El kirchnerismo, en cambio, es una versión patológica del peronismo.Pero peronismo al fin. A pesar de la indignación de los peronistas “federales”. Los que se encuentran desarmados. Frustrados por la muerte del enemigo principal.El Furia que los consolidaba, en el fondo, en la forzada identidad.Aún muerto el líder más concentrador, el kirchnerismo, en su patología, sólo puede reconstruirse desde el poder.Sin el poder, al contrario del peronismo, el kirchnerismo no puede aspirar a la estructuración de ninguna resistencia mitológica. La ética es presupuestaria.Explica entonces la voluntad de los funcionarios que salieron, desde el espectáculo del dolor, a plantear la reelección de la viuda digna.A inventar, desde el residuo democrático de la monarquía, los atributos de Máximo.Contienen ambiciones de permanencia. Ayudados por la inmunidad del duelo. Por la oposición inhibida. Siempre envuelta al vacío, como el salmón.Amordazada por las cintas de sus carencias.Justo cuando los kirchneristas debían preparar el bolsito, El Furia, tío Plinio querido, se les viene a morir. Para salvarlos. Como Jesús.Por el duelo no le envíe, esta vez, ningún mensaje a la tía Edelma.En la próxima tendrá data sobre el tarot gitano del amor.
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sábado, 30 de octubre de 2010

Paisaje después del duelo. Por Jorge Raventos

Desde la mañana del miércoles 27 de octubre, cuando se supo que el corazón de Néstor Kirchner había fallado fatalmente, Argentina abrió un paréntesis que todavía no se ha clausurado, un espacio de espera y reflexión, de vigilia, mientras se procesan los duelos que la desaparición del ex presidente ha suscitado. El inapelable rigor de la muerte parece suspender por unas horas o unos días la lógica cotidiana y da vida a un escenario diferente, en el que emergen aspectos que lasa rutinas ocultan y fenómenos que la fugacidad ilumina por un instante. Hay gestos que se magnifican en el marco de la solemnidad, palabras y silencios que adquieren mayor significado.

El país observó durante estas horas interminables una imagen distinta de Cristina de Kirchner. Junto al féretro, enfundada en su traje negro y parapetada detrás sus anteojos oscuros, devastada por la muerte de su esposo y compañero, seguramente abrumada por las jornadas que deberá afrontar desde ahora sin su ayuda y su guía, esa mujer que invitaba a la compasión no era, en tales momentos, la misma que la cadena nacional de radiodifusión difunde sin cesar, ni la que dos semanas atrás vetó la ley del 82 por ciento móvil para los jubilados: la trasmutaba el misterio de la muerte, que nos vuelve más prójimos que nunca, que iguala a ricos y pobres, empareja a los gobernantes con los ciudadanos, a una viuda presidencial con cualquiera de las personas que padecieron en carne propia la pérdida de un ser querido, víctima de la inseguridad, la miseria, la enfermedad o el infortunio.
¿Pueden sacarse conclusiones políticas de lo que muestra una situación de excepcionalidad? Hay quienes se apresuran a intentarlo. Aseguran, por ejemplo, que en la atmósfera creada por su desgracia, la Presidente ha remontado en las encuestas las bajas calificaciones que lucía hasta una semana atrás y deducen que, ahora sí, está en condiciones de competir con muchas chances por acceder una vez más a la presidencia en 2011. El canciller Héctor Timmerman se apresuró a lanzar esa candidatura, pero es probable que él haya tenido otros fundamentos: ha querido inaugurar un nuevo verticalismo en el que a él le sea dado estar entre los primeros socios; seguramente consideró, además, que el lanzamiento de la candidatura cristinista paralizaría otras ambiciones y congelaría cualquier lucha interna. Esta es una cuestión que empezará (más bien: volverá) a estar sobre el tapete cuando se cierre el paréntesis del duelo.
El mecanismo que había imaginado Néstor Kirchner para prolongar su dominio político en el país fue la elección sucesiva y por turnos de ambos cónyuges del matrimonio. Esa reelección sui generis incluía, para Kirchner, el suplemento virtuoso de evitarle al miembro de la pareja que estuviera como presidente en funciones el período que los norteamericanos llaman “del pato rengo”, esos últimos meses (a veces últimos dos años) en que el mandatario saliente va perdiendo paulatinamente autoridad y poder. El 2011 le tocaba a él ser candidato y, trabajando para su propia postulación, sentía que colaboraba en el apuntalamiento de la gestión de su esposa.
El rápido lanzamiento de la candidatura de Cristina Kirchner, antes aún de que hubieran concluido las ceremonias del adiós a Néstor, es quizás un conjuro de emergencia contra el síndrome del pato rengo, porque la muerte de Kirchner sin duda provoca una gran fragilidad en la estructura del gobierno. Era él el que tenía las claves y los contactos, él quien conseguía articular (o desarticular) fuerzas partidarias, él quien disciplinaba, y también él quien decidía en materia económica. Sin él, que se hacía cargo de esos asuntos, la presidente tiene ahora que rendir varias materias para las que no parece suficientemente preparada.
Debe hacerlo durante el último año de su gestión y en condiciones que ya le estaban resultando arduas al propio Kirchner, que observaba la creciente disgregación de sus fuerzas y de su influencia: le costaba poner en caja a la fracción sindical de Hugo Moyano, pese a que el crecimiento del camionero sería inexplicable sin el amparo de los gobiernos K; chocaba con la reticencia de muchos jefes territoriales; se comprometía en peleas decisivas que ya no ganaba; se decía decepcionado de la Corte Suprema que él entronizó. Precisamente por esa tendencia a confrontar (que últimamente, a diferencia de los primeros años, se traducía además en derrotas) Néstor Kirchner venía perdiendo el diálogo (y la simpatía) del mundo empresarial y también la confianza en su liderazgo de parte de muchos dirigentes de su propia fuerza.
Recuperar o reconstruir los mecanismos del poder -en definitiva, las condiciones de la gobernabilidad- es la tarea que tienen por delante la Presidente y el país. Y no es fácil.
Hoy, aún bajo los efectos de la última atmósfera de paz, tregua o amnistía, desde dentro y desde fuera del oficialismo se ofrecen puentes de colaboración a la cooperación y se escuchan discursos de concordia. Tan pronto se termine de cerrar el paréntesis del duelo reaparecerán las cuestiones pendientes.
Hay en los alrededores de la Presidente quienes la alientan a –como dicen- “profundizar el modelo”. Parecen referirse a perseverar en las peleas de los últimos tiempos: con los medios, con la “Justicia cautelar”, con el campo, con “las corporaciones”. En suma, a insistir con una línea que fue aislando paulatinamente al gobierno y desconectando al país de las corrientes centrales del mundo.
No se puede precipitar conclusiones a partir de situaciones anómalas, pero lo cierto es que en el seno del duelo y de las ceremonias fúnebres, hubo signos que apuntan hacia esa dirección: el desdén hacia los dirigentes opositores que fueron a dar el pésame, el rechazo anticipado a la presencia de Eduardo Duhalde y del vicepresidente Julio Cobos en el velatorio, los gritos de sectores juveniles contra el vicepresidente, ¿son anticipos de ese programa de “profundización”?
En todo caso, ¿sobre qué estructuras apoyar ese programa para darle sustentabilidad? La significativa movilización de jóvenes que acompañaron las honras a Kirchner ha promovido en algunos (inclusive fuera de los límites del oficialismo) la impresión de que allí podría encontrarse una fuerza para apuntalar esa política. Napoleón Bonaparte aconsejaba apoyarse sobre lo que resiste.
Hugo Moyano quizás esté dispuesto a acercar sus fuerzas para el programa de “profundizar el modelo”; sin embargo, el trato frío que recibió durante el velatorio (y la versión que ronda sobre una fuerte disputa telefónica con Kirchner pocas horas antes del síncope cardíaco que acabó con la vida de éste) insinúan que no se lo considera tropa propia.
Los jefes territoriales, con sus más y sus menos, estarán dispuestos a dar respaldo a la gobernabilidad y a la Presidente. Los que pertenecen al peronismo pretenderán, seguro, que no se los conduzca a luchas estériles y a aislarse de la opinión pública. En 2011 la enorme mayoría de ellos pone en disputa su propio poder y saben (muchos lo aprendieron a costo propio en el comicio de 2009) que , más allá de la fuerza propia, la opinión pública independiente de sus distritos es la que termina definiendo entre triunfo o derrota. La mayoría de ellos admitirían contentos integrar un FPV que se traduzca como Frente para la Victoria. Pero no los entusiasma en lo más mínimo que FPV se quiera traducir como Frente para la Venganza: saben que ese es el prólogo de una derrota.
En su gabinete, la Presidente encontrará expresiones cercanas a cada una de las opciones que se le abren: algunos más abiertos al voluntarismo profundizador, otros más receptivos a las necesidades que expresan los jefes territoriales, algunos dialoguistas, otros más facciosos. Varios de esos ministros hablaban de estas cosas con Néstor Kirchner, ahora deberán conversarlos con la señora, y ésta tendrá que ocuparse de temas que antes eran casi monopolio de su esposo.
Argentina tiene ante sí una enorme oportunidad en el mundo, que quiere comprar lo que producimos eficazmente y está dispuesto a pagar por esos productos precios muy altos. Se trata de potenciar esa oportunidad trabajando codo a codo con los productores rurales, en lugar de quedar atados a peleas anteriores contra ellos. Los gobernadores e intendentes de provincias agrarias lo tienen claro.
También podría la Argentina usufructuar las posibilidades de recibir inversión externa, como lo hacen nuestros vecinos, Chile, Uruguay, Brasil, que cuentan con gobiernos de distintas tendencias, de centro derecha y de centro izquierda. Estos tres países comparten un rasgo: por debajo de sus sistemas políticos hay acuerdos nacionales, esto es sistemas deliberadamente creados por el consenso de los actores políticos y sociales destinados a encontrar fundamentos comunes y límites en los conflictos. Argentina no ha producido esos acuerdos.
La desaparición de Néstor Kirchner, viga maestra del gobierno mientras existió, vuelve urgente reconstruir el poder político. Cerrado el paréntesis del duelo, la vida vuelve a su curso.
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La muerte de Néstor Kirchner: el corazón y la política. Por Daniel V. González

Probablemente haya que buscar más en la política que en la Ciencia Médica las razones de la muerte súbita del ex presidente Néstor Kirchner.
Hombre de temperamento atrabiliario, Kirchner entendía el poder como un ejercicio personal, indelegable y cotidiano. Lejos de descansar en la delegación de funciones, distante de reposar y confiar en los juegos naturales de las instituciones democráticas, Kirchner vivía el poder como algo personal y, en consecuencia, de dimensiones absolutas. Intensidad y obsesión eran dos presencias cotidianas en su modo de ejercer el poder.

Ese modo de entender la política –y la vida- lo llevó a la muerte prematura.
Pero fue la propia dinámica de sus actos la que, además, fue construyendo un contexto que con el paso del tiempo se le había tornado hostil. Cada batalla –grande o pequeña- era una apuesta a todo o nada. Cada debate, una lucha a muerte. Cada diferencia de opinión, un intento de golpe de estado.
Asumió el poder en condiciones excepcionalmente favorables para el país y, en general, para el mundo emergente. Los formidables precios de los commodities, gracias al aumento de la demanda promovido por China e India, hizo que la Argentina gozara de una ventaja estimable, basada en su producción agropecuaria, potenciada tras el silencioso proceso de transformación del agro nacional durante las últimas décadas.
Los precios excepcionales permitían mantener un alto nivel del gasto público, a la vez que un superávit comercial desacostumbrado. Vivíamos en un mundo perfecto. Todo comenzó a complicarse hacia marzo de 2008, con la crisis del campo. Las razones de la crisis hay que buscarlas más en la política que en la economía. Una discusión por el volumen de las retenciones derivó en un duro enfrentamiento con un sector integrado por muchos de sus propios votantes.
Y a partir de ahí, todo su gobierno entró en una pendiente de la que nunca pudo recuperarse pese a los datos que reflejaban las encuestas que cada día le acercaban sus consultores amigos. Las elecciones de 2009, imprevistamente, lo tuvieron como perdedor aunque su apuesta había sido la máxima posible: él mismo había encabezado la lista de diputados nacionales para la Provincia de Buenos Aires. Pero fue derrotado.
Desde ese día abrigaba una sola obsesión: destruir al Grupo Clarín, al que responsabilizó por su derrota electoral. Era su máxima ambición al momento de morir. Pensaba que su destino político estaba atado a esa batalla previa. Por esa ley, pero no sólo por ella, comenzó a enfrentarse con la Justicia, incluso en sus máximas instancias. Su concepto del poder no se detenía ni ante una resolución de la Corte Suprema. Todo aquél que no estaba de su lado era descalificado, maldecido y demonizado.
Pero ya todo había comenzado a complicársele inexorablemente. Su visión acerca de la naturaleza de las dificultades que enfrentaba su gobierno era de una elemental y engañosa simpleza. Los tiempos del crecimiento amable y sencillo habían pasado. Se avecinaban tormentas y esta situación era percibida con claridad por todas las encuestas de opinión que le anunciaban con claridad el final de su ciclo. Y esos problemas también eran registrados por el propio cuerpo de Néstor Kirchner.
Lentamente pero con una velocidad que iría creciendo, comenzó a desarticularse su frente interno. Varios intendentes del conurbano bonaerense, sumamente prácticos y acomodaticios, comenzaron a buscar nuevos horizontes ante la perspectiva cierta de que Kirchner fuera derrotado en las elecciones de octubre de 2011. Pensaba que Daniel Scioli estaba detrás de esa fuga y lo increpó duramente en público un mes atrás.
Su enfermedad coronaria no es ajena a este horizonte de dificultades crecientes. Todas las observaciones realizadas por la prensa y los políticos opositores acerca de la fragilidad de su salud, fueron tomadas como una ofensa que buscaba pintar con trazos de debilidad la personalidad del hombre fuerte de la Argentina. La realidad inmediata demostró que, otra vez, Kirchner estaba equivocado.
Lo que puede venir
¿Sobrevivirá el kirchnerismo a la muerte de Néstor Kirchner? No está escrito. El kirchnerismo ha sido, en cierto modo, un revival de los años setenta, una extensión en el tiempo de los días en que Cámpora, con los votos de Perón, habitó brevemente la Casa Rosada. El núcleo duro del kirchnerismo eran los hombres de aquel tiempo, con el discurso de aquel tiempo, con las obsesiones y odios de esos años pero en un mundo que ya había cambiado en lo sustancial.
Kirchner chocó con las dificultades propias de su estilo confrontativo y visceral, colisionó con los enemigos que él mismo, prolijamente, había decidido construir. Pero –y quizá esto sea lo más importante- Kirchner se desmoronó en su empeño de leer y vivir como en los setenta un mundo en el que ya no quedan casi rastros de ese tiempo también incierto. O, dicho de otro modo, lo que queda de él es una supervivencia ideológica cada vez más divorciada de una realidad que se desplaza en un sentido distinto y que demanda, también, ideas distintas.
Es cierto que el partido del poder recibirá un impacto inmediato con la desaparición de su máximo líder, el hombre que concentraba todo el poder real y que lo ejercía cada día. Se abre para su esposa, nuestra Presidenta, un tiempo cuya incertidumbre dependerá de sus propios actos, de lo que Cristina Fernández haga de ahora en adelante.
El kirchnerismo se había transformado, con la vestimenta del peronismo y el uso de la sigla partidaria, en un gran partido de izquierda. Ahí confluyeron distintos sectores de la izquierda tradicional (socialistas, comunistas), sectores del peronismo de izquierda que reivindican a las organizaciones armadas y el terrorismo y sectores del nacionalismo popular de izquierda. Coexisten con ellos, franjas moderadas de las clases medias urbanas y de los trabajadores sindicalizados.
De este polo político se habían desprendido personajes tales como Pino Solanas (que sin embargo apoyó parlamentariamente a Kirchner en temas fundamentales), Sabatella y otros menores, distanciados, sobre todo, por cuestiones de estilo y de espacios de poder, más que por diferencias ideológicas o políticas.
¿Podrá mantener Cristina Fernández el liderazgo de este polo del progresismo y la izquierda? No lo sabemos. Lo cierto es que desde la crisis entre los Kirchner y el campo se está abriendo paso en la política argentina, más allá de los partidos, la demanda de un nuevo estilo político en el que la crispación y los enfrentamientos cotidianos cedan el paso a la elaboración de un programa de objetivos concretos de coincidencias que subordinen las acciones de los próximos gobernantes a una grilla de prioridades nacionales consensuada entre las fuerzas de una nueva dirigencia y una nueva mayoría.
El nuevo tiempo político supone también tomar nota de un contexto mundial en el que no tienen cabida políticas locales que han probado reiteradamente su fracaso. Es país debe actualizar sus puntos de vista y sus políticas respecto de los principales problemas de la economía mundial. De este modo podrá aprovechar mejor estos años dorados en los que nuestros productos son demandados y pagados a precios sin precedentes.
La muerte de Kirchner acelera, probablemente, la llegada de un nuevo tiempo, que demandará nuevas ideas.
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miércoles, 27 de octubre de 2010

La muerte de Kirchner priva al gobierno de su viga maestra. Por Jorge Raventos

El síncope que abatió a Néstor Kirchner provocó en simultáneo, si se quiere, una implosión política.
Aunque él a veces jugueteaba con la denominación de “primer caballero”, la desaparición de Kirchner tiene una significación que excede largamente ese rol protocolar, el de diputado nacional o el de secretario general de Unasur. Con su muerte se disuelve abruptamente el eje ordenador y conductor del sistema de poder vigente. Ese sistema de poder estuvo siempre concentrado, centralizado y articulado por Néstor Kirchner, tanto mientras ejerció personalmente la presidencia como durante el tiempo en el que ese cargo ha estado ocupado por su esposa. Como señaló Rosendo Fraga en La Nación: “ La falta de Kirchner deja la sensación política de que falta el Presidente”.

Su desaparición corta de un tajo los hilos de todas las redes –políticas, partidarias, sindicales, empresariales- que llegaban a esa terminal única que Kirchner representaba.
Un cortocircuito de semejante magnitud no puede sino someter a grave riesgo la gobernabilidad y sobre este punto reflexionan e intercambian ideas por estas horas, atravesando las jornadas de duelo, hombres de la política, la economía y las empresas.
Es que en la Argentina la dinámica política prevalece sobre lo institucional y lo que colapsó esta mañana en Calafate con el corazón de Kirchner fue el motor central del poder político. Un motor que ya se observaba averiado pero que seguía funcionando y todavía contenía, aunque cada vez con mayor esfuerzo, las fuerzas centrífugas de su sistema.
Las instituciones, por otra parte, venían ofreciendo un cuadro de anemia y una suerte de empatre en la inmovilidad. Ya era una anomalía que la figura central del ordenamiento constitucional, el Poder Ejecutivo, se viera empalidecida por la fuerza real del poder de Kirchner, a quien se atribuía –con cierto realismo- capacidad para hacer y deshacer. En cualquier caso, el poder del Ejecutivo venía debilitándose, hasta el punto que, a un año de haber impuesto una ley que estima vital para sus intereses, como la Ley de Medio, no ha conseguido aún ponerla en ejecución. El Congreso, cuando consigue aprobar leyes, choca con el veto del ejecutivo, como ocurrió con la del 82 por ciento para los jubilados. En cuanto a la Corte Suprema, puede dictar un fallo como el de la reposición del Procurador de Santa Cruz para resignarse luego ante la resistencia del gobierno provincial a darle cumplimiento.
Si la dinámica política es la que prevalece, es de allí de donde deberían surgir las respuestas al riesgo que se cierne sobre la gobernabilidad.
La historia argentina muestra que en situaciones críticas, las provincias
-anteriores y constituyentes de la Nación- son los pilares que pueden sostener el proceso político democrático y la gobernabilidad. Los gobernadores unidos (incluyendo, obvio, al jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires), más allá de su pertenencia partidaria, encarnan poderes territoriales efectivos y un valor institucional fundante, como es el federalismo.
La súbita desaparición de Néstor Kirchner, al retirar de improviso la viga principal que sostenía la administración de su esposa y dejar al país en peligro de ingobernabilidad, impulsa al centro de la escena a los jefes territoriales.
Las circunstancias distinguen particularmente la figura del gobernador bonaerense: no sólo porque está al frente de la provincia más grande (en población, en capacidad productiva), sino porque se ha caracterizado por una actitud de respeto y diálogo que el contexto ayuda a valorizar. A esos atributos se suma ahora, desde la muerte de Kirchner, la presidencia del Partido Justicialista. Los partidos pueden aportar al espíritu de concordia y pacificación de los espíritus que requiere la empresa de la gobernabilidad.
El escenario por un instante está en penumbras pero se intuyen los ajetreo que preceden el inicio del próximo acto.
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lunes, 25 de octubre de 2010

Inseguridad e indolencia. Por Claudio Chaves

El problema de la inseguridad no es nuevo, ni siquiera de los últimos tiempos. Lo hemos padecido en distintos momentos a lo largo historia. Y siempre hubo alguien que encontró una solución.Voces interesadas afirman que es un fenómeno moderno que asuela al mundo entero a consecuencia del triunfo salvaje del capitalismo inhumano. “Frente a la inseguridad creada en el mundo por el retroceso del Estado de Bienestar. ¿Cómo se compensa esta sensación? Mostrando que la principal amenaza que hay es el delito común” (Zaffaroni al diario La Nación 18/2/09).

La presidente, por su parte, tiene la teoría de que el crimen y la violencia social responden a la enorme desigualdad. Una especie de revancha de los de abajo frente al abismo entre ricos y pobres. Llegando a expresar que al no ser la desigualdad tan marcada en África el delito en ese continente es un problema menor.
Hay, también, otras opiniones que responsabilizan a la circulación y profusión de noticias como la causante de nuevos delitos. Tesis que abona Alberto Fernández, ex Jefe de Gabinete de este gobierno, según un artículo de su autoría aparecido en La Nación (4/10/2010). Este último parecer es fácil de desestimar a poco de indagar en nuestras familias y círculo de amigos.
¿Entonces que podemos decir acerca de la ola delictual que nos azota y que según indican las encuestas se halla en el primer orden de preocupación del pueblo? ¿Cuál su razón de ser?
¿La pobreza? ¿La desigualdad? ¿La injusticia social? ¿Los trabajos mal pagos? ¿La desaparición de la cultura del trabajo? ¿La pobreza estructural?
Puede ser, sin embargo a mi entender responde más a causas de un Estado ausente, inexistente, ineficiente y bobo que ha optado por “dejar hacer y dejar pasar” al mejor estilo smithiano, que a causas de otra índole.
Un Estado que en vez de intervenir, como y donde corresponde, se aparta de sus responsabilidades fundamentales que son la seguridad, la salud y la educación. En el caso argentino se hace más evidente y dramática la borrada. ¿Por qué?
Porque la élite política que nos gobierna es portadora de la utopía (para decirlo de alguna manera piadosa), de que “el rol de la política es la de ser garante de derechos y reguladora de la vida económica”, en lenguaje vulgar intervencionismo. Sin embargo en temas como la seguridad reina el laissez faire.
El avance del delito se debe, seguramente, a múltiples causas, ahora bien, mientras no sean corregidas o esperamos que eso ocurra tenemos delincuentes en la calle que matan, violan y asesinan. ¿Que hacemos entonces? ¿Esperamos la solución a largo plazo? ¿Cuál es ella? La élite gobernante debería recordar las celebres palabras de Keynes, economista de sus amores, quién decía a largo plazo estamos todos muertos.

ALGUNOS EJEMPLOS DE LA HISTORIA

Corría el año 1812 y la provincia de Buenos Aires cargaba sobre sus espaldas con la responsabilidad fundamental de la guerra de la independencia.
El esfuerzo y el desgaste político, con sus luchas intestinas, habían originado un vacío de poder que motivó un serio desorden administrativo y civil que alimentaron el crecimiento voraz del delito. Era preciso solucionar el asunto y “atender a la defensa de la seguridad individual y de la propiedad, seriamente comprometidas por un estado de cosas de lo más lamentable que nadie pueda imaginar. Numerosísimas bandas de salteadores y asesinos, abrigados en las arboledas y huecos del ejido y de las quintas infestaban los suburbios. No solo de noche, sino a la luz del día, saqueaban y asesinaban familias enteras quebrantando puertas a viva fuerza, o abriéndolas con ganzúas. Su audacia había llegado a tanto, que con mucha frecuencia, aún a la hora de la siesta, se introducían en el centro mismo de la ciudad y saqueaban tiendas o casas de familia con éxito completo.
Los suburbios en que se abrigaban esas bandas de malhechores y prófugos formaban al oeste, de norte a sur, una cintura que ceñía a la ciudad, donde había eriales y huecos desolados, perfectamente apropiados para escondrijo de vagos, prófugos y criminales.
El mal había llegado en 1812 a ser una calamidad pública, una plaga social que tenía aterrado al vecindario. Era indispensable, urgente, extirpar a toda costa ese desorden con un rigor inexorable, sumario y ejecutivo en los procedimientos. El mal crecía por semanas; y la situación general estaba ya afectada como por una de esas desgracias que conturban el orden social arruinando el imperio de las leyes y de las buenas costumbres.
En vista de estos principios y de esa necesidad suprema se creo una Comisión de Justicia, encargada de proceder sumarísimamente y nada más que a buena verdad sabida, o probada, en cada caso de crimen contra las personas o contra los bienes, eliminando todos los procedimientos que pudieran hacer moroso o ineficaz el castigo aún en los casos de condenación a muerte, que fueron los más frecuentes. Esta Comisión comenzó sus trabajos con un manifiesto:
Las leyes que se han hecho precisamente para consultar la seguridad y el orden de las sociedades y de sus individuos, jamás deben permitirse que degeneren en disolución. Las consideraciones de equidad que se dispensan a los delincuentes, lejos de producir efectos saludables, llegan a ser una barrera que defiende escandalosamente la impunidad de los delitos. Los delincuentes calculan sobre la demora de su castigo. En tales circunstancias es ya necesario abrir un paréntesis a todas esas fórmulas y ritualidades ordinarias, que no pueden sostenerse sin peligro inminente del resto de la comunidad” (López, Vicente Fidel: Historia de la República Argentina. Ed. La Facultad. Bs. As. 1926. T. IV. Pág. 143 y 144)
De esta forma aquellos hombres, valorados hoy como próceres fueron, también, capaces de hallar un remedio a los “pequeños problemas” de la vida cotidiana.
Además de las grandes utopías de la libertad y la independencia resolvieron la “insignificancia” de combatir a pillos y facinerosos.


Ocurrida la Batalla de Caseros y derrotado Rosas el general Urquiza ocupó circunstancialmente el caserón de don Juan Manuel, en San Benito de Palermo en la afueras de la ciudad. Esperó allí algunos días antes de entrar a Buenos Aires. Sin autoridad, puesto que Rosas se había ido y Urquiza no entraba la ciudad se transformó en un pandemónium. Bandas de ladrones, desertores y vencidos ocasionaron todo tipo de desmanes y tropelías. La ausencia de autoridad competente envalentonaba a los elementos antisociales que existen en los intersticios de toda sociedad.
“Al caer la noche y en la ausencia de disciplina y orden, bandas desorganizadas empezaron a saquear las tiendas y las casas. Ante el desamparo fuerzas de marinería extranjera desembarcaron para mantener un poco de orden. En la mañana siguiente, una banda compuesta de diversos elementos cayó de improviso sobre un piquete de marinería abriendo fuego”. (Scobie, James, R.: La lucha por la consolidación de la nacionalidad argentina. 1852-1862. Ed. Hachette. Bs. As. 1964. Pág. 21)
Los desmanes se desarrollaron durante tres días seguidos llegando incluso a ingresar un delincuente en la casa del representante inglés en Buenos Aires lo que nos hace imaginar la zozobra y angustia de la población común.
A los dos días el cuerpo diplomático se entrevistó con Urquiza en Palermo rogándole a “Urquiza tomara medidas inmediatas con el fin de asegurar la vida y los bienes contra el pillaje. Urquiza inmediatamente dio orden de que cualquiera persona a quienes se encontrase robando fuese fusilada en el acto y mandó a la ciudad patrullas de su ejército para ayudar a la policía. El cinco de febrero ya habían sido fusiladas más de un centenar de personas. El restablecimiento del orden por la fuerza aumentaron el número de los ejecutados. El camino que unía a Buenos Aires con el cuartel general en Palermo era a menudo el teatro de tales ejecuciones colgándose los cadáveres de las ramas de los árboles del camino”. (Scobie: Ob. Cit. Pág. 26)
Estos crueles acontecimientos ponen evidencia las condiciones que se gestan cuando no hay Estado o autoridad competente, en condiciones de generar y mantener el orden, y cuando los hechos alcanzan niveles insoportables, en que la vida en sociedad se hace imposible, las respuestas halladas siempre son brutales e inhumanas.
Cierto es que en el caso narrado los sucesos se produjeron de repente. Sin embargo hay otros momentos en que se dejan avanzar las cosas irresponsablemente sin causas que lo justifiquen. En esta situación nos hallamos hoy los argentinos.

El largo problema del indio en la pampa argentina fue resuelto en 1879 por el General Roca. El asunto venía de lejos. Ya en 1750 el abuelo de Rosas había caído asesinado a orillas del Salado a manos de un malón en los alrededores de su estancia, el Rincón de López. Recuerdo que la historia recoge por la importancia del nieto. Pero fueron cientos los que murieron a manos de los salvajes y cuyos nombres no han trascendido.
Más de ciento treinta años los argentinos convivimos con el problema del indio. Robaba, violaba, incendiaba y raptaba en sus feroces entradas sobre las poblaciones. Era dueño de un territorio en donde el Estado Nacional no ejercía control ni dominio. “Fronteras interiores” denominaba Roca a esas tierras. Como ejemplo de esto último está el recuerdo de las infelices cautivas. Esclavizadas en los aduares y en el mejor de los casos rescatadas por medio del pago de abultadas sumas de dinero. Se llegó al escándalo que el Banco Provincia abrió una línea de crédito para rescatar cautivas.
En 1876 se produjo lo que se conoce como la "invasión grande". Masivo y mortal ataque indígena sobre Azul, Tapalqué y Tandil provocando más de 400 muertos, quinientos secuestrados cautivos, y 300.000 cabezas de ganado en manos de la marginalidad.
Era imposible continuar viviendo asediados por el robo, la muerte y la violencia, o se triunfaba de manera clara y contundente o los pueblos de frontera continuarían desangrándose. El general Roca decidió asumir los costos políticos y la responsabilidad de la tarea.
“Vamos pues a disputarles sus propias guaridas, lo que no conseguiremos sino por medio de la fuerza. A mi juicio el mejor sistema de concluir con los indios es el de la guerra ofensiva. Hay que ir a buscarlos a sus guaridas y causarles un terror y un espanto indescriptibles” (Roca)

En síntesis si se deja avanzar la situación delictual hasta un punto que sobrepase los naturales límites de lo tolerable, llegará, entonces, una época de violencia represiva como quizás no se halla visto aún, es hora de resolver las cosas ya, antes que la situación empeore. El estado nacional debe pasar a la ofensiva y destruir sus cuevas y guaridas que se conocen y se sabe donde están.
Como se hizo en 1812, 1852 y 1879. Hay que tener decisión y coraje. No resta mucho tiempo.
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¿Qué poder tendría Moyano sin Kirchner? Por Jorge Raventos

Durante la segunda quincena de octubre Hugo Moyano se transformó en figura central de la política argentina. Ese protagonismo se sostiene tanto en algunas realidades como en varios equívocos.
Es real que, ante la anemia que afecta al oficialismo (derrotas en la batalla contra los medios, divorcio de la opinión pública, deserciones y reticencias de la propia tropa, límites objetivos para ejercer el gobierno del modo al que están habituados) Kirchner ha buscado cobijo en el aparato gremial que maneja el camionero y en sus recursos de poder. El acto del viernes 15 en el estadio de River fue una muestra de lo primero: Néstor y Cristina Kirchner fueron huéspedes de una amplia movilización que el kirchnerismo no podría convocar por sus propios medios. La CGT les permitió un módico “baño de masas”.

Pero las circunstancias le aportaron un nuevo rol a Moyano. El miércoles, en Barracas, un grupo de activistas y colaboradores de la Unión Ferroviaria, con la aparente participación de funcionarios de la administración del ex Ferrocarril Roca y ante la inacción de las fuerzas de la Policía Federal que se encontraban en ese escenario, emboscaron una manifestación de protesta de trabajadores precarios de aquella línea de trenes, apedrearon y balearon a sus participantes, con el resultado de dos personas heridas (una, de gravedad) y una (un joven militante de izquierda) asesinada con al menos un proyectil en el hígado.
El gobierno demoró cuatro horas en decir esta boca es mía ante el hecho. Cuando se decidió, disparó algunas generalidades de repudio, omitió tomar contacto las familias o allegados de los heridos y del muerto, y lanzó una operación preventiva destinada a sembrar sospechas de culpabilidad muy lejos de las fronteras del oficialismo. Con la agencia oficial Telam y los medios “públicos” como instrumento de difusión, declaraciones cortadas por la misma tijera fueron leídas por (o adjudicadas a) legisladores y funcionarios: coincidían en deslizar maliciosas presunciones sobre Eduardo Duhalde y se basaban (todas) en una información del diario El Cronista que (luego quedaría claro) tenía un año de antigüedad. Esa información refería que (en septiembre de 2009) Duhalde había tenido una reunión con el secretario general de la Unión Ferroviaria, José Pedraza.
La señora Hebe de Bonafini y Luis D’Elía, voceros extremos del gobierno, agregaron sus jaculatorias habituales ese argumento.
La reacción demorada y la posterior, coordinada operación de siembra de sospechas en canasta ajena evidenciaron la inquietud del oficialismo por los costos políticos que le podría provocar el episodio. La dirigencia de la Unión Ferroviaria colaboró con Moyano y escoltó a los Kirchner en el acto de River, y Pedraza, bastante más allá de sus funciones gremiales, aunque con la cobertura de éstas, funciona como un “partner” del sistema de intereses que administra tanto los ferrocarrilles, como los subsidios que se distribuyen desde la Secretaría de Transportes y el ministerio de Planificación Federal.
La probada presencia de gente de Pedraza en el episodio de Barracas representaba un flanco de alta vulnerabilidad para sus aliados, amigos y protectores. Recelando cambios en el affectio societatis, Pedraza declaró : “Tengo la impresión de que el gobierno necesita un preso rápido”.
Moyano conversó el asunto con Kirchner el jueves 21 en Olivos. El se encargaría de confirmarle a Pedraza sus conjeturas: había que quitar presión a las calderas entregando rápidamente a la Justicia lo que la Presidente había llamado “autores materiales”; en cuanto a lo que también ella llamó “autores intelectuales”, ya habría tiempo de ver qué pasaba. Nadie habló aún de lo que podría denominarse “autores espirituales” de la crispación y la violencia, pero ese es un tema que la sociedad analiza y en su momento seguramente atenderá. Pero Moyano decidió además hacer de la necesidad virtud y tomar en sus manos la reivindicación de los trabajadores precarios del ferrocarril: se reunió con ellos y les prometió que con seguiría la reincorporación de los despedidos y la formalización de los mercerizados. A diferencia de situaciones anteriores, en las que apuntaló a las direcciones gremiales cuestionadas por sus bases (caso de la UTA discutida por los trabajadores de subterráneos), en este caso Moyano tomó la bandera de los rebeldes y ejerció (acuciado por la emergencia y por Olivos) una suerte de intervención de hecho a la esfera de la Unión Ferroviaria.
Estos roles políticos que Moyano cumple en el sistema de poder de los Kirchner exhiben el incremento de su peso relativo al interior de ese dispositivo y la paulatina dependencia que los “padres del modelo” tienen de su socio. Pero generan dos espejismos. El primero lo sufre el propio matrimonio y algunos de sus fans, que imaginan que con el empuje del camionero y sus huestes pueden recuperar la gloria perdida. Es difícil que para la opinión pública, para las clases medias urbanas y para el campo (que alguna vez acompañaron a los Kirchner) Moyano sea una buena carta de recomendación. Ni siquiera en estos tiempos en que sus asesores de imagen lo convencieron de que hable bajito y pausado. Cuando alguien se está hundiendo en una ciénaga no emerge de ella tirándose de los pelos.
Pero si los Kirchner se engañan con Moyano, es posible que también el camionero esté viviendo en una confusión (en la que caen asimismo los que le toman la palabra al pie de la letra). Moyano vaticino que si llegaran a ganar las elecciones Julio Cobos o algún candidato del peronismo federal “va a haber confrontación y voy a ser el primero en salir a la calle . Saldrá Pablo (su hijo, a cargo del gremio de camioneros), saldrán los pibes. Porque no vamos a retroceder”.
Las palabras suenan amenazantes, porque los camioneros han evidenciado, en el marco del actual gobierno, que tienen capacidad de acción y presión. Pero la verdad es que el poder de Moyano es tributario del sistema de poder generado alrededor de los Kirchner: ese tren en el que Moyano viaja está retrocediendo y por más que él camine velozmente hacia el primer vagón o hasta la locomotora inclusive, anda marcha atrás, como toda esa formación. Una derrota electoral del kirchnerismo como la que el propio camionero teoriza al hablar de presidencias ajenas no desplaza sólo a los Kirchner, sino también al moyanismo, que podrá replegarse hacia el nada desdeñable bunker del gremio de camioneros, pero que ya no contará con todas las palancas (y las inmunidades e impunidades) que han sido el verdadero secreto de su ascenso.
Su ofensiva actual por convertir en ley a los panzazos el proyecto de ley de Héctor Recalde de distribución de ganancias y control sindical de los libros de contabilidad de las empresas surge de su convicción de que debe intentarlo antes de que sea tarde, antes del eclipse total del kirchnerismo.
Moyano ha sido como un ciclista que hace “drafting” (palabra elegante que significa ir “chupado”, aprovechando la succión generada por un vehículo que se desplaza adelante): creció a mayor velocidad beneficiándose de la velocidad ajena. A menudo los que hacen drafting detrás de un camión quedan estampados en éste si por algún motivo se detiene. En el mejor de los casos, si el vehículo de adelante se queda, deben bicicletear con el esfuerzo propio, vuelven a depender exclusivamente de sus piernas.
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