domingo, 9 de mayo de 2010

Influjos venezolanos, aguantes en UNASUR. Por Jorge Raventos


A partir de una declaración bajo juramento ante la Justicia del ex embajador argentino en Venezuela, Eduardo Sadous, empezó a hacerse luz sobre la trama, tan densa como perturbadora, de los negocios que han vinculado al gobierno argentino con el régimen que lidera el coronel Hugo Chávez Frías.
Esa conexión, más allá de eventuales afinidades ideológicas, se ha desplegado en el terreno de operaciones económicas que ahora, cuando la justicia y los medios se dedican a escrutarlas con mayor minucia, presentan extrañas zonas opacas y alarmantes detalles de misterio.


Tres años atrás, en una fría madrugada del mes de agosto, el hallazgo en dependencias del Aeropuerto Jorge Newbery de Buenos Aires de un maletín con más de 800.000 dólares no declarados, ilustró un capítulo decisivo de la relación. El portador de esa valija, que había llegado a Buenos Aires en un vuelo privado fletado por el Estado argentino, había sido el empresario venezolano Guido Antonini Wilson, hasta ese momento miembro del círculo de hombres de negocios ligados al poder que en Venezuela conocen como “boliburguesía” (o burguesía “bolivariana”). Con él había llegado a Buenos Aires Claudio Uberti, un funcionario de los gobiernos kirchneristas que institucionalmente aparecía a cargo de la construcción de rutas y autopistas, pero que en realidad ejercía la función de embajador en las sombras para los negocios con Caracas.
Pese a desmentidas oficiales, se sabría más tarde (a través de videos que lo documentaron) que unas horas después del incidente en Aeroparque Antonini estuvo en la Casa Rosada. También se llegaría a saber que los 800.000 dólares transportados por Antonini eran sólo la parte descubierta de un cargamento de 5 millones de dólares que había aterrizado en el mismo avión y había atravesado los controles sin problemas.
Cuando los hechos trascendieron, se dejó circular la versión de que los dólares de Antonini eran un aporte financiero a la campaña electoral de la señora de Kirchner, que estaba en pleno desarrollo. El gobierno sólo se inmutó para dar un paso sin demasiado trascendencia, aunque oblicuamente admitía responsabilidades: separó a Uberti de su cargo formal de inspector de rutas.
A partir de la reciente declaración del embajador Sadous a la Justicia y de los hechos que han comenzado a emerger, el dinero venezolano que llegó a Buenos Aires el 4 de agosto de 2007 puede ser interpretado de otra manera. Porque se ha empezado a saber que algunas de las mayores operaciones comerciales entre Venezuela y Argentina requerían de las empresas participantes un “peaje”, formalizado con la participación de un broker o intermediario privado, al que debía abonársele una comisión del 15 por ciento (de tres a cinco veces superior al promedio del mercado). Las transacciones amparadas por ambos estados habrían sido, así, la fuente de un rédito non sancto, distribuido privadamente a posteriori por aquellos que tenían control en el pasa-no pasa.
En el afán de aumentar el prometedor intercambio con el gobierno de Chávez, Argentina ha estado adquiriendo fuel oil al estado venezolano. Un grupo de ex secretarios de energía de todos los gobiernos democráticos argentinos ha puesto la lupa sobre esas operaciones. En principio: el fuel oil que Caracas coloca en la Argentina no es de origen venezolano, sino combustible que Venezuela intermedia: compra para colocar aquí. Ese fuel oil es de peor calidad que el que Argentina produce y exporta. Es también notablemente más caro que el que Argentina produce y exporta. ¿Cuál es el sentido de que el país adquiera combustible malo y caro mientras exporta fuel de calidad a precio más bajo? ¿Quién se beneficia de esa diferencia?
En el análisis de las relaciones económicas entre ambos gobiernos, hay también otro punto de interés: la existencia en Venezuela de marcadas diferencias entre el valor oficial del dólar y el que determina el mercado paralelo, parecería haber ofrecido una oportunidad de incrementar ganancias a quienes tuvieran chances de atravesar sin obstáculos los controles, para comprar donde está barato y vender donde está caro.
Parece evidente que las investigaciones judiciales y mediáticas sobre el vínculo económico entre Buenos Aires y Caracas formarán parte significativa de la atmósfera política de los próximos meses. Es probable que la pesquisa no se desarrolle solamente en Argentina: las revelaciones que se producen aquí tienen indudable efecto en Venezuela, y la inversa es igualmente cierta. La prensa independiente venezolana se hizo inmediatamente eco de los exhortos librados por el juez Julián Ercolini a Estados Unidos, Venezuela y Panamá para reclamar datos de empresas que pudieron haber estado involucradas en el supuesto cobro de sobornos para exportar productos argentinos a Caracas.
La coronación Néstor Kirchner como Secretario General de la Unión Sudamericana de Naciones (UNASUR) quizás incremente la exposición del ex presidente argentino. De hecho, su designación fue duramente comentada por un singular político y periodista venezolano: Teodoro Petkoff.
Petkoff fue entre fines de los años ’60 y principios de los ‘70 líder de una fuerza guerrillera, más tarde abandonó la lucha armada y se volcó a la acción política constituyendo el Movimiento al Socialismo (MAS), que llegó a convertirse en tercera fuerza en Venezuela, detrás de los socialdemócratas de Acción Democrática y los socialcristianos del COPEI. En los últimos años, como director del influyente diario Tal Cual es una voz muy escuchada tanto en la oposición a Hugo Chávez como en segmentos inquietos del propio chavismo.
Esta semana Petkoff cuestionó con acidez la elección de Kirchner en UNASUR: “Aunque hasta ahora –escribió en su diario- Unasur ha tenido un desempeño más bien opaco y poco trascendente, el propósito que le dio origen planteaba una interesante perspectiva de avance en el camino de la integración suramericana. Sin embargo, la decisión de designar Secretario General del organismo a Néstor Kirchner tiene todos los visos de marcar el principio del fin de lo que parecía una prometedora iniciativa”.
La crítica del político y periodista venezolano apuntó a los presidentes electores, pero sus argumentos se concentraron en la figura del elegido y anticipan, probablemente, el tono que Kirchner puede encontrar en la prensa independiente de los países de UNASUR, sobre la que le resultará difícil operar con el estilo practicado localmente: “A plena conciencia – señaló Petkoff- los presidentes suramericanos designaron como Secretario General de Unasur a un corrupto convicto y confeso. Su propia declaración jurada de bienes constituyó motivo de escándalo en Argentina, dada la prodigiosa multiplicación de su fortuna en los últimos años”.
Para conseguir el cargo de secretario general de UNASUR, Kirchner y el gobierno trabajaron extensa y pacientemente. Bloqueado en principio por el veto de Uruguay durante la presidencia de Tabaré Vásquez, consiguió su objetivo merced a José Mujica, el sucesor de Vásquez, que apostó (pagando la jugada con su propio capital político) a que dejar caer el veto implicará a corto plazo el fin del corte de los puentes fronterizos obstruidos por el conflicto de la pastera Botnia.
Ahora, con el cargo en las manos, Kirchner debe decidir qué hace con su banca de diputado. Lo lógico, como admitió el propio ministro de Interior, Florencio Randazzo, sería que renuncie a su cargo legislativo y asuma en plenitud la función por la que tanto trabajó. Las funciones en UNASUR reclaman exclusividad. Pero, en principio, no otorgan fueros.
Kirchner no parece haber evaluado a priori el tema de la exclusividad, por eso está todavía pensando qué camino tomar: si renunciar a la banca o limitarse a pedir licencia como diputado. Con su anterior integración, la Cámara había sido sumamente plástica en admitir licencias y las había concedido incluso a diputados que iban a cumplir tareas en el Poder Ejecutivo, rozando así la división de poderes que reclama la Constitución. Habrá que ver ahora si la Cámara actual mantiene una flexibilidad análoga y también si todos los presidentes de UNASUR interpretan que un Secretario General es verdaderamente funcionario exclusivo del organismo si, mantiene su condición –así sea durmiente- de miembro de un poder de su propio Estado.
A un mes de que los partidos del Mundial de Fútbol abran un paréntesis en la atención pública, la discusión sobre renuncia, licencia, exclusividad y fueros de Kirchner en el UNASUR y las investigaciones sobre operaciones y comisiones con Venezuela tienden a ocupar el centro. Son apenas un aperitivo.

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