domingo, 3 de mayo de 2009

Evocaciones monárquicas: después de él, el diluvio. Por Jorge Raventos


Por si el dengue, la gripe porcina, la crisis económica, la pobreza y la inseguridad no fueran adversidades suficientes, el matrimonio Kirchner está empeñado en alarmar a los argentinos con una amenaza electoral: si los ciudadanos se atreven a derrotar al oficialismo el 28 de junio, pondrán “en juego la estabilidad democrática” (advierte la señora de Kirchner), “el país explota (…)sin mayoría parlamentaria volveremos caer en el vacío de 2001” (regüelda su esposo).
¿Por qué estaría en juego la estabilidad democrática cuando la gente ejerce su derecho a votar? La frase de la señora parece decir: “sólo hay democracia si ganan los Kirchner”, algo así como “la democracia soy yo” (o, más bien, “nosotros”, es decir, ella y su cónyuge). Esa idea evoca a Luis XIV (“El Estado soy yo”), con la singularidad de que si suena coherente que un monarca absolutista identifique el estado con su persona, la pretensión de resumir la democracia en el poder de una familia desafina demasiado.
Si la afirmación de la dama tiene un aire monárquico, la del caballero, profusa en descripciones apocalípticas y admoniciones de caos y estallidos, no le va en zaga: Luis XV fue el que imaginaba que “después de mí, el diluvio”.
Los analistas se han cansado ya de explicar que el hecho de que un gobierno pierda elecciones de medio término forma parte de la normalidad democrática, tanto como que un presidente gobierne sin mayoría propia en las Cámaras (como todas las encuestas indican que ocurrirá como consecuencia de los próximos comicios, en los que el oficialismo perderá no menos de quince bancas en Diputados y probablemente dos o tres en Senadores). Los franceses inventaron el término “cohabitación” para definir esa circunstancia; en Estados Unidos, la presidencia de Bill Clinton alcanzó sus momentos de mayor eficacia (por caso, incrementó decididamente el superávit fiscal) durante los años en que los republicanos controlaban la Cámara de Representantes, que presidía uno de sus miembros más destacados, Newt Gingrich. En la Argentina, Carlos Menem, al iniciar su gestión en 1989, gobernó varios meses con cámaras en las que el radicalismo mantenía la mayoría numérica. En cualquiera de esos casos, mencionados a título de ejemplo, nada estalló, nada se derrumbó ni desestabilizó; por el contrario, mucho se consolidó. Lo que demandan esas circunstancias, propias del ejercicio democrático, es una amplia disposición al diálogo y la convergencia. Lo que indudablemente se debilita son los proyectos de gobernar por imposición.
En rigor, las intimidaciones verbales oficialistas constituyen a un tiempo intentos desesperados por cambiar el destino electoral que profetizan los estudios de opinión pública y esfuerzos exasperados por modificar la realidad que se está modificando ya mismo bajo sus pies, sin esperar al 28 de junio. El gobierno no consigue ser obedecido como estaba acostumbrado a que ocurriera; los gobernadores toman prudente distancia y anuncian (ya lo han hecho el sanjuanino José Luis Gioja y el cordobés Juan Schiaretti) que a partir del día 29 de junio deberá constituirse una mesa de gobernadores y líderes peronistas distritales para definir el futuro del partido. Intendentes muy representativos decidieron abrirse del plan de “candidaturas testimoniales” impulsado por Néstor Kirchner, al comprender el grado de repudio social que ese recurso ha suscitado. Aldo Rico, el líder del PJ (ganó la elección interna hace pocas semanas) de San Miguel, en el sensible segundo cordón del conurbano bonaerense, resolvió abandonar el kirchnerismo, con el que mantuvo un breve aunque fructífero romance, y solicitar el fichaje en el peronismo disidente que encabeza Francisco De Narváez. Rico no es tan glamoroso como Nacha Guevara, que firmó por un tercer puesto en la marquesina oficialista, pero es seguramente más conocido que la actriz nacida en Mar del Plata y probablemente arrastra más votos que ella.
Alberto Fernández, quien fuera jefe de gabinete del esposo de la presidente durante toda la gestión formal de éste como titular del Poder Ejecutivo, también ha tomado distancia: "Si se vuelve al 2001 es porque fracasamos", replicó a su ex jefe. Y agregó: “La verdad, no creo que haya un problema de gobernabilidad en todo caso, habrá otras mayorías en el Congreso, pero muchos gobiernos conviven con otras mayorías en el Congreso". Como para que no quepan dudas de su nuevo posicionamiento, Fernández enumeró: “Tenemos problemas con el empleo, tenemos problema con el crecimiento, tenemos problema con la producción, no logramos colocar nuestros productos en el exterior, los precios internacionales y la demanda han caído, y esto no es objeto de debate en ningún lado".
Con todo, después del primer día de mayo, habrá quien argumente que no todo el mundo se aleja de Néstor Kirchner puesto que Hugo Moyano desplegó a sus camioneros y a algunos gremios aliados en la Avenida 9 de Julio en una gran manifestación de decenas de miles de asistentes, y solicitó allí el voto por los candidatos del gobierno. Siempre hay un pero: también le hizo saber a Kirchner que prefería no tenerlo de cuerpo presente en el palco.
Si bien se mira, Moyano se propuso sostener a Kirchner como la cuerda que retiene a un colgado. El acto de la CGT fue una demostración de fuerza tendiente a conseguir urgentemente algunas compensaciones que el camionero reclama para su sector: espacios para su gente en las listas electorales que deben ser presentadas a la Justicia antes del sábado 9 de mayo a las 24. Y la liquidación de fondos (unos 2000 millones) que el gobierno central le estaría mañereando a las obras sociales sindicales.
En simultáneo con el pagaré al cobro amablemente presentado por Moyano, Luis D Elía salió a enmendarle la plana al camionero y reclamó lo que considera le corresponde con métodos más bruscos. Declaró que estaba harto (sus palabras fueron más vulgares) “de tanto maltrato. No queremos más este trato selectivo, autoritario y utilitario”. Kirchner -resumió- “siempre llama cuando tiene problemas, pero nunca lo hace para armar una lista”. El piquetero oficialista, que en tantas oportunidades jugó a sus brigadas como fuerzas de choque del kirchnerismo, se siente ahora mal pagado y piensa movilizar sus columnas el jueves 7, en vísperas de la presentación de las nóminas electorales ante los jueces. Quiere que su gente tenga un lugar.
Comienza a desplegarse lo que algunos llaman “efecto estampida”, en analogía con lo que ocurre con los depositantes de un banco del que comienza a sospecharse su inminente insolvencia. Todos corren a cobrar lo que creen que se les adeuda, guiados por el lema de las grandes fugas: “el último que apague la luz”.
Es que no son pocos los que observan que a Kirchner le empieza n a resultar cortas tanto la manta política como la frazada económico financiera. Antes, para pagar sus obligaciones políticas o para colocar a alguno de sus protegidos contaba virtualmente con todas las nóminas de candidatos del país; un peronismo anestesiado y un federalismo invertebrado permitían que el poder central manipulara candidaturas en cualquier provincia, pusiera postulantes a gobernadores o a vicegobernadores o a diputados o a ediles. Hoy la mayoría de los jefes territoriales bajaron la persiana a las digitaciones del poder central y ni siquiera los que juegan (tácticamente) más próximos al gobierno K se dejan toquetear las listas impunemente. Aun en Santa Cruz Kirchner tiene dificultades para persuadir al gobernador Daniel Peralta de que acceda a sus ocurrencias.
En cuanto a la situación económico financiera, los Kirchner no se encuentra mucho mejor. Son naturalmente duros con los gobernadores más autónomos: a Schiaretti le han retenido 120 millones de un convenio de refinanciación de la deuda pública provincial. Pero lo cierto es que la escasez de fondos también los conduce a retacearle a otros, menos firmes que el propio Schiaretti. No han podido, por ejemplo, cumplir el compromiso presidencial de fines de marzo, cuando anunció el Plan Nacional de Seguridad, de destinar con urgencia 360 millones de pesos para combatir el delito en el conurbano bonaerense. Sólo 11 de los 40 distritos incluidos en el programa recibieron fondos. El tema seguridad aparece siempre como preocupación prioritaria, no sólo de los bonaerenses, sino del país entero. Aunque nunca se ocupó del tema hasta las últimas semanas, el gobierno sabe ahora que puede tener repercusiones electorales, razón por la cual, así sea por motivos menores, hoy está interesado en mostrar interés. Si no lo hace es, básicamente, porque le está costando afrontar todos sus compromisos.
En el primer trimestre, mientras sus recursos se incrementaban un 14 por ciento, los gastos crecieron el doble. Se trata de un vacío difícil de llenar para un gobierno que no está excluido de la financiación externa y para tener aire financiero se ve obligado a apelar al dinero de las jubilaciones, que el ANSES mueve sin controles adecuados y con tasas muy por debajo de las de mercado.
Con ese comportamiento y con las profecías de caos que llegan desde el Oráculo de Olivos, las cosas no pueden ir sino como van: la fuga de capitales continúa. La cifra del primer trimestre de este año casi llega a los 6.000 millones de dólares. Son 37.000 millones desde mediados del 2007. La fuerza del fenómeno es similar a la del año 2001. En este sentido, estamos retornando . Y no ha hecho falta para eso que gane la oposición. Kirchner lo hizo solo.

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