domingo, 16 de mayo de 2010

¿Nace una nueva izquierda? Por Abel Posse


En la laguna melancólica de la izquierda argentina algo encrespa la superficie, un nuevo viento. El creciente poder electoral del movimiento encabezado por Pino Solanas demostró su potencia en el ámbito capitalino y se extiende progresivamente al nacional.
Mucha gente con voluntad de una izquierda liberada de la bóveda del setentismo con sus dudosos sobreviviente pegados al falso izquierdismo kirchnerista, tal vez va encontrando en Solanas Pacheco una repuesta liberada de la hipoteca de la revolucionarios que no fueron capaces de pedir disculpas y de reflexionar por lo de Rucci o por haber pretendido que el elefante justicialista baile Guantanamera. Kirchner los acogió como fingiéndose del mismo palo.


Entró por la de ellos para salirse con la suya, que no es precisamente una salida anticapitalista. Hizo lo que Perón hasta que tuvo que suspender las insolencias ingenuas de Cámpora y de la juventud maravillosa. En el caso actual Kirchner no necesita echarlos de la plaza. O lo hace, acogiéndolos en el presupuesto para que ejecuten sus travesuras ideológicas por canales abiertos.
Solanas tiene un lenguaje político nacionalista y lo expresa con altura y cierta bonhomía de Mujica aristocrático. Defiende los pilares de la nostalgia argentina: petróleo, la minería con límite ecológico, una flota importante para un país insular-exportador, los ferrocarriles como esencial solución para nuestro futuro crecimiento agrícola, la aviación para un país que se va quedando inmovilizado y desunido de sus provincias. Denuncia con enrgía los desastres financieros que hemos sufrido. Arriesga vociferar contra el universo financiero, que es amoralidad pública, pero que es el aceite indispensable de la maquinaria mundial…
Se aleja, con todas estas posiciones de futuro (sin detallar el programa ni vislumbrar las consecuencias) de la necroizquierda del eterno velorio. Un revolucionario de buena familia es el sueño de la clase media argentina. El otro sueño, el de un gobierno renovador, juvenil, sin asedio de metafísica ni culpas, como el que había propuesto Macri, va a tener que seguir pasándole votos a esta nueva izquierda.
Solanas flota en esa irrealidad donde lo. justo y lo honesto prevalece sobre lo eficaz. Pero todo poder, inclusive toda revolución, depende de no subestimar la eficacia. Cuando en octubre de 1917 Lenin entró en el Kremlin se preguntó ¿qué hacer?. La realidad es eso que queda allí, cuando los sueños y las locuras que hacemos por los sueños, se esfumaron.
La izquierda argentina nunca pudo salir de la metafísica o de la pasión de su ética, hacia la realidad. No conoce ni tiene soluciones ni siquiera para el hambre de los pobres. La economía crítica no es la economía productiva, con el compromiso del aquí y del ahora de los pueblos, no el de los ideólogos del bien. No comprende el aparato económico del mundo y seguramente desde sus esquemas no atina a comprender que los jefes del comunismo chino sostengan con sus ahorros el crash financiero norteamericano. No comprendieron lo que ya sabe la izquierda europea: el pilar fundamental de toda sociedad, que para el marxismo era la economía, fue justamente lo que falló en los imperios comunistas tanto como en la Cuba guarachera. China y Rusia se pasaron con todo al bando que había sido el enemigo satánico, el capital, das Kapital. Se pasaron a la eficacia y al capitalismo para poder tener el rédito distribuíble que ni Stalin ni Mao lograron crear. Los pueblos querían a Deng Tsiaoping y a Putin. Los pueblos tiran a burgueses. Solo se vive una vez. Carpe diem. Hasta ahora sólo las sociedades escandinavas lograron desde hace más de medio siglo unir justicia social y eficacia.
¿Sabrá Solanas sintonizarse para dejar atrás la izquierda bobalicona y sentimental y enfocar con crudeza el mundo de “los grandes”? Porque hay un signo del tiempo al que no se puede escapar. Un país de economía menor, como Argentina, pero cuarto productor alimentario mundial, no puede desconocer el signo de este momento del mundo económico y financiero. (Y esto no implica comprender o renunciar a comprender que estemos quizás viviendo una etapa crítica y hasta paroxística del capitalismo mundializado). ¿O lo de Solanas será otra ilusión de infantil izquierdismo sudaca, como aquél montonerismo de cuna parroquial que terminó en tragedia?

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