lunes, 1 de diciembre de 2008

Duhalde en Córdoba


Los dirigentes de la sociedad rural habían colocado 1.500 sillas en el inmenso salón de La Perla, donde invitaron a Eduardo Duhalde el jueves pasado. Cuando finalmente entró el bonaerense, estaban ocupadas las dos terceras partes, lo que conformó a los organizadores. De todos modos, los ruralistas brillaron por su ausencia. A las cansadas, aquí y allá podía encontrarse uno que otro, a los que se distinguía por el infaltable pañuelo al cuello o por el rostro curtido a fuerza de madrugones y viento sur.

Nadie sabía qué les pasó a la gente del agro: en el estacionamiento había pocas 4x4 y casi ningún colectivo. Todos los presentes, gente del mundo de la política, sin campos sembrados con soja, fueron “por la suya”.
Duhalde entró acompañado por Julio César Aráoz, que lucía un veraniego saco crema y sonreía a diestra y siniestra, como en sus mejores tiempos. En el escenario, sin embargo, y quizá para no despertar celos de nadie, Duhalde estuvo solo, sin laderos, salvo el presentador por parte de la Sociedad Rural de Córdoba. En las primeras filas decenas de parientes lo aplaudían: la madre del ex presidente es oriunda de El Quebracho, pequeña localidad cercana a Río Tercero, donde aún viven muchos primos de Duhalde.
Como todos ya estaban avisados, no se trataba de un acto público sino de una especie de conferencia, muy estructurada, muy pautada, muy organizada como para que nada se escapara de lo que previamente se pensó decir. Ayudado por un proyector y una pantalla, Duhalde iba explicando cuál fue su rol a lo largo de la crisis de 2001, su relación con los distintos sectores y su posición de apoyo e incentivo a la producción (no hay que olvidar que hablaba en nombre y representación del Movimiento Productivista, no del PJ).
A los más veteranos les llamó la atención que Duhalde dijera que en 1997 él le había manifestado a Carlos Menem (a la sazón, Presidente de la Nación) en una reunión de gabinete, de la que solicitó participar, que ya la convertibilidad “no daba para más”. Muchos de los presentes recordaban que en la campaña electoral de 1999, el candidato del PJ aseguró que continuaría con la convertibilidad y que no estaba dispuesto a salir de ella. En otros tramos de su exposición, Duhalde tomó distancia de Néstor Kirchner en lo que hace a su estilo confrontativo. Se mostró partidario de “trabajar en forma conjunta con los sectores productivos”, tanto rurales como industriales y, en uno de sus frases más jugadas, dijo que “hay que copiarse de Brasil”.
Finalizada la conferencia, un puñado de veinte personas se quedó para comer una parrillada que se apuró mientras Duhalde explicaba lo bien que había hecho las cosas cuando le tocó gobernar. Los comensales se distribuyeron en tres mesas. En la principal estaban, además de Duhalde, “Chiche” Aráoz, Teodoro Funes, Julio Bradra, Alfonso Piro, Susana Robledo, Osvaldo Weiss, Romero Díaz y otros dirigentes de la Sociedad Rural. Contrariamente a lo que podría pensarse, allí se habló poco de política y mucho de quesos. Sí, de quesos. Romero Díaz desparramó sus conocimientos sobre la manufactura de quesos de cabra. Pero no se limitó a eso: arrimó un par de bocados a la mesa, que fueron avanzados, apreciados, deglutidos y alabados por todos los presentes. Luego Duhalde cambió ideas con Robledo sobre el rol de la mujer y las políticas sociales en el nuevo momento político. Enseguida “Negro” (como le dicen sus íntimos), miró el reloj, alegó otros compromisos y partió raudamente con su comitiva.
Publicado en La Mañana de Córdoba - 1-12-2008

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