sábado, 7 de marzo de 2009

Hacia una alianza política con tono federal. Por Julio César Aráoz



La crisis mundial, la percepción de su gravedad, es probablemente lo que ha hecho que el tiempo electoral se acelere. Las opciones que se vislumbran son claras: la continuidad de un estilo de gobierno que ya ha evidenciado su decadencia e inutilidad, o la adopción de un nuevo rumbo fundado en la negociación, el diálogo, el aporte de nuevas ideas más a tono con las dificultades políticas y económicas que se le presenta a la sociedad argentina.
A medida que pasan los días se percibe con mayor claridad que estamos ante el fin de un ciclo y de un modo de gobernar construidos a partir de la crispación y el enfrentamiento. Y esto es lo que debe comenzar a cambiar.
Es la hora de amplios consensos.
Y también es la hora de nuevas ideas.
Tal es el norte con el que se han acercado en Buenos Aires Felipe Solá, Francisco de Narváez y Mauricio Macri, provenientes de distintas vertientes de pensamiento y militancia políticas.
Los tiempos que vienen reclaman también un nuevo concepto de lo que significan los pactos electorales. El aporte de ideas y de voluntades políticas supone el enderezamiento de las individualidades hacia una férrea propuesta transformadora en lo institucional y también en lo productivo.
Es preciso recuperar, desde Córdoba, la bandera federal.
Vivimos una época de transformaciones en la que un estilo de gobierno ha mostrado su incapacidad para generar consensos a favor del fortalecimiento institucional y el mejor desempeño productivo de la Nación.
Concluye un tiempo en el que las provincias están sometidas a los humores de un gobierno centralista que ignora las necesidades y esperanzas del interior.
Concluye un tiempo en que los gobernadores deben rendirse cotidianamente a la extorsión de un gobierno nacional que utiliza los recursos de la Nación para fines mezquinos y de política pequeña.
Concluye un tiempo en el que los que producen son agredidos y desalentados sistemáticamente.
Es la hora de comenzar a gestar un gobierno para todos los argentinos.
La crisis que ya estamos viviendo será mucho más dura si la agresión y el enfrentamiento continúa siendo el modo de gobernar.
Córdoba, con su formidable potencia productiva agraria e industrial, está llamada a jugar un papel clave en la reformulación política que se avecina y en la que las próximas elecciones serán un hito decisivo.
Aquí también los justicialistas debe ser el núcleo impulsor de una convergencia de fuerzas políticas, sociales y productivas, con antiguos y nuevos aliados, en la tradición señalada por el General Perón, que promueva un cambio de rumbo a nivel nacional.
La identificación del justicialismo con las necesidades de las franjas más humildes de la sociedad no debe suponer el enfrentamiento con las fuerzas productivas del agro y la industria. Es en el aumento de la producción donde reside la clave de una distribución del ingreso más equitativa y justa.
La rectificación del rumbo a favor de la producción y la convivencia política comienza a jugarse ahora, con vistas a las elecciones de octubre.
Y en tal sentido, Córdoba necesita de una confluencia política y productiva amplia, donde el respeto por las diferencias de sus integrantes y la vocación de convivencia, sean los cimientos donde comience a construirse un futuro mejor para todos los argentinos.

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